DICCIONARIO MÉDICO

Lagoftalmos

El lagoftalmos es la imposibilidad de cerrar completamente los párpados, lo que deja parte de la superficie ocular expuesta al exterior de forma permanente. La causa más frecuente es la parálisis del nervio facial, aunque también puede deberse a cicatrices, traumatismos o alteraciones mecánicas de los párpados. Si no se corrige, la exposición continuada de la córnea provoca sequedad, erosiones y, en los casos más graves, ulceración corneal con riesgo para la visión.

Qué es el lagoftalmos

El lagoftalmos —también escrito lagoftalmía o lagoftalmia— es un signo clínico consistente en el cierre incompleto o defectuoso de la hendidura palpebral. En condiciones normales, cuando una persona parpadea o cierra los ojos voluntariamente, el párpado superior desciende hasta contactar con el párpado inferior y la superficie del globo ocular queda completamente cubierta. En el lagoftalmos, este mecanismo falla: queda una abertura residual, a veces de apenas dos o tres milímetros, a veces mucho más amplia, a través de la cual la córnea y la conjuntiva permanecen expuestas al aire, al polvo y a la desecación. El problema puede afectar a un solo ojo —lo más habitual— o a ambos.

La etimología del término es una de las más expresivas de la oftalmología. "Lagoftalmos" procede del griego λαγώφθαλμος (lagṓphthalmos), un compuesto de λαγώς (lagṓs), "liebre", y ὀφθαλμός (ophthalmós), "ojo": literalmente, "ojo de liebre". El nombre nace de la antigua creencia de que las liebres duermen con los ojos abiertos, una observación que los médicos griegos trasladaron a los pacientes que no podían cerrar los párpados. El término está documentado ya en Galeno (siglo II d.C.), quien lo empleó con este mismo valor clínico, y fue reintroducido en la terminología médica latina a comienzos del siglo XVI como lagophthalmus. Es, por tanto, una voz médica con más de dieciocho siglos de uso.

Desde el punto de vista nosológico, el lagoftalmos no es una enfermedad en sí misma sino un signo clínico que puede ser la manifestación de trastornos muy distintos: neurológicos (parálisis facial), mecánicos (cicatrices, retracciones palpebrales), endocrinos (orbitopatía tiroidea) o incluso fisiológicos (lagoftalmos nocturno). La tarea del oftalmólogo consiste en identificar la causa subyacente, porque el pronóstico y el abordaje varían por completo según el mecanismo responsable.

El mecanismo del cierre palpebral

Para entender por qué se produce el lagoftalmos conviene conocer cómo funciona el mecanismo normal de cierre de los párpados. El protagonista es el músculo orbicular de los párpados, un músculo circular, plano y delgado que rodea la hendidura palpebral a modo de esfínter. Cuando se contrae, aproxima los bordes del párpado superior y del inferior hasta sellar por completo la abertura ocular. La inervación motora del orbicular corre a cargo del nervio facial (VII par craneal): las fibras nerviosas nacen en el tronco del encéfalo, atraviesan un estrecho canal óseo dentro del hueso temporal (el canal de Falopio) y se ramifican en la cara para alcanzar el músculo.

El cierre palpebral cumple funciones esenciales. En primer lugar, distribuye la película lagrimal de forma uniforme sobre toda la superficie corneal con cada parpadeo —un acto que se repite de forma involuntaria entre quince y veinte veces por minuto—. En segundo lugar, protege la córnea de cuerpos extraños, corrientes de aire y agresiones físicas. Y en tercer lugar, durante el sueño, el cierre sostenido de los párpados mantiene un microambiente húmedo que preserva la integridad del epitelio corneal. Cuando cualquiera de estos eslabones se rompe —por parálisis del nervio, por rigidez cicatricial del párpado o por protrusión excesiva del globo ocular—, aparece el lagoftalmos y con él el riesgo de queratopatía por exposición.

Tipos de lagoftalmos

Lagoftalmos paralítico. Es la forma más frecuente. Se produce cuando el nervio facial deja de enviar la señal motora al músculo orbicular, que pierde tono y fuerza. La causa más habitual, con diferencia, es la parálisis de Bell, una parálisis facial aguda unilateral de origen probablemente vírico que se resuelve espontáneamente en la mayoría de los casos en semanas o meses. Pero el lagoftalmos paralítico puede deberse también a tumores que comprimen el nervio, a traumatismos craneofaciales, a la cirugía de tumores del ángulo pontocerebeloso, a infecciones como la enfermedad de Lyme o el síndrome de Ramsay Hunt, y a enfermedades neuromusculares como la miastenia gravis. En estos pacientes el lagoftalmos suele acompañarse de otros signos de parálisis facial del mismo lado: caída de la comisura bucal, dificultad para sonreír, pérdida parcial del gusto.

Lagoftalmos mecánico o cicatricial. En este caso la función del nervio facial es normal, pero algún factor estructural impide que los párpados se cierren: cicatrices retráctiles por quemaduras, traumatismos o cirugía previa (incluida la blefaroplastia estética, cuando se retira un exceso de piel), retracción palpebral secundaria a orbitopatía tiroidea (enfermedad de Graves-Basedow) o laxitud palpebral severa. El párpado inferior puede verse desplazado hacia abajo (ectropión), lo que agrava la exposición corneal.

Lagoftalmos nocturno. Es una forma particular en la que los párpados se cierran con normalidad durante la vigilia, pero permanecen entreabiertos durante el sueño. Es más frecuente de lo que se piensa —se estima que hasta un 20 % de la población duerme con los ojos parcialmente abiertos— y en la mayoría de los casos es benigno e intrascendente. Sin embargo, cuando la abertura nocturna es amplia, el paciente se despierta con sensación de sequedad, cuerpo extraño, enrojecimiento o visión borrosa que mejora a lo largo de la mañana. El diagnóstico puede resultar difícil porque el propio paciente no es consciente del problema durante el sueño.

La queratopatía por exposición: por qué importa el lagoftalmos

El lagoftalmos importa clínicamente porque, si no se identifica y maneja a tiempo, puede conducir a la queratitis lagoftálmica, una lesión corneal progresiva causada por la exposición continuada de la superficie del ojo. La secuencia habitual es la siguiente: primero se produce una desecación de la película lagrimal en la zona expuesta de la córnea (generalmente el tercio inferior); después aparecen erosiones puntiformes del epitelio corneal; más adelante, si la situación persiste, estas erosiones confluyen en una abrasión corneal franca; y, en los casos más graves, la abrasión se infecta y evoluciona hacia una úlcera corneal con riesgo de perforación y pérdida funcional del ojo. El riesgo se multiplica cuando al lagoftalmos se suma una disminución de la sensibilidad corneal (por afectación simultánea del nervio trigémino), porque el paciente no siente el dolor de alerta que normalmente avisa de la lesión.

Diferenciación con otros trastornos palpebrales

El lagoftalmos comparte territorio clínico con otros trastornos de los párpados que conviene distinguir.

Blefaroptosis (ptosis palpebral). Es, en cierto sentido, el problema opuesto: el párpado superior cae y cubre parcialmente la pupila, dificultando la visión. En la blefaroptosis el ojo se cierra bien, pero no se abre del todo; en el lagoftalmos, el ojo se abre bien, pero no se cierra del todo. Ambos trastornos pueden coexistir en un mismo paciente con parálisis facial.

Ectropión. Es la eversión del borde del párpado inferior hacia fuera, que deja expuesta la conjuntiva palpebral y puede contribuir al lagoftalmos mecánico. El ectropión es una causa de lagoftalmos, pero no todos los lagoftalmos cursan con ectropión.

Entropión. Es la inversión del borde del párpado hacia dentro, que hace que las pestañas rocen la córnea. El entropión produce molestias corneales distintas del lagoftalmos: el problema no es la exposición sino la fricción mecánica de las pestañas sobre la superficie ocular.

Blefaroespasmo. Es la contracción involuntaria y repetida del músculo orbicular, que obliga al paciente a cerrar los párpados de forma espasmódica. El blefaroespasmo representa el extremo opuesto al lagoftalmos: exceso de cierre frente a defecto de cierre.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra "lagoftalmos"?

Del griego λαγώφθαλμος (lagṓphthalmos), un compuesto de λαγώς (lagṓs), "liebre", y ὀφθαλμός (ophthalmós), "ojo". Significa literalmente "ojo de liebre", porque los médicos griegos creían que las liebres dormían con los ojos abiertos, igual que los pacientes que no podían cerrar los párpados. El término está documentado en Galeno en el siglo II d.C. y fue reintroducido en la terminología médica latina a comienzos del siglo XVI. Es una de las voces oftalmológicas más antiguas que siguen en uso con el mismo significado.

¿Es lo mismo lagoftalmos que tener los ojos secos?

No. El ojo seco (xeroftalmia) es un síndrome amplio que puede deberse a muchas causas —insuficiencia de la glándula lagrimal, alteración de la composición de la lágrima, factores ambientales— y que no implica necesariamente un defecto en el cierre del párpado. El lagoftalmos, en cambio, es específicamente un problema de cierre palpebral que puede producir sequedad ocular como consecuencia, pero no la única causa de ojo seco. Dicho de otra manera: todo lagoftalmos significativo acaba produciendo sequedad, pero la inmensa mayoría de los ojos secos no se deben a lagoftalmos.

¿Es peligroso dormir con los ojos abiertos?

En la mayoría de los casos, el lagoftalmos nocturno leve es benigno y no produce complicaciones. Muchas personas duermen con los párpados ligeramente entreabiertos sin saberlo y sin consecuencias. El problema surge cuando la abertura es amplia y sostenida: la exposición nocturna prolongada puede provocar erosiones corneales que se manifiestan al despertar con dolor, sensación de cuerpo extraño, enrojecimiento o visión borrosa. Si estos síntomas se repiten, conviene consultar a un oftalmólogo para valorar si es necesario proteger la superficie ocular durante la noche.

¿La parálisis de Bell siempre produce lagoftalmos?

En la mayoría de los casos, sí. La parálisis de Bell afecta al nervio facial, que es el responsable de inervar el músculo que cierra los párpados. Por eso, el lagoftalmos —junto con la caída de la comisura bucal y la dificultad para arrugar la frente— es uno de los signos más constantes de la parálisis facial periférica. La buena noticia es que la parálisis de Bell se resuelve espontáneamente en un plazo de semanas a meses en la gran mayoría de los pacientes, y con ella desaparece también el lagoftalmos. Mientras tanto, es fundamental proteger la córnea del ojo afectado.

¿Es lo mismo lagoftalmos que ectropión?

No, aunque están relacionados. El ectropión es la eversión del borde del párpado inferior hacia fuera, y puede ser una de las causas del lagoftalmos mecánico, porque al desplazarse el párpado inferior pierde contacto con el globo ocular y se dificulta el cierre completo. Pero el lagoftalmos puede producirse sin ectropión —por ejemplo, en la parálisis de Bell, donde el párpado inferior no se evierte necesariamente sino que simplemente pierde tono—, y el ectropión puede existir sin que haya un lagoftalmos significativo si el párpado superior compensa el defecto.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Parálisis facial. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.
  2. Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS). Parálisis de Bell.
  3. Mayo Clinic. Parálisis de Bell: síntomas y causas.
  4. Fu L, Patel BCK. Lagophthalmos. StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2023.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados al lagoftalmos o consultar entradas sobre estructuras y trastornos relacionados, puede acceder a las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Queratitis lagoftálmica: inflamación corneal causada por la exposición del ojo al no poder cerrar los párpados.
  • Párpado: estructura anatómica cuyo cierre defectuoso define el lagoftalmos.
  • Córnea: la capa transparente del ojo que queda expuesta cuando los párpados no se cierran.
  • Nervio facial: el VII par craneal, cuya parálisis es la causa más frecuente de lagoftalmos.
  • Parálisis de Bell: la causa más habitual de lagoftalmos paralítico.
  • Músculo orbicular: el músculo circular que cierra los párpados.
  • Ectropión: eversión del borde del párpado inferior hacia fuera.
  • Entropión: inversión del borde del párpado hacia dentro.
  • Blefaroptosis: caída del párpado superior.
  • Blefaroespasmo: contracción involuntaria del músculo orbicular.
  • Xeroftalmia: sequedad ocular patológica.

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