DICCIONARIO MÉDICO
Fotocoagulación
La fotocoagulación es una técnica médica que utiliza energía lumínica concentrada para producir una coagulación controlada de los tejidos biológicos. Su principal campo de aplicación es la oftalmología, donde permite tratar lesiones de la retina y de otras estructuras oculares mediante quemaduras térmicas de precisión. El término procede del griego φῶς, φωτός (phōs, phōtós, "luz") y del latín coagulātĭo, -ōnis, derivado de coagulāre ("hacer cuajar"), que a su vez se relaciona con cogĕre ("reunir, juntar"). Su significado literal vendría a ser "acción de cuajar [tejidos] por medio de la luz". En la práctica clínica, la fotocoagulación consiste en dirigir un haz de luz de alta intensidad hacia un tejido diana. La energía luminosa es absorbida por los pigmentos presentes en ese tejido (melanina en el epitelio pigmentario de la retina, hemoglobina en los vasos sanguíneos) y se transforma en calor. Ese aumento localizado de temperatura provoca la desnaturalización de las proteínas y la formación de un coágulo tisular, un proceso que el cirujano controla mediante la duración, la potencia y el tamaño del impacto. La idea de emplear la luz como instrumento terapéutico sobre la retina surgió de una observación clínica inesperada. En 1946, el oftalmólogo alemán Gerhard Rudolf Edmund Meyer-Schwickerath (1920-1992) examinó a varios pacientes que presentaban cicatrices retinianas tras haber observado el eclipse solar del 9 de julio de 1945. Las quemaduras que la luz solar había dejado en sus retinas recordaban al efecto de la diatermia transescleral, que ya se utilizaba entonces para operar el desprendimiento de retina. Ahí vio Meyer-Schwickerath una posibilidad: si la luz concentrada era capaz de producir cicatrices retinianas, quizá podría usarse de forma deliberada para sellar desgarros o destruir vasos anómalos. Los primeros intentos utilizaron directamente la luz solar, pero su disponibilidad resultaba impredecible. La colaboración con el ingeniero óptico Hans Littmann, de Carl Zeiss en Oberkochen, dio lugar al fotocoagulador de arco de xenón, una fuente de luz artificial lo bastante potente para reproducir el efecto. El 22 de agosto de 1949, Meyer-Schwickerath realizó la primera fotocoagulación terapéutica sobre un paciente con amenaza de desprendimiento de retina. La llegada del láser a principios de la década de 1960 transformó la técnica. El láser de argón, descubierto por William Bridges en 1964, ofrecía un haz monocromático, coherente y de diámetro controlable que superaba con creces la precisión del arco de xenón. Hoy, la práctica totalidad de las fotocoagulaciones se realizan con láser, hasta el punto de que los términos "fotocoagulación" y "fotocoagulación láser" se emplean con frecuencia como sinónimos. El proceso depende de la absorción selectiva de la luz por parte de los cromóforos del tejido. En la retina, los dos cromóforos principales son la melanina del epitelio pigmentario retiniano (EPR) y la hemoglobina contenida en los eritrocitos. Cada uno absorbe preferentemente determinadas longitudes de onda, lo que permite seleccionar el tipo de láser en función de la estructura que se desea tratar. Cuando la energía del haz se convierte en calor, la temperatura del tejido se eleva de forma local. Por encima de 65 °C se produce la desnaturalización irreversible de las proteínas, y el resultado visible es una lesión blanquecina, una pequeña cicatriz que el oftalmólogo puede observar con el oftalmoscopio mientras trabaja. Esa retroalimentación visual inmediata es una de las ventajas de la técnica frente a otras formas de energía terapéutica. Las variables que el operador controla son la potencia del haz (en milivatios), la duración de cada pulso (habitualmente entre 0,05 y 0,5 segundos) y el diámetro del impacto (de 50 a 500 micras). Ajustando estos parámetros se consigue desde una quemadura leve que estimula la adherencia del EPR a la retina neurosensorial, hasta la destrucción completa de capas retinianas en las zonas periféricas. Según la extensión del área tratada y la finalidad clínica, se distinguen varias modalidades de fotocoagulación ocular. La fotocoagulación focal dirige impactos individuales sobre lesiones concretas (microaneurismas, puntos de fuga vascular) y se emplea sobre todo en el edema macular diabético. Cuando esos impactos se distribuyen en un patrón de rejilla sobre un área de engrosamiento difuso, la técnica recibe el nombre de fotocoagulación en rejilla o grid. En el extremo opuesto se sitúa la fotocoagulación panretiniana, que distribuye cientos o miles de impactos por toda la retina periférica respetando la mácula. Su objetivo es reducir la demanda metabólica de las zonas isquémicas para frenar la producción de factores proangiogénicos y, con ello, la neovascularización patológica. Fuera de la retina, la fotocoagulación se aplica también al cuerpo ciliar (ciclofotocoagulación) para reducir la producción de humor acuoso en determinados tipos de glaucoma, y a la malla trabecular (trabeculoplastia láser) para facilitar su drenaje. Porque la técnica es anterior al láser. Meyer-Schwickerath comenzó a coagular tejidos con luz solar y con arco de xenón en los años cuarenta, más de una década antes de que Theodore Maiman construyera el primer láser en 1960. El nombre describe el agente físico real (la luz, del griego phōs) y no el dispositivo concreto que la genera. En la práctica clínica actual, sí. Desde que el láser sustituyó al arco de xenón en la década de 1970, ambas expresiones se usan de forma intercambiable. No obstante, "fotocoagulación" es el término más amplio: abarca cualquier fuente lumínica capaz de producir coagulación tisular, mientras que "fotocoagulación láser" especifica el instrumento. Sí, aunque el uso oftalmológico es con diferencia el más frecuente. La fotocoagulación con láser se emplea también en dermatología para tratar lesiones vasculares cutáneas y en cirugía endoscópica para coagular vasos sangrantes en el tubo digestivo. La transparencia de los medios ópticos del ojo, sin embargo, convierte a la retina en el tejido ideal para esta técnica, porque la luz llega sin obstáculo hasta su diana. Depende. Los impactos leves sobre la retina periférica apenas generan molestia, y basta con anestesia tópica en forma de colirio. Cuando el número de impactos es elevado (como en la modalidad panretiniana, que puede requerir entre 1 200 y 2 000 disparos) o la intensidad es alta, algunos pacientes refieren una sensación punzante que puede requerir anestesia retrobulbar o peribulbar.Qué es la fotocoagulación
Origen histórico de la técnica
Mecanismo de acción fototérmico
Principales modalidades
Preguntas frecuentes
¿Por qué la palabra lleva el prefijo "foto" y no "láser"?
¿Fotocoagulación y fotocoagulación láser son lo mismo?
¿Puede aplicarse fuera del ojo?
¿El procedimiento produce dolor?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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