DICCIONARIO MÉDICO
Xifoides
El xifoides es la porción más pequeña e inferior del esternón, el hueso plano que ocupa la línea media anterior del tórax. De naturaleza cartilaginosa durante la infancia y la juventud, se osifica progresivamente hasta convertirse en hueso compacto en la edad adulta. Sirve de punto de inserción para el diafragma y para el músculo recto anterior del abdomen, y constituye una referencia anatómica de superficie muy utilizada en la práctica clínica. La palabra "xifoides" procede del griego ξίφος (xíphos), que significa "espada", y el sufijo -ειδής (-eidḗs), "con forma de". El nombre alude al perfil puntiagudo que esta estructura presenta en algunos individuos, semejante a la punta de una espada corta. La RAE lo recoge como adjetivo —"dicho de un apéndice: cartilaginoso, de forma puntiaguda y que constituye el extremo del esternón"— aunque en la práctica clínica funciona tanto como adjetivo ("apéndice xifoides") como sustantivo ("el xifoides"). Galeno ya empleó el término ξιφοειδής en sus escritos anatómicos del siglo II d. C., y Vesalio lo representó en su De humani corporis fabrica (1543) con el apelativo mucronata cartilago, la "punta afilada" del esternón. Es, con diferencia, la parte más variable del esternón. Su forma puede ser triangular, ovalada, bífida —dividida en dos lengüetas—, perforada por un agujero central (el llamado foramen xifoideo), o curvada hacia delante o hacia atrás. Estudios morfológicos en distintas poblaciones han descrito incluso formas en "cola de golondrina". Su longitud oscila habitualmente entre 2 y 5 cm, y su grosor es siempre menor que el del cuerpo esternal. Lo que distingue al xifoides del resto del esternón, desde el punto de vista del desarrollo, es su cronología de osificación. El esternón se forma durante la sexta semana de vida fetal a partir de dos bandas mesenquimales laterales —las barras esternales— que migran hacia la línea media y se fusionan en dirección craneocaudal. De esa fusión surgen las tres porciones clásicas: manubrio, cuerpo y xifoides. Pero mientras el manubrio y el cuerpo comienzan a osificarse durante la vida intrauterina y en los primeros años tras el nacimiento, el xifoides mantiene su naturaleza cartilaginosa mucho más tiempo. El centro de osificación del xifoides no aparece hasta los 5-18 años, según las series. La osificación avanza lentamente: a los 24-25 años suele estar parcialmente osificado, con un núcleo óseo central rodeado de cartílago hialino, y no alcanza la fusión completa con el cuerpo esternal hasta la cuarta o quinta década. Este calendario tan prolongado tiene una consecuencia práctica importante: en radiografías de adultos jóvenes, la articulación xifoesternal puede simular una fractura o un fragmento óseo libre si el radiólogo no conoce esa variante evolutiva normal. Pese a su tamaño reducido, el xifoides sirve de anclaje a estructuras de primer orden funcional. En su cara anterior se insertan las fibras del músculo recto anterior del abdomen y las aponeurosis de los oblicuos externo e interno. En la cara posterior se fijan las fibras esternales del diafragma —es decir, la porción anterior del músculo que separa la cavidad torácica de la abdominal— y el ligamento esternopericárdico inferior, que sujeta el pericardio al esternón. Los bordes laterales reciben las aponeurosis de los músculos abdominales y presentan una hemifaceta para la articulación del séptimo cartílago costal. En su extremo inferior, el xifoides da inserción a la línea alba. Estas relaciones convierten al xifoides en un punto de referencia anatómica de superficie. Su articulación con el cuerpo esternal marca el límite inferior de la cavidad torácica en la línea media, señala el ángulo infraesternal y permite localizar la cara diafragmática del hígado y el borde inferior del corazón. Es también la estructura que debe evitarse durante las compresiones torácicas en la reanimación cardiopulmonar: presionar directamente sobre el xifoides podría fracturarlo o desplazarlo hacia el hígado. La variabilidad del xifoides no es una curiosidad menor: tiene implicaciones radiológicas reales. Un xifoides bífido puede confundirse con una lesión ósea en una radiografía de tórax anteroposterior. Un foramen xifoideo —un agujero que atraviesa el cuerpo del apéndice, presente en cerca del 5-10 % de la población según las series— puede simular una fractura o, en tomografía, interpretarse erróneamente como una lesión lítica. Y un xifoides prominente, curvado anteriormente, es con frecuencia el "bulto" que algunos pacientes descubren al palparse la boca del estómago y que motiva consultas preocupadas. Conocer estas variantes evita estudios adicionales innecesarios. En la mayoría de los casos, basta con la exploración física y el conocimiento de la anatomía de superficie para descartar patología. Del griego ξίφος (xíphos), "espada", y -ειδής (-eidḗs), "con forma de". El nombre evoca la silueta puntiaguda que esta estructura presenta en algunos individuos. Galeno ya utilizó el término ξιφοειδής en el siglo II, y Vesalio lo describió en 1543 como mucronata cartilago. En la práctica clínica actual funcionan como sinónimos y se usan indistintamente. Si se quiere ser estricto con la terminología anatómica, "apófisis" (del griego ἀπόφυσις, "excrecencia") designa una prominencia ósea, mientras que "apéndice" (del latín appendix, "cosa que cuelga") sugiere una pieza accesoria. Ambos términos conviven porque el xifoides es, a la vez, una prolongación del esternón y una pieza relativamente independiente en sus primeras décadas de vida, cuando aún no se ha fusionado con el cuerpo esternal. Sí. En personas delgadas o con poca grasa subcutánea en la región epigástrica, el xifoides puede palparse con facilidad e incluso verse como una pequeña prominencia. Si el apéndice está curvado hacia delante —una variante anatómica frecuente—, la prominencia es más evidente. No indica, por sí sola, ningún problema. Porque las compresiones torácicas deben aplicarse sobre la mitad inferior del cuerpo esternal, evitando el xifoides. Presionar directamente sobre él puede fracturarlo o empujarlo hacia los órganos subyacentes —sobre todo el hígado—, con riesgo de lesión. No. La forma de "espada" que inspiró el nombre griego solo se observa en una parte de la población. El xifoides puede ser redondeado, ovalado, bífido o incluso perforado. Estudios en distintas poblaciones muestran que la forma bífida —dividida en dos lengüetas— puede alcanzar el 40 % de los casos. Si desea profundizar en conceptos asociados al xifoides, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el xifoides
El xifoides —también llamado apéndice xifoides, apófisis xifoides o proceso xifoideo— es el segmento más caudal del esternón, situado justo por debajo del cuerpo esternal. Se une a este mediante la sínfisis xifoesternal, una articulación fibrocartilaginosa que permite cierta movilidad en las primeras décadas de la vida y que tiende a fusionarse por completo a partir de los 40-50 años.
Del cartílago al hueso: la osificación del xifoides
Inserciones musculares y relaciones anatómicas
Variabilidad morfológica y relevancia radiológica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "xifoides"?
¿Es lo mismo "apéndice xifoides" que "apófisis xifoides"?
¿Es normal notar un bulto al final del esternón?
¿Por qué se menciona el xifoides en la reanimación cardiopulmonar?
¿El xifoides es siempre puntiagudo, como sugiere su nombre?
Referencias
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