DICCIONARIO MÉDICO
Reflejo cilioespinal
El reflejo cilioespinal es la dilatación de la pupila del mismo lado, de uno a dos milímetros, que sigue a un estímulo doloroso o sobresaltante aplicado en la piel del cuello, la cara o la parte alta del tronco. Es una respuesta del sistema nervioso simpático y su centro medular se sitúa entre C8 y T2. Un pellizco o un rascado firme en el lateral del cuello basta para provocarlo. La pupila del lado estimulado se dilata de forma rápida y discreta, y vuelve después a su diámetro previo. La amplitud es pequeña, de ahí que en la exploración se recomiende observarla con lupa. El nombre reúne las dos estructuras implicadas: el cuerpo ciliar, en el ojo, y la médula espinal, donde se integra la respuesta. También se encuentra citado como reflejo cutáneo pupilar o reflejo pupilar cutáneo, denominaciones que subrayan la naturaleza del estímulo. Su rasgo más característico es la resistencia. Se obtiene en personas despiertas, en personas dormidas y también en pacientes en coma, lo que lo convierte en una de las pocas respuestas pupilares que persisten cuando la conciencia está abolida. La rama aferente recoge el estímulo doloroso por fibras del nervio trigémino, si se aplica en la cara, o por nervios cervicales cuando se aplica en el cuello o el tronco superior, y lo conduce por vías espinales del dolor hasta el centro cilioespinal. La rama eferente sigue el esquema clásico de la inervación simpática del ojo, organizada en tres relevos. La primera neurona nace en el hipotálamo posterior y desciende sin cruzarse por el tegmento lateral del tronco encefálico. La segunda, preganglionar, arranca del centro cilioespinal, situado en la columna intermediolateral de la sustancia gris medular entre C8 y T2, abandona la médula y asciende por la cadena simpática paravertebral, pasando cerca del vértice pulmonar, hasta el ganglio cervical superior. La tercera recorre la superficie de la arteria carótida interna, entra en la órbita y alcanza el músculo dilatador de la pupila a través de los nervios ciliares. El diámetro pupilar resulta en todo momento del equilibrio entre este sistema, que dilata, y la inervación parasimpática, que contrae el esfínter del iris. El reflejo cilioespinal desplaza ese equilibrio de forma momentánea hacia la midriasis. La primera descripción se debe al fisiólogo alemán Julius Ludwig Budge, que estudió a mediados del siglo XIX la inervación del iris mediante estimulación experimental. Una reseña de su trabajo publicada en 1858 resume las conclusiones: la irritación del simpático dilata la pupila, la del oculomotor la contrae, y el centro del que depende la dilatación, al que Budge llamó centrum ciliospinale inferius, se encontraba en la médula entre la sexta vértebra cervical y la cuarta dorsal. La localización que manejan hoy los textos, C8 a T2, precisa aquella estimación sin desmentirla. En la bibliografía posterior la estructura quedó fijada como centro de Budge, a veces citado como centro de Budge-Waller por la colaboración con el fisiólogo Augustus Volney Waller. Como el reflejo depende por entero de la cadena simpática cervical, desaparece cuando esa cadena se interrumpe en cualquiera de sus tres tramos. Su ausencia es, por tanto, un hallazgo esperable en el síndrome de Horner, que combina miosis, caída del párpado superior y alteración de la sudoración facial por lesión de esa misma vía. Su capacidad para situar una lesión es, en cambio, limitada. El reflejo se altera tanto en lesiones del tronco encefálico como en las de la médula cervical o las de las fibras preganglionares y posganglionares, y se han documentado casos en los que persistió pese a existir una disfunción grave del tronco. Conservado, sugiere que la alteración de la conciencia no procede de un nivel profundo; abolido de forma bilateral con el resto de reflejos de tronco intactos, orienta hacia una interrupción de la vía simpática. Ninguna de las dos lecturas es concluyente por sí sola. La pupilometría ha añadido una advertencia. Bajo sedación profunda con barbitúricos o con propofol se han descrito respuestas cilioespinales exageradas, con ambas pupilas dilatadas durante varios minutos y con reactividad mínima a la luz, un cuadro que puede confundirse con una pupila arreactiva de origen estructural. No. Son respuestas opuestas en todos sus elementos. El reflejo fotomotor se desencadena por la luz, es parasimpático, viaja por el nervio oculomotor y cierra la pupila. El cilioespinal se desencadena por dolor, es simpático, depende de la médula cervicotorácica y la abre. Comparten la raíz del nombre y nada más. El reflejo ciliar afecta al músculo ciliar y al enfoque del cristalino, mediante fibras parasimpáticas; el cilioespinal afecta al músculo dilatador de la pupila, mediante fibras simpáticas. La coincidencia procede de que ambos términos remiten al cuerpo ciliar como referencia anatómica. Porque la midriasis forma parte de la reacción general de alerta que el simpático desencadena ante un estímulo amenazante, junto con el aumento de la frecuencia cardíaca o la erección del vello. La pupila dilatada deja pasar más luz y amplía el campo útil de visión en condiciones de urgencia. El reflejo pilomotor responde a la misma lógica en la piel. Entre uno y dos milímetros de aumento del diámetro pupilar respecto al valor de partida. Es una dilatación modesta, lo que obliga a observarla con detenimiento y explica buena parte de la variabilidad entre exploradores.Qué es el reflejo cilioespinal
El trayecto simpático de tres neuronas
Budge y el centro cilioespinal
Qué informa y qué no
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo que el reflejo fotomotor?
¿Y con el reflejo ciliar?
¿Por qué el dolor dilata la pupila?
¿Qué tamaño tiene la respuesta?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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