DICCIONARIO MÉDICO
Lesión muscular
Una lesión muscular es cualquier daño en la estructura del músculo esquelético, ya provenga de un golpe recibido desde fuera o de un estiramiento que rebasa la resistencia del tejido. Su gravedad abarca desde el simple aumento del tono hasta la rotura completa del vientre muscular, y se ordena en grados según cuántas fibras resultan afectadas. El nombre reúne dos raíces latinas. Lesión procede de laesio, laesiōnis, sustantivo derivado del verbo laedere (herir, golpear), y designa toda alteración de un tejido frente a su estado normal. Muscular remite a musculus, diminutivo de mus (ratón): los anatomistas de la Antigüedad creyeron ver en el bíceps al contraerse el movimiento de un pequeño roedor bajo la piel. La metáfora, algo caprichosa, ha sobrevivido veinte siglos en el lenguaje médico. Una lesión muscular es, por tanto, todo daño del músculo esquelético (el que moviliza el esqueleto de forma voluntaria) provocado por un traumatismo o por una sobrecarga mecánica. El daño puede asentar en las propias fibras musculares, en el tejido conjuntivo que las envuelve y organiza, o en la zona donde el músculo se continúa con su tendón, que es el punto más vulnerable de todo el conjunto. Los mecanismos de producción se reparten en dos grandes familias. En las lesiones directas el daño llega desde el exterior: un impacto, una patada, una caída que comprime el músculo contra el hueso subyacente. La contusión es el prototipo. En las indirectas no hay contacto externo alguno; el músculo se daña por su propia contracción o por un estiramiento súbito, cuando la tensión interna supera lo que las fibras pueden tolerar sin romperse. La distinción tiene consecuencias. Una lesión indirecta suele localizarse en la unión del músculo con el tendón y afecta con predilección a músculos que cruzan dos articulaciones, como los isquiotibiales del muslo o el gemelo interno de la pantorrilla. La directa, por el contrario, se sitúa allí donde recayó el golpe y a menudo deja un cardenal visible bajo la piel. Los deportes de contacto acumulan las primeras; los de aceleración y frenada bruscas, las segundas. La forma más difundida de ordenar estas lesiones atiende a la cantidad de tejido roto y reconoce tres grados de intensidad creciente: Grado I. Elongación o rotura microscópica de unas pocas fibras. No hay pérdida visible de continuidad en las pruebas de imagen ni apenas sangre acumulada. Es la lesión más leve y también la más común. Grado II. Rotura parcial: se rompe un número apreciable de fibras, aunque el músculo conserva parte de su continuidad. Suele acompañarse de un acúmulo de sangre en el foco y de una pérdida clara de fuerza. Grado III. Rotura completa del vientre muscular o de su unión con el tendón. Los dos extremos separados pueden retraerse, y en ocasiones se palpa un hueco donde antes había músculo. Algunas clasificaciones añaden un grado 0 para el daño puramente funcional, sin rotura estructural demostrable, como el que subyace a ciertas sobrecargas y agujetas. En 2013, un grupo de expertos reunido en Múnich propuso un sistema más fino que separa los trastornos funcionales de los estructurales y que hoy manejan muchos servicios de medicina del deporte. La resonancia magnética y la ecografía son las herramientas que permiten situar cada lesión en su grado. Bajo el término general conviven cuadros de naturaleza distinta. La contractura es una contracción sostenida e involuntaria de un grupo de fibras: duele y limita el movimiento, pero no hay tejido roto que documentar en la imagen. El calambre, más breve, es una contracción brusca e intensa que cede en segundos o minutos, sin daño permanente. La distensión muscular o elongación ocupa el grado I y se desarrolla en su propia entrada. La rotura fibrilar y la rotura completa corresponden a los grados II y III. Y la contusión, ya mencionada, es la lesión por impacto directo. Conviene no confundir el músculo con las estructuras que lo acompañan. La lesión tendinosa afecta al tendón, la banda fibrosa que transmite al hueso la fuerza que el músculo genera; sus cuadros van de la inflamación a la rotura. La lesión ligamentosa daña los ligamentos, que unen un hueso con otro y estabilizan la articulación. Cuando un ligamento se estira o se rompe hablamos de esguince, no de distensión muscular. Mismo gesto de estiramiento excesivo, tejido diferente, pronóstico propio. La clasificación clásica reconoce tres: grado I (elongación con rotura microscópica), grado II (rotura parcial) y grado III (rotura completa). A ellos se añade a veces un grado 0 para el daño funcional sin rotura. El consenso de Múnich de 2013 introdujo una gradación más detallada, útil sobre todo en el deporte de alto nivel. Sí, aunque de las más benignas. Consiste en un exceso de tono mantenido, sin rotura de fibras. No deja acúmulo de sangre ni se aprecia en la ecografía, y por eso algunos autores la sitúan en el terreno del daño funcional más que en el de la lesión estructural propiamente dicha. No del todo. Ambos nacen de un estiramiento excesivo, pero la distensión (grado I) apenas rompe fibras, mientras que el desgarro implica una rotura visible que corresponde a los grados II y III. La diferencia está en la magnitud del daño, no en el mecanismo. Puede consultar los matices en la entrada dedicada a la distensión muscular. Porque cruzan dos articulaciones, la cadera y la rodilla, y soportan grandes tensiones durante la carrera rápida, sobre todo en la fase en que el músculo se contrae mientras se está alargando. Esa combinación los expone de manera particular a las roturas indirectas.Qué es una lesión muscular
Lesiones directas e indirectas
Clasificación por grados
Tipos de lesión muscular
Frente a las lesiones del tendón y del ligamento
Preguntas frecuentes
¿Cuántos grados de lesión muscular existen?
¿Una contractura es una lesión muscular?
¿Es lo mismo una distensión que un desgarro?
¿Por qué se lesionan tanto los isquiotibiales?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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