DICCIONARIO MÉDICO
Somatropina
La somatropina es la hormona de crecimiento humana obtenida mediante tecnología de ADN recombinante: una proteína de 191 aminoácidos con la misma secuencia que la que segrega la hipófisis. Su grafía distingue el medicamento de la hormona natural, llamada somatotropina o hormona del crecimiento; el cambio de una sola letra en la denominación común internacional señala ese origen de laboratorio. Se emplea para reponer la hormona cuando el organismo no la produce en cantidad suficiente. Su código en la clasificación ATC es H01AC01. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Se trata de una proteína de cadena única, de unos 22 kilodalton, que se fabrica introduciendo el gen humano en bacterias (Escherichia coli) o en células de mamífero convertidas en pequeñas factorías capaces de producirla en grandes cantidades. La molécula resultante reproduce exactamente los 191 aminoácidos de la hormona hipofisaria, de modo que el cuerpo la reconoce como propia. Al ser una proteína, no resistiría el paso por el aparato digestivo, y por eso se administra inyectada bajo la piel en lugar de por vía oral. Su cometido es reponer la hormona del crecimiento en quienes no la producen bien. La indicación principal es la deficiencia de la hormona, que en la infancia da lugar al enanismo hipofisario y en el adulto a un cuadro metabólico más discreto. Se emplea, además, en otras situaciones de talla baja que no dependen de ese déficit clásico: el síndrome de Turner, la insuficiencia renal crónica de la infancia, los niños nacidos pequeños para su edad gestacional que no recuperan la talla esperada, el síndrome de Prader-Willi y las alteraciones del gen SHOX. En el adulto se reserva a la deficiencia comprobada y a algunos cuadros de desgaste, como el asociado a la infección por VIH o el síndrome de intestino corto. Buena parte de su acción sobre el hueso y el músculo no es directa. La hormona estimula al hígado y a otros tejidos para que liberen somatomedina (el factor de crecimiento IGF-1), y es este mensajero el que impulsa el crecimiento lineal. Sobre el metabolismo, en cambio, la somatropina sí actúa por sí misma, movilizando grasa y reteniendo agua y sales. Durante casi tres décadas la única fuente de hormona del crecimiento fueron las hipófisis extraídas de cadáveres. Maurice Raben purificó la primera en 1957, pero el suministro era tan escaso que apenas alcanzaba a los niños con las carencias más severas. En Estados Unidos, un programa nacional repartió esa hormona de origen humano entre cientos de médicos desde 1963. En 1985 el reparto se detuvo de golpe. Varios receptores jóvenes habían desarrollado enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, un trastorno neurológico mortal causado por priones (unas proteínas infecciosas capaces de resistir los métodos habituales de esterilización) que contaminaban las glándulas. El riesgo era inaceptable. Ese mismo año llegó el relevo: la hormona producida por bacterias modificadas genéticamente, sin contacto con tejido humano y sin la amenaza del prión. La versión recombinante reprodujo la molécula de 191 aminoácidos y desplazó por completo a la de cadáver. La denominación común internacional reserva la forma somatropina para la hormona fabricada por vía recombinante, mientras que somatotropina designa la que produce de manera natural la hipófisis. No es un error ni una variante regional. La letra que cambia hace de marca de origen, una convención pensada para que nadie confunda la molécula del organismo con el medicamento que la imita. Sí. La secuencia de 191 aminoácidos coincide con la de la hormona hipofisaria humana, y el cuerpo no distingue una de otra. Lo que cambia no es la proteína, sino la manera de obtenerla. No. Ninguna de esas aplicaciones figura entre las indicaciones autorizadas. La moda del uso antienvejecimiento nació de un estudio de 1990 en el que doce hombres mayores de sesenta años recibieron la hormona durante seis meses; los cambios en la composición corporal que describía aquel trabajo se popularizaron mucho más allá de lo que sus propios autores podían sostener, y la investigación posterior no confirmó un beneficio seguro. Fuera de sus indicaciones médicas, la hormona recombinante circula en un mercado no reglado y su empleo con fines de dopaje o rejuvenecimiento acarrea riesgos que las agencias sanitarias vigilan de cerca. Para situar la somatropina dentro de la fisiología de la hormona del crecimiento, puede consultar:Qué es la somatropina
Del extracto hipofisario a la producción recombinante
Preguntas frecuentes
¿Por qué se escribe somatropina y no somatotropina?
¿Es idéntica a la hormona del crecimiento natural?
¿Sirve para retrasar el envejecimiento o mejorar el rendimiento deportivo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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