DICCIONARIO MÉDICO
Peristaltismo
El peristaltismo es la sucesión de contracciones y relajaciones musculares que, propagándose en forma de onda, empuja el contenido a lo largo de un conducto hueco. Se manifiesta de forma más visible en el tubo digestivo, pero no es exclusivo de él: uréteres, vías biliares y otros conductos con músculo liso lo emplean para movilizar su contenido. Del griego perí (alrededor) y stállein (comprimir, apretar), peristaltikós significaba literalmente lo que aprieta en derredor. El sustantivo español no es una traducción directa de esa forma griega: se construye añadiendo el sufijo -ismo al adjetivo peristáltico, un patrón habitual en el castellano científico del siglo XIX para convertir cualidades en procesos. La palabra queda documentada en 1847 en la literatura médica en lengua inglesa. Existe una variante que circula con la misma frecuencia en los textos de fisiología: peristalsis. No es un sinónimo caprichoso. Peristalsis conserva la forma griega original con el sufijo -sis, propio de sustantivos de acción, y llega al español como cultismo científico ya en el siglo XIX, sin pasar por la derivación morfológica que sí sufrió peristaltismo. Ambas nombran el mismo fenómeno; solo cambia el camino que cada una recorrió hasta llegar aquí. La distensión de la pared de un órgano hueco por su propio contenido activa mecanorreceptores situados en la mucosa y la submucosa. Esa señal llega al plexo mientérico, la red neuronal (el plexo de Auerbach) alojada entre las capas musculares circular y longitudinal, que actúa con considerable independencia del sistema nervioso central. Ese patrón de respuesta es constante: contracción del músculo circular por detrás del punto de distensión y relajación del mismo músculo por delante, de modo que el contenido avanza en una única dirección. William Bayliss y Ernest Starling describieron este mecanismo en 1899 tras experimentar con el intestino de perros anestesiados, y lo bautizaron como la ley del intestino. El hallazgo tenía algo llamativo: el reflejo persistía incluso después de seccionar todos los nervios extrínsecos del tramo estudiado, lo que llevó a ambos fisiólogos a concluir que el control residía en el propio tejido intestinal, no en órdenes procedentes del cerebro. No todo el peristaltismo del organismo responde al mismo patrón. En el esófago se reconocen tres tipos. El primario se desencadena por la deglución voluntaria y recorre el órgano completo en ocho a diez segundos. El secundario aparece cuando el primero no ha logrado vaciar por completo la luz esofágica: la propia distensión residual dispara una segunda onda, esta vez sin que intervenga un nuevo acto de tragar. El terciario agrupa contracciones no propulsivas y desorganizadas que, en el adulto sano, deberían ser excepcionales. Fuera del tubo digestivo, el fenómeno se repite con variaciones locales. Los uréteres lo emplean para conducir la orina desde la pelvis renal hasta la vejiga. La vía biliar lo utiliza, en menor medida, para el tránsito de la bilis hacia el duodeno. Y la propia trompa uterina desarrolla ondas peristálticas que participan en el transporte del óvulo, un dato que conecta este término con la anatomía reproductiva femenina de forma menos conocida que su papel digestivo. El peristaltismo no agota el repertorio de movimientos del tubo digestivo. La segmentación consiste en contracciones locales, no propagadas, que mezclan el contenido sin desplazarlo en una dirección concreta; su función es facilitar el contacto entre el quimo y la mucosa, no propulsarlo. La antiperistalsis invierte el sentido habitual de la onda. Aparece de forma fisiológica en episodios puntuales y explica, entre otros fenómenos, el reflejo del vómito. La Real Academia Nacional de Medicina recoge además dos sinónimos poco usados hoy de peristaltismo: movimiento peristáltico y ondas peristálticas son equivalentes plenamente vigentes; enterocinesis, en cambio, figura como término en desuso, una reliquia de una época en la que la fisiología digestiva buscaba todavía su vocabulario propio. Sí, aunque su historia sea distinta. Peristalsis reproduce el cultismo griego con el sufijo -sis; peristaltismo se forma en el propio idioma añadiendo -ismo al adjetivo peristáltico. El resultado práctico es idéntico: ambas describen la misma onda de contracción. No. También ocurre en el esófago, el estómago, los uréteres, la vía biliar y las trompas uterinas, siempre que exista músculo liso dispuesto en capas circular y longitudinal. Los fisiólogos británicos citados en el apartado anterior, en un trabajo publicado ese mismo año en el Journal of Physiology. La denominación ley del intestino se mantuvo como referencia habitual durante buena parte del siglo XX, antes de que reflejo mientérico se impusiera en los textos actuales. No, salvo en su primer tramo. El acto de tragar es voluntario, pero, una vez que el bolo entra en el esófago, la onda peristáltica queda gobernada por el sistema nervioso entérico y escapa por completo al control consciente.Qué es el peristaltismo
El reflejo mientérico: cómo se desencadena
Variedad según el órgano y clasificación esofágica
Diferenciación con otros movimientos de la pared muscular
Preguntas frecuentes
¿Peristaltismo y peristalsis significan lo mismo?
¿Solo se produce en el intestino?
¿Quién describió por primera vez este mecanismo?
¿Es un proceso que se puede controlar de forma voluntaria?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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