DICCIONARIO MÉDICO
Calambre
Un calambre es una contracción involuntaria, súbita y dolorosa de un músculo o de un grupo muscular. Su duración oscila entre unos segundos y varios minutos, y se resuelve de forma espontánea. Los calambres son muy frecuentes en la población general y afectan sobre todo a las extremidades inferiores, aunque pueden aparecer en cualquier grupo muscular del cuerpo. La palabra calambre llegó al español por vía del francés antiguo crampe, derivado a su vez del fráncico *kramp, que significaba «gancho» o «grapa», aludiendo a la postura contraída que adopta el miembro afectado. En la tradición médica latina se empleó el término spasmus, del griego σπασμός (spasmós, «tirón»), y todavía hoy espasmo y calambre se usan a menudo como sinónimos, aunque el espasmo puede carecer de dolor. Desde el punto de vista clínico, el calambre se define como una contracción involuntaria sostenida de fibras musculares esqueléticas que produce un endurecimiento visible y palpable del músculo, acompañado de dolor agudo. Es un fenómeno benigno en la inmensa mayoría de los casos. Sin embargo, cuando los calambres son frecuentes, intensos o aparecen sin un desencadenante claro, conviene descartar causas metabólicas, neurológicas o vasculares subyacentes. El mecanismo que desencadena un calambre no se conoce por completo, pero la evidencia apunta a una hiperexcitabilidad de la motoneurona inferior. En condiciones normales, la contracción muscular resulta del equilibrio entre las señales excitatorias que llegan a la placa motora (mediadas por acetilcolina) y los mecanismos inhibitorios espinales que frenan la descarga. Cuando ese equilibrio se rompe, la motoneurona dispara de forma repetitiva e incontrolada, y la fibra muscular se contrae sin que la voluntad pueda relajarla. Varios factores facilitan esa pérdida de control. La fatiga muscular tras ejercicio intenso reduce la eficacia de los mecanismos inhibitorios del huso neuromuscular y del órgano tendinoso de Golgi. La deshidratación y los desequilibrios electrolíticos (descenso de potasio, magnesio, calcio o sodio) alteran la polarización de la membrana de la fibra, haciéndola más vulnerable a descargas espontáneas. Y la compresión de raíces nerviosas o la neuropatía periférica pueden producir irritación crónica del nervio motor. No siempre es fácil señalar una causa única. Los calambres nocturnos en las piernas son probablemente la forma más habitual. Afectan sobre todo a la pantorrilla, aparecen durante el sueño y despiertan al paciente con dolor intenso. Su prevalencia aumenta con la edad: se estima que hasta un tercio de las personas mayores de 60 años los padecen con regularidad. La causa exacta sigue siendo objeto de debate; la postura mantenida del pie en flexión plantar durante el sueño parece favorecer la aparición del espasmo. En deportistas, los calambres asociados al ejercicio tienden a aparecer en los músculos más solicitados durante la actividad, especialmente si el esfuerzo se prolonga o se realiza en ambiente caluroso. La explicación clásica de la deshidratación y la pérdida de electrolitos tiene apoyo epidemiológico, pero estudios recientes sugieren que la fatiga neuromuscular periférica desempeña un papel más relevante de lo que se pensaba. Existen también calambres asociados a enfermedades del sistema nervioso. La esclerosis lateral amiotrófica, las neuropatías periféricas, la radiculopatía lumbar y ciertos trastornos metabólicos (hipotiroidismo, insuficiencia renal crónica, cirrosis hepática) pueden manifestarse con calambres recurrentes. En el embarazo, son frecuentes durante el segundo y tercer trimestre, probablemente por la combinación de cambios circulatorios, sobrecarga mecánica y fluctuaciones electrolíticas. Conviene distinguir el calambre de otras contracciones musculares involuntarias. La contractura implica un acortamiento persistente del músculo, habitualmente sin el componente de dolor agudo súbito que define al calambre, y no se resuelve en segundos. La mioclonía es una sacudida breve y aislada (a veces una sola descarga), sin la contracción sostenida ni el endurecimiento muscular típicos del calambre. Y la fasciculación consiste en la contracción visible de un fascículo muscular individual, habitualmente indolora y sin repercusión funcional. Del francés antiguo crampe, que a su vez procede del germánico fráncico *kramp («gancho»). La imagen es la del miembro doblado, agarrotado, como si un gancho lo forzara a plegarse. En español la forma «calambre» se documenta desde el siglo XV. No, en la gran mayoría de los casos. Son molestos, pueden interrumpir el sueño y dejar el músculo dolorido durante horas, pero no indican una enfermedad grave. Solo deben preocupar si se repiten con frecuencia inusual, si afectan a varios grupos musculares o si se acompañan de debilidad o pérdida de masa muscular. En el uso clínico estricto, no siempre. El espasmo es un término más amplio que abarca cualquier contracción involuntaria, dolorosa o no. El calambre implica necesariamente dolor. En la práctica, muchos textos médicos los emplean como sinónimos cuando se refieren a la contracción dolorosa del músculo esquelético. Depende. En personas con déficit documentado de magnesio, la suplementación puede reducir la frecuencia de los calambres. Sin embargo, los ensayos clínicos en población general no han demostrado de forma consistente que el magnesio prevenga los calambres nocturnos en personas con niveles normales del mineral. La idea está extendida, pero la evidencia es más débil de lo que suele suponerse. Si desea profundizar en conceptos asociados a los calambres, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un calambre
Base neuromuscular del calambre
Situaciones clínicas frecuentes
Diferenciación con entidades relacionadas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «calambre»?
¿Los calambres nocturnos son peligrosos?
¿Es lo mismo un calambre que un espasmo?
¿El magnesio previene los calambres?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026