DICCIONARIO MÉDICO
Lunar
Un lunar es una lesión cutánea pigmentada y benigna formada por una agrupación localizada de melanocitos, las células encargadas de fabricar la melanina. En la terminología médica se denomina nevo melanocítico (o nevus melanocítico). Casi todas las personas tienen lunares: un adulto presenta de media entre veinte y cuarenta, y la cifra sube en quienes tienen la piel clara y han acumulado exposición solar. La palabra procede del latín lunaris, "relativo a la Luna". El nombre nada tiene que ver con la biología de la lesión: nace de una vieja creencia que atribuía estas manchas al influjo del astro sobre el niño todavía en el vientre materno. En castellano el uso dermatológico está documentado desde el año 1280. El término técnico equivalente, nevo, viene por otro camino, del latín naevus, "marca de nacimiento". Un lunar aparece cuando los melanocitos, en lugar de repartirse de manera uniforme por la epidermis, se concentran en un punto y forman un pequeño acúmulo visible. Ese acúmulo carece de carácter maligno. Es una proliferación benigna, de bordes definidos, que crece despacio y que casi nunca ocasiona molestias. Puede ser plano o sobreelevado, y su color oscila entre el marrón claro y el negro según la cantidad de pigmento que contenga. Los melanocitos que originan un lunar derivan de la cresta neural embrionaria y migran hasta la piel durante el desarrollo. Cuando un grupo de ellos se agrupa y prolifera de forma circunscrita, se constituye la lesión. Según la profundidad a la que se sitúen esas células, el nevo se clasifica en tres patrones histológicos: de unión (en el límite entre epidermis y dermis, generalmente plano), compuesto (con células en ambas capas) e intradérmico (más profundo, con frecuencia sobreelevado y del color de la piel). Buena parte de los lunares se hereda: el número que una persona llega a tener depende en gran medida de su carga genética. La radiación ultravioleta es el otro gran factor. La exposición solar, sobre todo la acumulada en la infancia, favorece la aparición de nuevos nevos. También los cambios hormonales influyen: la pubertad y el embarazo pueden acelerar su formación y oscurecer los ya existentes. Los lunares no son inmutables. Aparecen de forma progresiva desde la primera infancia y siguen surgiendo hasta la cuarta década de vida, aproximadamente. A partir de ahí la tendencia se invierte: muchos nevos se aclaran, se aplanan o desaparecen con los años. Un lunar que cambia lentamente, de manera paralela al resto, forma parte de la biología normal de la piel. Conviene separar dos conceptos que a menudo se confunden. La mayoría de los melanomas surge sobre piel previamente sana y no a partir de un lunar antiguo. Solo una fracción se origina en un nevo preexistente. Los llamados nevos displásicos, de mayor tamaño y bordes o color irregulares, se asocian a un riesgo estadístico más alto que el lunar común, aunque la inmensa mayoría de ellos nunca degenera. No toda mancha oscura de la piel es un lunar. La peca es una acumulación transitoria de melanina que se intensifica con el sol y palidece en invierno, sin aumento del número de melanocitos. El lentigo es una mancha plana, más estable, que sí refleja un incremento de melanocitos pero carece de la arquitectura en nidos característica del nevo. Y el nevo halo, o nevo de Sutton, es un lunar rodeado por un anillo de piel despigmentada, fruto de una respuesta inmunitaria contra sus propios melanocitos. Por una creencia antigua. Se pensaba que estas manchas se debían al influjo de la Luna sobre el feto durante el embarazo. El filólogo Joan Corominas recogió esta explicación y citó un pasaje de Suetonio según el cual el emperador Augusto habría nacido con manchas dispuestas como las estrellas de la Osa Mayor. De ahí que la mancha pasara a llamarse lunar, con independencia de que también recordara por su forma redondeada al satélite. Un adulto de piel clara tiene de media entre veinte y cuarenta nevos melanocíticos repartidos por el cuerpo. La cifra varía mucho de una persona a otra y depende de la genética y de la exposición solar acumulada. En el habla corriente, sí. En rigor médico, el nevo melanocítico es el tipo concreto de lesión al que llamamos lunar, mientras que nevo a secas es un término más amplio que abarca proliferaciones benignas de distintos tipos celulares en la piel, no solo de melanocitos. No. Aparecen en cualquier parte del cuerpo, incluidas zonas que rara vez ven la luz, como las plantas de los pies, las palmas de las manos o el cuero cabelludo. El sol favorece su aparición, pero no es la única causa: el componente hereditario pesa tanto o más. Entradas relacionadasQué es un lunar
Cómo se forma y por qué aparece
Cómo evolucionan a lo largo de la vida
Diferencias con otras manchas pigmentadas
Preguntas frecuentes
¿Por qué el lunar se llama así si no tiene que ver con la Luna?
¿Cuántos lunares es normal tener?
¿Es lo mismo un lunar que un nevo?
¿Los lunares salen solo en la piel expuesta al sol?
Referencias
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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