DICCIONARIO MÉDICO
Hiperandrogenismo
El hiperandrogenismo es el conjunto de manifestaciones que aparecen cuando la acción de los andrógenos en el organismo está aumentada, casi siempre en la mujer. A veces ese exceso nace de una producción hormonal demasiado alta y otras de una sensibilidad exagerada de los tejidos a hormonas que circulan en cantidad normal. En ambos casos el efecto es el mismo: signos de tipo masculino que resultan llamativos en el cuerpo femenino. Se define como el cuadro clínico resultante de un exceso de andrógenos circulantes o de una respuesta aumentada del receptor a esas hormonas. Los andrógenos son las hormonas sexuales masculinas, con la testosterona a la cabeza, y en la mujer se producen de forma natural en cantidades pequeñas. Cuando esa cantidad, o el efecto que ejerce, supera lo habitual, surge el hiperandrogenismo. La palabra reúne tres elementos de origen griego: andro- (ἀνήρ, ἀνδρός, «varón»), -geno (de gennáō, «engendrar» o «producir») y el sufijo -ismo, que denota un estado o proceso. Andrógeno es, así, «lo que genera lo masculino», y el hiperandrogenismo, el estado en que esa influencia se dispara. Conviene no confundirlo con la hiperandrogenemia, que es la cifra elevada en la analítica; el hiperandrogenismo es lo que esa hormona hace visible en la persona. En la mujer los andrógenos proceden de tres fuentes: el ovario, la corteza de las glándulas suprarrenales y los propios tejidos periféricos, como la piel o el tejido adiposo, capaces de transformar unas hormonas en otras. El exceso puede originarse en cualquiera de esos puntos. Una parte de la testosterona se convierte en la piel en dihidrotestosterona por acción de la enzima 5-alfa-reductasa, y esa forma es la que actúa con más fuerza sobre el folículo piloso. De ahí que el mecanismo no sea único. Puede haber una sobreproducción hormonal, ovárica o suprarrenal, pero también una conversión periférica aumentada que multiplica el efecto sin que la producción sea excesiva, o incluso una mayor densidad y actividad de los receptores androgénicos en los órganos diana. Este último detalle da la clave de un fenómeno que despista a menudo: signos evidentes de androgenización con una analítica hormonal casi normal. Lo más práctico es ordenar el hiperandrogenismo por el lugar del que parte el exceso. El origen ovárico es el más frecuente, y dentro de él destaca el síndrome de ovario poliquístico, responsable de alrededor del setenta por ciento de los casos; con mucha menor frecuencia, algunos tumores del ovario también producen andrógenos. El origen suprarrenal agrupa la hiperplasia suprarrenal congénita en sus formas no clásicas, el síndrome de Cushing y determinados tumores de la glándula. Existe además una forma periférica o idiopática, en la que el problema está en la sensibilidad de los tejidos, y una forma exógena, provocada desde fuera por la administración de sustancias con actividad androgénica. La edad orienta bastante sobre la procedencia. Antes de la pubertad, en ausencia de una maduración del ovario, el exceso suele venir de la suprarrenal; a partir de la pubertad, el ovario pasa a primer plano. Otros factores metabólicos entran también en juego: el hiperinsulinismo y la resistencia a la insulina favorecen la producción ovárica de andrógenos, lo que explica su asociación tan repetida con el síndrome de ovario poliquístico. El exceso de andrógenos se hace notar sobre los tejidos que responden a estas hormonas. El signo más conocido es el hirsutismo, la aparición de vello grueso y oscuro en zonas de patrón masculino como el labio superior, el mentón, el pecho o el abdomen. Se suman el acné, el aumento de la grasa cutánea y la alopecia androgénica, que en la mujer se inicia de forma característica en la coronilla. A ello se añaden las alteraciones del ciclo, con oligomenorrea o incluso amenorrea cuando el desajuste hormonal interfiere con la ovulación. En las formas más intensas puede llegarse a la virilización: voz grave, aumento de la masa muscular y crecimiento del clítoris. La intensidad y el ritmo de aparición de estos signos dependen del origen y de la magnitud del exceso. La distinción tiene consecuencias reales. La hiperandrogenemia es el número; el hiperandrogenismo, la clínica. Puede existir el número sin la clínica, y la clínica sin el número. Cuando hay signos claros pero la analítica resulta normal, se habla de hiperandrogenismo idiopático, atribuido a esa mayor sensibilidad de los tejidos. Se describe sobre todo en la mujer, porque es en ella donde el exceso de hormonas masculinas produce cambios llamativos. En el varón, un aumento de andrógenos apenas altera un fenotipo ya androgénico, de modo que pasa más desapercibido; aun así, ciertos trastornos de la glándula suprarrenal pueden afectar a ambos sexos. El síndrome de ovario poliquístico, que reúne cerca del setenta por ciento de los casos de hiperandrogenismo en la mujer en edad fértil. Sí. Es el hiperandrogenismo idiopático: los signos están presentes, pero las hormonas circulan en cantidad normal. Se explica por una respuesta aumentada de los tejidos, con frecuencia por una actividad elevada de la enzima 5-alfa-reductasa en la piel. No exactamente. El vello de patrón masculino es una de sus manifestaciones, pero el hiperandrogenismo abarca también la piel, el cabello y el ciclo menstrual. Un vello algo más visible de causa familiar, sin otros signos ni desajuste hormonal, no equivale al cuadro.Qué es el hiperandrogenismo
Cómo se produce el exceso de andrógenos
Clasificación según el origen
Las manifestaciones que definen el cuadro
Hiperandrogenismo frente a hiperandrogenemia
Preguntas frecuentes
¿El hiperandrogenismo afecta solo a las mujeres?
¿Cuál es la causa más frecuente?
¿Puede haber hiperandrogenismo con una analítica normal?
¿Es lo mismo que el vello abundante sin más?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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