DICCIONARIO MÉDICO
Mácula
La mácula es la región central de la retina, de unos cinco a seis milímetros de diámetro, donde se concentra la mayor densidad de fotorreceptores de tipo cono. Es la zona encargada de la visión fina: leer, reconocer una cara o distinguir los colores depende de que esta pequeña área funcione bien. El término procede del latín macula (mancha), y en medicina designa también un tipo de lesión plana de la piel, un significado que conviene no confundir con el ocular. La mácula, o mácula lútea, es una zona ovalada situada cerca del centro de la retina, ligeramente desplazada hacia el lado temporal respecto al disco óptico. Su nombre completo, del latín macula lutea, significa mancha amarilla: ese color procede de la acumulación de pigmentos xantofílicos, sobre todo luteína y zeaxantina, que se depositan en sus capas y le dan un tono distinto al del resto de la retina. Lo que hace singular a esta región no es su tamaño, que es modesto, sino su composición. A diferencia del resto de la retina, donde conviven conos y bastones, aquí predominan casi en exclusiva los conos, los fotorreceptores responsables de la agudeza visual y de la percepción cromática en condiciones de buena iluminación. La densidad es altísima. Por eso, cuando alguien fija la mirada en un objeto, los rayos de luz enfocados por la córnea y el cristalino convergen justamente sobre la mácula. Dentro de la mácula se anida una depresión aún más especializada, la fóvea, de aproximadamente 1,5 milímetros de diámetro. Es el punto de máxima agudeza. En ella las capas internas de la retina se apartan lateralmente, de modo que la luz alcanza los conos con una dispersión mínima antes de ser transformada en señal nerviosa. La fóvea es además avascular: carece de vasos sanguíneos en su centro, una particularidad que en las exploraciones del fondo de ojo se conoce como zona avascular foveal. En el corazón mismo de la fóvea hay una región todavía más diminuta, la foveola, de unos 0,35 milímetros. Aquí solo hay conos densamente empaquetados, sin bastones, sin vasos y sin las capas retinianas internas. Es el punto donde la resolución visual del ojo humano alcanza su máximo. De la mácula hacia la foveola, por tanto, se produce una especialización creciente: cada nivel prescinde de algo para ganar nitidez. El campo visual humano es amplio, pero no todo él ve con el mismo detalle. La visión periférica, sostenida por los bastones repartidos por el resto de la retina, detecta movimiento y funciona bien con poca luz, aunque es borrosa e imprecisa. La visión central, en cambio, es la que permite el trabajo fino, y esa recae por completo en la mácula. Cuando esta zona se lesiona, el centro de la imagen se vuelve borroso o aparece un vacío, mientras que lo que rodea a ese punto sigue viéndose. El paciente puede intuir la silueta de una persona y no ser capaz de reconocer su rostro. Los pigmentos amarillos que dan nombre a la mácula cumplen además una función protectora. La luteína y la zeaxantina absorben parte de la luz azul y actúan como filtro frente al daño oxidativo, lo que ayuda a preservar unos fotorreceptores que, a diferencia de otras células, no se renuevan. La misma palabra nombra dos realidades que nada tienen que ver. En dermatología, una mácula es una lesión plana de la piel: un cambio de color en una zona delimitada, sin relieve ni depresión, que no se palpa. Puede deberse a un exceso o defecto de pigmento (como en las manchas café con leche o en el vitíligo), a una alteración vascular o a la salida de sangre a los tejidos. La distinción con la pápula, que sí es una lesión elevada, es uno de los primeros criterios que aprende quien estudia semiología cutánea. Ambos usos comparten origen: el latín macula, mancha. En el ojo la palabra alude al pigmento amarillo que colorea la zona; en la piel, a la mancha visible sobre el tegumento. Nada más los une. Existe, por último, una tercera acepción anatómica, la mácula densa, un grupo de células del riñón que también toma su nombre de esa idea de acúmulo denso y compacto. Del latín macula, que significa mancha. En el caso del ojo, el nombre completo es macula lutea, mancha amarilla, por el color que le dan los pigmentos que acumula. La misma raíz explica que en dermatología se llame mácula a una mancha cutánea. No. La fóvea es una parte de la mácula, no un sinónimo. La mácula es toda la región central de la retina; la fóvea es la depresión que ocupa su centro y donde la visión es más nítida. Dentro de la fóvea está a su vez la foveola, el punto de máxima agudeza. Comparten nombre y etimología, pero son cosas completamente distintas. La mácula ocular es una estructura anatómica de la retina dedicada a la visión de detalle. La mácula dermatológica es una lesión: una mancha plana en la piel, definida por un cambio de color sin relieve. El contexto de la conversación deja claro a cuál se refiere cada quien. Por la luteína y la zeaxantina, dos pigmentos de la familia de las xantofilas que se depositan en sus capas. Además de dar color, filtran parte de la luz azul y ofrecen cierta protección frente al daño oxidativo de los fotorreceptores.Qué es la mácula
Estructura interna: fóvea y foveola
Por qué es tan importante para la visión
Mácula ocular y mácula cutánea: dos significados distintos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra mácula?
¿Es lo mismo la mácula que la fóvea?
¿Qué diferencia hay entre la mácula del ojo y la de la piel?
¿Por qué es amarilla la mácula?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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