DICCIONARIO MÉDICO
Hemangioma capilar
El hemangioma capilar, también conocido como hemangioma infantil, es el tumor benigno más frecuente de la lactancia: afecta a entre el 5 y el 10 % de los niños menores de un año. Se forma por proliferación de pequeños vasos sanguíneos (capilares) y sigue un ciclo biológico característico de crecimiento rápido, estabilización e involución espontánea en la mayoría de los casos. Se trata de una neoplasia vascular benigna compuesta por células endoteliales en proliferación activa que forman una red densa de capilares. En la superficie cutánea aparece como una lesión sobreelevada, de color rojo intenso, que la tradición popular ha bautizado como «marca de fresa» por su semejanza con la superficie de este fruto. Las lesiones más profundas, situadas en la dermis reticular o el tejido subcutáneo, adoptan tonalidades azuladas y consistencia más blanda, mientras que las formas mixtas combinan ambos patrones. La voz «hemangioma» se construye a partir de tres raíces griegas: αἷμα (haima, «sangre»), ἀγγεῖον (angeion, «vaso») y el sufijo -ωμα (-ōma, «masa» o «tumor»). Literalmente, un tumor de los vasos sanguíneos. El adjetivo «capilar» remite al tipo de vaso predominante en la lesión. La clasificación actual de la International Society for the Study of Vascular Anomalies (ISSVA), revisada en 2018, prefiere el término «hemangioma infantil» para distinguir esta entidad de otras proliferaciones vasculares congénitas con las que históricamente se ha confundido. El hemangioma capilar no está presente en el momento del nacimiento en la mayoría de los casos, o bien aparece como una mancha precursora pálida o telangiectásica durante las primeras semanas de vida. A partir de ahí se inicia la fase de proliferación, que se extiende típicamente hasta los 6-9 meses de edad, con un crecimiento rápido que puede alarmar a las familias. Las células endoteliales que componen el hemangioma expresan el transportador de glucosa GLUT-1, un marcador inmunohistoquímico que se considera específico de este tipo tumoral y que lo distingue de otras lesiones vasculares. Tras la fase proliferativa viene una meseta de duración variable, seguida de una involución progresiva que puede prolongarse varios años. Hacia los cinco años de edad, aproximadamente la mitad de los hemangiomas han involucionado de manera completa; a los nueve años lo han hecho cerca del 90 %. La involución no siempre es perfecta. En lesiones voluminosas pueden quedar residuos en forma de piel redundante, telangiectasias finas o tejido fibroadiposo. La incidencia del hemangioma infantil se estima entre el 4 y el 10 % de los lactantes, con un predominio claro en niñas (relación aproximada de 3:1), en neonatos prematuros y en recién nacidos con bajo peso al nacer. La raza caucásica muestra mayor prevalencia que otras poblaciones, un dato cuya explicación biológica permanece sin resolver. La localización más habitual es la cabeza y el cuello (hasta el 60 % de los casos), seguida del tronco y las extremidades. Pueden ser únicos o múltiples: cuando aparecen cinco o más hemangiomas cutáneos, se recomienda valorar la posible existencia de hemangiomatosis visceral, particularmente hepática. El hemangioma congénito, presente ya en su totalidad al nacer, constituye una entidad distinta pese a compartir nombre. No expresa GLUT-1 y sigue patrones evolutivos propios: puede involucionar rápidamente (variante RICH), no involucionar nunca (variante NICH) o hacerlo solo en parte (variante PICH). La confusión terminológica entre ambos ha generado durante décadas errores de clasificación en la literatura pediátrica. El hemangioma cavernoso se diferencia por estar compuesto de espacios vasculares dilatados de paredes finas, no de capilares proliferantes. El hemangioendotelioma kaposiforme, aunque también aparece en la infancia, es una neoplasia de malignidad intermedia asociada al fenómeno de Kasabach-Merritt, complicación que no se observa en los hemangiomas infantiles comunes. Las malformaciones venosas pertenecen a otra categoría: no son proliferaciones neoplásicas sino anomalías estructurales presentes desde el nacimiento y que crecen proporcionalmente con el niño, sin fase de involución. Del griego αἷμα (haima, «sangre»), ἀγγεῖον (angeion, «vaso») y el sufijo -ωμα (-ōma, que designa una masa o tumor). La combinación describe un tumor formado por vasos sanguíneos. El adjetivo «capilar» indica que los vasos implicados son los de menor calibre. Por el aspecto de la lesión superficial: una placa roja, ligeramente sobreelevada, con superficie irregular que recuerda a la textura de una fresa. En inglés se emplea strawberry mark con el mismo sentido. El nombre coloquial describe la apariencia, no la naturaleza histológica del tumor. No todos, aunque la mayoría sí. Cerca del 90 % ha involucionado de forma completa o casi completa hacia los nueve años de edad. En el porcentaje restante pueden persistir residuos cutáneos (telangiectasias, piel redundante) que no representan actividad tumoral. El término angioma se usa de forma amplia y, a menudo, imprecisa: puede referirse tanto a tumores vasculares como a malformaciones. El hemangioma capilar es una entidad específica dentro de los tumores vasculares benignos, con biología propia (GLUT-1 positivo, ciclo proliferación-involución). La clasificación ISSVA recomienda abandonar el uso genérico de «angioma» en favor de una terminología que distinga claramente entre tumores y malformaciones. Si desea profundizar en conceptos relacionados con el hemangioma capilar, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el hemangioma capilar
Ciclo biológico: proliferación, meseta e involución
Epidemiología y factores asociados
Diferenciación con otros tumores vasculares
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra hemangioma?
¿Por qué se le llama «marca de fresa»?
¿Todos los hemangiomas capilares desaparecen solos?
¿Es lo mismo un hemangioma capilar que un angioma?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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