DICCIONARIO MÉDICO
Herida abdominal
Una herida abdominal es la lesión abierta de la pared del abdomen, es decir, la que rompe su continuidad y comunica el exterior con el espesor de la pared o con la cavidad interna. Se clasifica sobre todo según llegue o no a atravesar el peritoneo, la membrana que envuelve las vísceras. Los traumatismos del abdomen se dividen en dos grandes grupos. En el traumatismo cerrado la pared se mantiene entera y el daño se transmite hacia dentro sin que la piel se rompa. En el traumatismo abierto, en cambio, hay una herida: una solución de continuidad que abre la pared. La herida abdominal es, por tanto, la cara abierta del traumatismo abdominal. La palabra abdomen es de origen latino y etimología discutida; se ha propuesto un parentesco con abdere, ocultar, por la idea de la cavidad que guarda las vísceras en su interior. Sea cual sea su raíz, el término designa la región del tronco situada entre el tórax y la pelvis, y ahí se localiza este tipo de lesión. Frente a lo que podría suponerse, la frontera que ordena las heridas abdominales no es la piel, sino el peritoneo parietal, la hoja que tapiza por dentro la pared. De ahí surge la primera distinción. La herida penetrante es la que atraviesa esa membrana y accede a la cavidad peritoneal. La no penetrante se queda en el grosor de la pared sin llegar a cruzarla. Dentro de las penetrantes cabe un segundo matiz. Cuando la lesión, además de entrar en la cavidad, daña alguna víscera, se habla de herida perforante. Puede ocurrir que un objeto atraviese el peritoneo y no toque ningún órgano, y también que lo perfore. Por eso atravesar la membrana no equivale automáticamente a lesión visceral, aunque obligue a considerarla. Dos agentes concentran la mayoría de las heridas abiertas del abdomen. El arma blanca produce un trayecto más previsible, siguiendo la dirección en que se introdujo el objeto. El arma de fuego resulta más traicionera: el proyectil dispersa energía a su paso y tiene mayor probabilidad de alcanzar estructuras internas que una hoja. Existe además el empalamiento, en el que un cuerpo alargado queda clavado en la pared. La localización orienta sobre lo que hay debajo. En los traumatismos cerrados de alta energía el órgano que más se lesiona es el bazo, seguido del hígado y de alguna víscera hueca como el intestino delgado. En las heridas abiertas cualquier estructura de la cavidad puede verse comprometida según el trayecto. Un detalle anatómico amplía el mapa de riesgo. El diafragma, en una espiración profunda, asciende hasta la altura del cuarto espacio intercostal, cerca de la línea de los pezones. Una herida penetrante en la parte baja del tórax puede, por tanto, alcanzar órganos abdominales que en ese momento quedan cubiertos por la parrilla costal. La frontera entre tórax y abdomen es más móvil de lo que sugiere la superficie del cuerpo. Algunos hallazgos revelan de inmediato que la lesión ha superado la pared. La evisceración, salida de epiplón o de asas intestinales a través de la herida, es el más elocuente. La acumulación de sangre en la cavidad, o hemoperitoneo, acompaña a las lesiones vasculares o de órganos sólidos. Y la contaminación de la cavidad por el contenido de una víscera hueca puede desembocar en peritonitis. Estos tres elementos marcan la distancia entre una herida limitada a la pared y otra que ha invadido el abdomen por dentro. El peritoneo. La penetrante atraviesa esa membrana y entra en la cavidad donde se alojan las vísceras; la no penetrante se detiene en el espesor de la pared sin llegar a cruzarla. La línea divisoria, por tanto, no es la piel rota, sino que el trayecto haya alcanzado o no el interior peritoneal. La penetrante entra en la cavidad; la perforante, además, lesiona una víscera a su paso. Toda perforante es penetrante, pero no toda penetrante llega a perforar un órgano. Porque el peritoneo separa la pared, formada por piel, grasa y músculo, del espacio donde se encuentran el intestino, el hígado o el bazo. Mientras la lesión no cruza esa membrana, las vísceras siguen protegidas. En cuanto la atraviesa, el interior queda comunicado con el exterior y el escenario cambia por completo. De ahí que la clasificación se apoye en ese plano y no en la superficie. Sí. Como el diafragma sube hasta el cuarto espacio intercostal durante la respiración, una herida penetrante por debajo de la línea de los pezones puede alcanzar órganos abdominales situados en ese momento bajo las costillas. Por eso las lesiones de la parte baja del tórax se valoran también como posibles heridas abdominales.Qué es una herida abdominal
La clave está en el peritoneo
Mecanismos
Anatomía y hallazgos que definen la gravedad
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia una herida abdominal penetrante de una no penetrante?
¿Y una penetrante de una perforante?
¿Por qué el límite lo marca el peritoneo y no la piel?
¿Una herida en el tórax puede afectar al abdomen?
Referencias
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