DICCIONARIO MÉDICO
Nevus
Un nevus (plural: nevus o nevi; castellanizado como nevo, plural nevos) es una proliferación circunscrita y benigna de células en la piel. En la práctica clínica habitual, el término se aplica sobre todo a las proliferaciones de melanocitos, las células responsables del pigmento cutáneo, que la población conoce como lunares. Un adulto de piel clara tiene, de media, entre veinte y cuarenta nevus melanocíticos repartidos por el cuerpo. La palabra procede del latín naevus, que significaba "marca de nacimiento" y que los romanos usaban también como cognomen: el poeta Cneo Nevio (Gnaeus Naevius, siglo III a. C.) debía probablemente su apellido a un lunar visible. En español conviven dos formas aceptadas: nevus, directamente tomada del latín sin adaptación, y nevo, forma castellanizada que la Real Academia Española recoge en su diccionario. La comunidad dermatológica emplea ambas indistintamente, aunque en textos científicos predomina nevus. Desde un punto de vista estrictamente dermatológico, el concepto de nevus es más amplio de lo que sugiere el uso coloquial. Un nevus puede estar compuesto por melanocitos, pero también por otros tipos celulares: existen nevus sebáceos (formados por glándulas sebáceas hiperplásicas), nevus epidérmicos (por queratinocitos) e incluso malformaciones vasculares que reciben históricamente el nombre de nevus, como el nevus azul en tetina de goma, que en realidad es un síndrome de malformaciones venosas. La denominación más frecuente en clínica, sin embargo, es la de nevus melanocítico, y a ella se dedica la mayor parte de esta entrada. Los melanocitos son células derivadas de la cresta neural que, durante el desarrollo embrionario, migran hasta la capa basal de la epidermis. Allí se distribuyen de forma dispersa, aproximadamente uno por cada cinco a diez queratinocitos basales, y producen melanina, el pigmento que protege el ADN celular de la radiación ultravioleta. En condiciones normales esa distribución es uniforme. Cuando un grupo de melanocitos prolifera de forma localizada y se agrupa en nidos o tecas, la acumulación visible constituye un nevus melanocítico. La proliferación es clonal (procede de una sola célula progenitora que ha sufrido una mutación somática, con frecuencia en los genes BRAF o NRAS) y se detiene espontáneamente porque las células entran en un estado de senescencia oncogénica. Esa parada del ciclo celular explica que la inmensa mayoría de los nevus sean lesiones estables a lo largo de la vida. El color que se percibe a simple vista depende de la profundidad a la que se encuentren los nidos de melanocitos. Si están en la unión entre epidermis y dermis, la lesión tiende a ser plana y de color pardo oscuro. Cuando los nidos descienden hacia la dermis media, el efecto óptico conocido como dispersión de Tyndall (la misma razón por la que las venas se ven azuladas a través de la piel) confiere al nevus un tono azul grisáceo. Nevus juntural. Los melanocitos se agrupan en nidos situados exclusivamente en la unión dermoepidérmica. Son lesiones planas, de color marrón homogéneo, que predominan en la infancia y la adolescencia. Su diámetro rara vez supera los seis milímetros. Con el paso de los años, parte de las células migra hacia la dermis y el nevus adquiere un componente mixto. Es lo que se denomina nevus compuesto: conserva nidos tanto en la unión como en la dermis superficial, se palpa ligeramente sobreelevado y puede presentar variaciones de tono dentro de la gama del marrón. Nevus intradérmico. En estadios más maduros, los melanocitos ocupan solo la dermis; la lesión pierde pigmento progresivamente, se vuelve cupuliforme y adopta un color carne o rosado. Es frecuente que sobre su superficie crezcan pelos terminales. Muchas personas identifican estos nevus como "verrugas", aunque no tienen relación alguna con el virus del papiloma. Esa secuencia (juntural, compuesto, intradérmico) se conoce como la teoría de Unna-Abtropfung, propuesta por el dermatólogo alemán Paul Gerson Unna a finales del siglo XIX, y refleja la idea de que los melanocitos "caen" (Abtropfung, en alemán, literalmente "goteo") desde la epidermis hacia la dermis conforme el nevus madura. No todos los nevus completan la secuencia ni todos la siguen en ese orden. Un segundo eje de clasificación distingue entre nevus congénitos, presentes ya al nacer o durante las primeras semanas de vida, y nevus adquiridos, que aparecen a partir de la infancia y se van sumando hasta la cuarta década. Alrededor del uno por ciento de los recién nacidos presenta al menos un nevus melanocítico congénito. Los nevus congénitos se subdividen por tamaño en pequeños (menos de 1,5 cm de diámetro proyectado en la edad adulta), medianos (de 1,5 a 20 cm) y gigantes (más de 20 cm). Los gigantes son raros, aparecen en aproximadamente uno de cada veinte mil nacimientos, y su seguimiento clínico reviste especial importancia. Entre los nevus adquiridos, la variedad más habitual es el nevus melanocítico común, que crece con lentitud, conserva simetría y bordes regulares, y mide menos de seis milímetros. Una persona de piel clara puede llegar a sumar cincuenta o más a lo largo de su vida; la cantidad depende sobre todo de la exposición solar acumulada en la infancia y de factores genéticos heredados. Más allá de la clasificación histológica estándar, varias formas de nevus tienen particularidades que les otorgan un nombre propio en la literatura dermatológica. Nevus azul. Compuesto por melanocitos dendríticos localizados en la dermis media y profunda. El efecto Tyndall produce un color azul acero, a veces tan oscuro que puede confundirse clínicamente con un melanocitoma. Su tamaño habitual es inferior a un centímetro y permanece estable durante años. El nevus de Ota y el nevus de Ito son melanocitosis dérmicas congénitas descritas por dermatólogos japoneses a mediados del siglo XX. Comparten la presencia de melanocitos dispersos en la dermis, pero difieren en su localización: el de Ota afecta al territorio del nervio trigémino (cara y esclera), mientras que el de Ito se extiende por el hombro y la parte superior del brazo, siguiendo los dermatomas cervicales. El nevus de Sutton (o nevo halo) se reconoce por un anillo de piel despigmentada que rodea un nevus melanocítico central. Se interpreta como una respuesta inmunitaria mediada por linfocitos T citotóxicos que destruyen selectivamente los melanocitos del nevus y de la piel circundante. Es frecuente en adolescentes y suele resolverse de forma espontánea en el transcurso de varios años. Existen, además, el nevus de Spitz (compuesto por células fusiformes y epitelioides, más habitual en niños), el nevus de Reed (variante muy pigmentada del anterior) y el nevus spilus o nevus lentiginoso moteado, entre otros. Cada uno requiere un análisis dermatoscópico diferenciado. La confusión más frecuente en la consulta se produce con el lentigo. En el lentigo, los melanocitos aumentan en número a lo largo de la capa basal, pero permanecen como células individuales en fila, sin formar nidos. En el nevus, los melanocitos se agrupan en tecas. A simple vista, un lentigo plano y un nevus juntural pueden parecer idénticos; la dermatoscopia los distingue por el patrón reticular del nevus frente al patrón homogéneo o en huellas digitales del lentigo. La distinción con el melanoma tiene una trascendencia clínica evidente. Los criterios clásicos de alerta se resumen en la regla ABCDE (Asimetría, Bordes irregulares, Color heterogéneo, Diámetro superior a seis milímetros y Evolución reciente), aunque la dermatoscopia y, en caso de duda, la biopsia aportan la certeza que la inspección visual no siempre puede dar. Del latín naevus, que significaba "marca de nacimiento". Los romanos lo usaban también como nombre propio: el cognomen Naevius designaba a alguien nacido con un lunar visible. En español conviven la forma latina nevus y la castellanizada nevo; ambas son correctas. Sí, en el lenguaje coloquial. "Lunar" es la voz popular y "nevus melanocítico" la denominación médica. La palabra "lunar" tiene su propia historia curiosa: durante siglos se creyó que las marcas de nacimiento aparecían por influencia de la Luna sobre la madre gestante, y de ahí quedó el nombre. No. La diferencia es histológica. En el nevus, los melanocitos forman nidos o tecas agrupados; en el lentigo, permanecen como células sueltas alineadas en la capa basal de la epidermis, sin agruparse. A simple vista pueden parecerse, pero la dermatoscopia y la biopsia permiten distinguirlos con claridad. Depende mucho del fototipo. En personas de piel clara la media se sitúa entre veinte y cuarenta, aunque hay quienes superan el centenar. La cantidad guarda relación con la exposición solar acumulada durante la infancia y con la carga genética. Las pieles oscuras presentan menos nevus visibles, en parte porque el contraste cromático con la piel circundante es menor. La probabilidad de transformación de un nevus individual es muy baja. No obstante, tener un número elevado de nevus (más de cincuenta) o presentar nevus con rasgos atípicos (bordes irregulares, coloración desigual, diámetro grande) se considera un marcador de riesgo estadístico para el desarrollo de melanoma. La mayoría de los melanomas, de hecho, no surgen de un nevus preexistente sino directamente sobre piel sana. Si desea profundizar en variantes específicas de nevus o en conceptos asociados a la pigmentación cutánea, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un nevus
Melanocitos, melanina y formación de los nevus
Clasificación histológica y clínica
Nevus congénitos y nevus adquiridos
Variantes especiales de nevus melanocítico
Diferenciación con el lentigo y con el melanoma
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra nevus?
¿Un nevus y un lunar son lo mismo?
¿Es lo mismo un nevus que un lentigo?
¿Cuántos nevus es normal tener?
¿Todos los nevus pueden convertirse en melanoma?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026