DICCIONARIO MÉDICO

Lunar

Un lunar es una lesión cutánea pigmentada y benigna compuesta por una agrupación localizada de melanocitos, las células que producen melanina. En terminología médica recibe el nombre de nevus melanocítico. Prácticamente todas las personas poseen lunares: un adulto presenta, en promedio, entre 20 y 40, con cifras más altas en individuos de piel clara y antecedentes de exposición solar.

Qué es un lunar

Los lunares se forman cuando los melanocitos, en lugar de distribuirse de forma uniforme por la epidermis, se agrupan en un punto concreto y originan un pequeño acúmulo que se hace visible como una mancha o una elevación pigmentada. Ese acúmulo no tiene carácter maligno: se trata de una proliferación benigna, delimitada, que crece lentamente y que en la inmensa mayoría de los casos no causa ninguna molestia.

La palabra "lunar" procede del latín lunaris (perteneciente a la Luna). Durante siglos se creyó que las manchas congénitas de la piel se debían a influencias de la Luna sobre el feto durante la gestación, una idea arraigada tanto en la tradición grecolatina como en la medicina árabe medieval. El término acabó fijándose en las lenguas romances para designar cualquier marca pigmentada cutánea, mientras que la nomenclatura médica adoptó la voz latina naevus (marca de nacimiento), castellanizada como "nevo". Ambas voces coexisten hoy: "lunar" en el registro coloquial y "nevo melanocítico" en el clínico.

Cómo se forman y evolucionan

Los primeros lunares suelen aparecer en la infancia, a partir de los dos o tres años, y su número aumenta progresivamente hasta los 35-40 años. A partir de esa edad comienzan a involucionar y muchos desaparecen de forma espontánea en la vejez. Los ancianos suelen tener pocos lunares. Existe un componente genético bien documentado que determina tanto el número como la distribución corporal, y la exposición a radiación ultravioleta actúa como factor ambiental modulador: quienes han recibido más sol durante la infancia y la adolescencia tienden a desarrollar más lunares.

Desde el punto de vista histológico, las células del lunar (llamadas "células névicas") se agrupan en nidos que pueden asentarse en distintas profundidades de la piel. En las fases iniciales, esos nidos se localizan en la unión dermoepidérmica (nevo de unión); con el tiempo, parte de las células migran hacia la dermis (nevo compuesto) y, finalmente, la lesión queda confinada por completo en la dermis (nevo intradérmico). Esta secuencia madurativa explica por qué los lunares planos de la juventud van elevándose con los años hasta convertirse en pápulas sobreelevadas y, a menudo, pierden parte de su pigmento.

Tipos principales de lunares

Lunar común (nevo melanocítico adquirido). Aparece después del nacimiento, mide entre 2 y 6 mm, presenta bordes regulares y un color homogéneo que va del rosado al marrón oscuro según el fototipo. Es simétrico y su forma tiende a ser redondeada u ovalada.

Los nevos congénitos están presentes desde el nacimiento o se hacen visibles en los primeros meses de vida. Su tamaño es variable: los pequeños (menos de 1,5 cm) son frecuentes y clínicamente poco relevantes; los medianos y los gigantes (estos últimos, con un diámetro superior a 20 cm) son raros y requieren seguimiento dermatológico específico.

Otra variante es el nevo displásico o lunar atípico, que se distingue del lunar común por un diámetro mayor (habitualmente superior a 5 mm), bordes menos definidos y una distribución irregular del pigmento. La presencia de múltiples nevos displásicos, sobre todo en pacientes con antecedentes familiares, se ha asociado a un incremento estadístico del riesgo de desarrollar un melanoma a lo largo de la vida. Por eso este subgrupo recibe atención particular en las consultas de dermatoscopia.

Diferenciación con otras lesiones pigmentadas

No toda mancha de la piel es un lunar. Las pecas (efélides) son acumulaciones transitorias de melanina que se oscurecen con el sol y palidecen en invierno, sin que exista un aumento real del número de melanocitos. El lentigo solar, en cambio, sí implica un aumento localizado de melanocitos, pero carece de la arquitectura en nidos que define al nevo melanocítico. Distinguir estas entidades entre sí suele ser sencillo a simple vista; la dificultad clínica verdadera reside en separar un lunar atípico de una lesión melanocítica maligna incipiente, un juicio que requiere formación dermatológica específica.

El lunar en la historia cultural

Pocas lesiones dermatológicas han tenido tanta presencia en la cultura como el lunar. En la Europa del siglo XVII y XVIII, los lunares postizos (las célebres mouches francesas) eran un accesorio de moda que indicaba coquetería o estado civil según la zona del rostro donde se colocaran. Hollywood revivió la fascinación en la década de 1950, y desde entonces el lunar facial ha funcionado como un rasgo de identidad visual para figuras públicas. Esa carga estética explica, en parte, que el término popular "lunar" haya resistido con tanta fuerza frente a la denominación médica.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra "lunar"?

Del latín lunaris, relativo a la Luna. La creencia antigua atribuía las manchas congénitas de la piel a la influencia lunar sobre el embrión. El término médico equivalente, nevo (del latín naevus, marca de nacimiento), tiene un origen distinto y más descriptivo.

¿Es lo mismo un lunar que un nevus?

En el uso corriente, sí: "nevus" es la forma médica de referirse a lo que popularmente se llama lunar. En sentido estricto, sin embargo, "nevus" es un término más amplio que abarca proliferaciones cutáneas benignas de diversos tipos celulares (melanocíticos, vasculares, epidérmicos), no solo de melanocitos. El lunar propiamente dicho corresponde al nevus melanocítico.

¿Es normal que aparezcan lunares nuevos?

Sí, hasta los 35-40 años aproximadamente. La aparición de nuevos lunares forma parte de la fisiología cutánea normal. Los cambios hormonales de la pubertad y del embarazo pueden acelerar su aparición. A partir de la cuarta década, la tendencia se invierte y los lunares tienden a involucionar.

¿Un lunar puede transformarse en un melanoma?

La mayoría de los melanomas surgen sobre piel sana, no a partir de un lunar preexistente. Un porcentaje menor se origina en un nevo, y los nevos displásicos confieren un riesgo estadístico más alto que los lunares comunes. Más allá de cifras concretas, lo relevante es que cualquier lesión pigmentada que cambie de forma apreciable en semanas o meses merece valoración por un dermatólogo.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Lunares. MedlinePlus en español.
  2. Instituto Nacional del Cáncer (NCI). Lunares comunes, nevos displásicos y el riesgo de melanoma.
  3. Fundación Piel Sana, Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Nevus melanocíticos.
  4. Manual MSD, versión para profesionales. Lunares atípicos.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados al lunar, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Nevus: término médico general para las lesiones cutáneas benignas de diverso origen celular, del que el lunar (nevus melanocítico) es el tipo más frecuente.
  • Melanocito: célula dendrítica de la epidermis que sintetiza melanina y cuya agrupación origina el lunar.
  • Melanina: pigmento responsable del color de la piel, el cabello y los ojos, y del tono oscuro del lunar.
  • Nevo halo: lunar rodeado por un anillo de despigmentación, resultado de una respuesta inmunitaria contra los melanocitos.
  • Nevo acrómico: mácula hipopigmentada congénita causada por un defecto funcional de los melanocitos.
  • Lentigo: mancha pigmentada benigna sin la arquitectura en nidos propia del nevo melanocítico.
  • Peca: acumulación transitoria de melanina sin aumento del número de melanocitos.
  • Dermatoscopia: técnica de exploración que permite evaluar la estructura interna de las lesiones pigmentadas.

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