DICCIONARIO MÉDICO
Gas intestinal
El gas intestinal es el conjunto de gases presentes en la luz del tubo digestivo, compuesto principalmente por nitrógeno (N₂), oxígeno (O₂), dióxido de carbono (CO₂), hidrógeno (H₂) y, en algunas personas, metano (CH₄). Se origina por la deglución de aire, por reacciones químicas intraluminales y por la fermentación bacteriana de residuos alimentarios no absorbidos en el intestino delgado. La palabra gas fue acuñada en 1640 por el médico y químico flamenco Jan Baptist van Helmont, que la derivó del griego χάος (kháos, vacío primordial), adaptándola a la fonética neerlandesa, en la que la g se pronuncia de manera muy próxima a la chi griega. Van Helmont necesitaba un término nuevo para nombrar sustancias que no eran ni sólidas ni líquidas y que se expandían hasta ocupar cualquier recipiente. El adjetivo intestinal procede del latín intestīnus (interior, interno). El gas intestinal designa, en fisiología digestiva, el volumen gaseoso que ocupa la luz del estómago, del intestino delgado y del intestino grueso en un momento dado. En condiciones normales, un adulto sano mantiene en torno a 200 mililitros de gas distribuidos a lo largo del tubo digestivo, tanto en ayunas como tras la ingesta, y expulsa entre 500 y 1 500 mililitros diarios repartidos en una media de diez a veinte episodios de evacuación rectal. Cinco gases representan más del 99 % del volumen total. El nitrógeno es el componente mayoritario cuando la producción fermentativa es baja, porque procede casi exclusivamente del aire deglutido y del paso difusional desde la sangre hacia la luz intestinal. El oxígeno aparece en concentraciones muy pequeñas, ya que se consume con rapidez en el tracto proximal. El dióxido de carbono se genera tanto por la neutralización del ácido gástrico con el bicarbonato pancreático como por la actividad metabólica de las bacterias colónicas, lo que explica que su concentración varíe notablemente de un individuo a otro. Hidrógeno y metano merecen mención aparte. Ninguno de los dos procede del aire ambiental: son productos exclusivos de la fermentación microbiana en el colon. El hidrógeno lo producen diversas especies bacterianas al degradar hidratos de carbono que escaparon a la digestión y la absorción en tramos superiores. El metano, en cambio, no lo generan bacterias propiamente dichas, sino arqueas metanógenas del dominio Archaea, que utilizan el hidrógeno fabricado por sus vecinas como sustrato. Solo alrededor de un tercio de la población adulta alberga poblaciones de arqueas suficientes para producir metano en cantidad detectable. Tres vías principales aportan gas a la luz intestinal. La primera es la deglución de aire (aerofagia fisiológica): cada acto de tragar introduce pequeños volúmenes de nitrógeno y oxígeno atmosféricos. La mayor parte de ese aire se elimina por eructación antes de alcanzar el duodeno, de modo que solo una fracción menor progresa hacia el intestino. La segunda fuente son las reacciones químicas que ocurren dentro de la propia luz. En el duodeno, la llegada del quimo ácido procedente del estómago provoca la liberación de bicarbonato por el páncreas; la reacción entre ácido clorhídrico y bicarbonato genera CO₂, que en su mayor parte se reabsorbe antes de llegar al yeyuno. Con diferencia, la producción más cuantiosa tiene lugar en el colon. Allí, la microbiota fermenta polisacáridos no digeribles, almidón resistente, oligosacáridos y azúcares mal absorbidos. La cantidad de gas resultante depende sobre todo de dos factores: el volumen de sustrato fermentable que llega al colon y la composición de la flora residente. Eso explica que alimentos ricos en rafinosa (legumbres, por ejemplo) generen más gas que otros con menor carga de hidratos de carbono complejos. Existe una tercera vía, menos evidente: la difusión de gases desde la sangre hacia la luz intestinal siguiendo gradientes de presión parcial. El nitrógeno sanguíneo, por ejemplo, puede difundir hacia el intestino cuando la presión parcial de N₂ en la luz desciende por dilución con otros gases producidos localmente. El organismo dispone de tres mecanismos para retirar gas del tubo digestivo. La eructación evacua la mayor parte del gas gástrico. La evacuación rectal, percibida como flatulencia, da salida al gas colónico impulsado por el peristaltismo. El olor del flato no depende de los cinco gases mayoritarios, que son inodoros, sino de compuestos azufrados presentes en cantidades traza: sulfuro de hidrógeno, metanotiol y dimetilsulfuro, generados durante la degradación bacteriana de aminoácidos que contienen azufre. Un tercer mecanismo pasa desapercibido: la reabsorción. Los gases difunden desde la luz intestinal hacia la sangre venosa mesentérica, alcanzan el pulmón y se eliminan con la espiración. El hidrógeno y el metano absorbidos por esta vía son, precisamente, los que se detectan en el aire espirado del paciente durante las pruebas de aliento con lactulosa o glucosa, una aplicación clínica que permite valorar la fermentación colónica o un posible sobrecrecimiento bacteriano en tramos más proximales. Del griego χάος (kháos), que en la mitología no significaba desorden, sino el vacío informe anterior a la creación del mundo. Jan Baptist van Helmont eligió ese término en 1640 porque las sustancias gaseosas carecían de forma propia y se expandían hasta llenar cualquier recipiente, igual que aquel vacío primordial. La adaptación fonética al neerlandés convirtió kháos en gas. No. La producción de metano requiere la presencia en el colon de microorganismos metanógenos del dominio Archaea, que solo colonizan el intestino de aproximadamente un tercio de los adultos. En quienes carecen de estas arqueas, el hidrógeno producido por la fermentación bacteriana se acumula o es consumido por otras vías metabólicas, como la acetogénesis o la reducción de sulfato. Entre 500 y 1 500 mililitros diarios, dependiendo de la dieta y de la composición individual de la microbiota. Una persona sana expulsa gas por vía rectal entre diez y veinte veces al día, cifra que se considera dentro del rango fisiológico. No tiene nada que ver con el metano, que es inodoro. El olor procede de compuestos azufrados minoritarios (sulfuro de hidrógeno, metanotiol, dimetilsulfuro) generados por la degradación bacteriana de proteínas y aminoácidos con azufre, como la cisteína y la metionina. Su concentración es ínfima, pero el umbral olfativo humano para estas sustancias es muy bajo.Qué es el gas intestinal
Composición y proporciones
Origen del gas en el tubo digestivo
Eliminación del gas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra gas?
¿Todas las personas producen metano?
¿Cuánto gas produce el intestino al día?
¿El olor del flato se debe al metano?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026