DICCIONARIO MÉDICO
IgG
La IgG (inmunoglobulina G) es el anticuerpo más abundante en la sangre y en los líquidos corporales. Su presencia frente a un patógeno concreto indica, por lo general, que el organismo ha tenido contacto previo con ese agente —ya sea por infección resuelta o por vacunación— y que conserva memoria inmunitaria frente a él. La IgG es una de las cinco clases de inmunoglobulinas y constituye entre el 70 y el 80 % de todas las que circulan en el suero. Es el anticuerpo que el sistema inmunitario produce de forma mayoritaria durante la respuesta secundaria, es decir, cuando el organismo se reencuentra con un antígeno que ya conoce. Además, es la única inmunoglobulina capaz de atravesar la placenta, lo que permite transferir protección al feto durante el embarazo. Para una descripción detallada de la estructura molecular de la IgG, sus cuatro subclases (IgG1, IgG2, IgG3, IgG4), su vida media y sus mecanismos de acción (neutralización, opsonización, activación del complemento, paso transplacentario), consulte la entrada inmunoglobulina G. Un resultado de IgG positiva frente a un patógeno indica que el organismo ha fabricado anticuerpos IgG específicos contra él. En la mayoría de los contextos clínicos, eso se interpreta como signo de contacto pasado: la infección se produjo en algún momento, el sistema inmunitario la resolvió y la IgG persiste como memoria a largo plazo. Ese mismo resultado aparece tras la vacunación, donde la IgG positiva confirma que la vacuna ha generado la respuesta protectora esperada. Sin embargo, IgG positiva no excluye una infección activa en determinadas situaciones. Cuando la IgG coexiste con IgM positiva, puede tratarse de una infección reciente en fase de seroconversión o de una reactivación. La interpretación siempre requiere el contexto clínico completo. La combinación serológica IgG-IgM es la herramienta básica que el médico emplea para situar en el tiempo el contacto con un microorganismo. La lógica es sencilla: la IgM aparece pronto y desaparece en semanas; la IgG aparece después pero permanece meses o años. IgG negativa con IgM positiva: sugiere infección aguda reciente. El organismo acaba de encontrarse con el patógeno y aún no ha producido IgG. IgG positiva con IgM positiva: puede corresponder a una infección reciente en fase de seroconversión (ya aparece IgG, pero la IgM todavía no ha descendido) o a una reactivación. IgG positiva con IgM negativa: el escenario más habitual. Indica contacto pasado con el patógeno o vacunación exitosa. La infección no está activa y el organismo conserva inmunidad. IgG negativa con IgM negativa: ausencia de contacto previo. La persona no ha estado expuesta al agente ni ha sido vacunada frente a él. La IgG total mide la cantidad global de este isotipo en suero, con independencia de la especificidad antigénica. En adultos, los valores de referencia habituales se sitúan entre 700 y 1.600 mg/dL, aunque el rango exacto varía según el laboratorio y la técnica empleada. En el recién nacido, la IgG sérica procede casi en su totalidad de la madre (paso transplacentario) y desciende durante los primeros meses mientras la producción propia se instaura. Hacia los 4-6 meses se alcanza el nadir fisiológico, y los niveles adultos se alcanzan gradualmente a lo largo de la infancia. Una elevación policlonal de la IgG —es decir, un aumento de IgG de muchas especificidades distintas— se observa en infecciones crónicas (tuberculosis, hepatitis, VIH), enfermedades autoinmunes (lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide) y hepatopatías crónicas. Cuando la elevación es monoclonal —un único tipo de IgG en exceso, detectable como un pico estrecho en la electroforesis de proteínas—, el médico sospecha una gammapatía monoclonal, que puede ir desde una gammapatía monoclonal de significado incierto hasta un mieloma múltiple. Un descenso de la IgG total puede reflejar una hipogammaglobulinemia primaria (como la inmunodeficiencia común variable o la agammaglobulinemia) o secundaria (pérdida renal de proteínas en el síndrome nefrótico, tratamientos inmunosupresores, algunas neoplasias hematológicas). En la práctica, un hallazgo de IgG baja con infecciones de repetición obliga a un estudio inmunológico dirigido. Que el organismo ha producido anticuerpos IgG frente a un antígeno concreto. En la mayoría de los casos indica contacto previo (infección resuelta o vacunación), no infección activa. El médico lo interpreta siempre junto con el resultado de IgM y la situación clínica. Sí. "IgG" es la abreviatura que aparece en los informes de laboratorio; "inmunoglobulina G" es la denominación completa. Para información sobre la estructura molecular, las subclases y las funciones biológicas de esta molécula, consulte la entrada inmunoglobulina G. La IgG es la única inmunoglobulina que atraviesa la placenta. Durante el tercer trimestre del embarazo, la IgG materna pasa al feto en cantidades crecientes, proporcionándole inmunidad pasiva frente a los patógenos contra los que la madre tiene anticuerpos. Esa protección dura los primeros meses de vida, hasta que el sistema inmunitario del lactante madura lo suficiente para fabricar su propia IgG. Es poco frecuente, pero puede ocurrir por reactividad cruzada: los anticuerpos IgG generados frente a un patógeno reconocen epítopos similares de otro agente y dan un resultado positivo que no refleja contacto real con el segundo. El médico recurre a pruebas confirmatorias cuando el resultado no encaja con la clínica. Si desea profundizar en conceptos asociados a la IgG, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la IgG
IgG positiva: qué significa
IgG e IgM: cómo se interpretan juntas
Valores normales de IgG total
IgG total alta
IgG total baja
Preguntas frecuentes
¿Qué significa "IgG positiva" en una analítica?
¿Es lo mismo IgG que inmunoglobulina G?
¿Por qué la IgG de la madre protege al recién nacido?
¿Puede la IgG dar falsos positivos?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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