DICCIONARIO MÉDICO
Fertilidad
La fertilidad es la capacidad biológica de un organismo para concebir descendencia viable. En el ser humano, este concepto engloba la integridad anatómica y funcional del aparato reproductor tanto masculino como femenino, la producción de gametos competentes, la posibilidad de que se produzca la fertilización y la capacidad del organismo materno de sostener la gestación hasta el parto. La fertilidad designa, en sentido estricto, la aptitud reproductiva de un individuo o de una pareja: la posibilidad real de que la unión de un óvulo y un espermatozoide se traduzca en un embarazo viable. El término procede del latín fertilitas, -atis, derivado del adjetivo fertilis, que a su vez se formó a partir del verbo ferre ("llevar, portar, dar fruto") con el sufijo -ilis, indicador de capacidad. En su acepción original, fertilis significaba "capaz de dar fruto" y se aplicaba tanto a la tierra como a los seres vivos; la restricción al ámbito reproductivo se consolidó a medida que la medicina adoptó el latín científico. El Diccionario de la lengua española de la RAE recoge "fertilidad" con la acepción de «cualidad de fértil», aplicable al terreno agrícola y al organismo vivo. En medicina reproductiva, la palabra ha adquirido una precisión propia: no se refiere solo a la capacidad teórica de procrear, sino al conjunto de condiciones hormonales, gamáticas, anatómicas y fisiológicas que la hacen posible en la práctica. En la mujer, la fertilidad depende de la presencia de ciclos ováricos con ovulación regular, de la calidad del oocito liberado, de la permeabilidad y funcionalidad de las trompas de Falopio (lugar habitual de la fertilización), de la receptividad del endometrio para la implantación del embrión y de un eje hormonal hipotálamo-hipófiso-ovárico en equilibrio. La reserva ovárica, es decir, el número de folículos primordiales que persisten en los ovarios, constituye un determinante biológico mayor de la fertilidad femenina. Las mujeres nacen con una dotación finita de folículos (entre uno y dos millones al nacer, reducidos a unos 300 000-400 000 en la pubertad) que va disminuyendo a lo largo de la vida sin posibilidad de regeneración. Ese descenso es gradual durante la tercera década y se acelera a partir de los 35-37 años. En el varón, la fertilidad requiere una espermatogénesis activa que produzca espermatozoides en número, movilidad y morfología adecuados, junto con la integridad de las vías seminales y una función eyaculatoria normal. El varón, en cambio, genera espermatozoides de forma continua durante toda la vida adulta, si bien la calidad espermática tiende a disminuir con la edad a partir de los 40-45 años: aumenta la proporción de espermatozoides con fragmentación del ADN y se incrementa ligeramente la tasa de mutaciones de novo. Dentro de cada ciclo menstrual, la fertilización solo es posible durante un periodo limitado, conocido como ventana fértil. Se extiende desde unos cinco días antes de la ovulación (tiempo máximo de supervivencia de los espermatozoides en el tracto genital femenino) hasta unas 12-24 horas después de la liberación del oocito. La probabilidad de concepción es máxima en los dos días previos a la ovulación y en el día de la ovulación misma, y desciende rápidamente después. En epidemiología reproductiva se utiliza el término fecundabilidad para cuantificar la probabilidad de que una pareja conciba en un solo ciclo menstrual con relaciones no protegidas. En parejas jóvenes sin problemas de fertilidad, esa probabilidad se sitúa aproximadamente entre el 20 y el 30 % por ciclo, lo que significa que entre el 80 y el 90 % de las parejas logran el embarazo dentro del primer año. Cuando no se produce el embarazo tras doce meses de relaciones regulares sin protección (o seis meses si la mujer tiene más de 35 años), se justifica iniciar un estudio de infertilidad. Aunque en el uso coloquial se emplean como sinónimos, la medicina y la demografía distinguen fertilidad y fecundidad. La fertilidad es la capacidad potencial de reproducirse; la fecundidad es la realización efectiva de esa capacidad, medida habitualmente por el número de hijos nacidos vivos. Una persona puede ser fértil y tener fecundidad cero (si no se reproduce) o presentar una fecundidad inferior a su potencial biológico por factores sociales, económicos o de decisión personal. La distinción no es meramente académica: en los estudios de salud reproductiva, confundir ambos conceptos conduce a interpretaciones erróneas de los datos poblacionales. La edad es el factor aislado que más influye en la fertilidad, especialmente en la mujer. La etapa de mayor capacidad reproductiva se sitúa entre los 20 y los 30 años; a partir de los 35, el descenso se acentúa de forma progresiva, y por encima de los 40 la probabilidad de concepción espontánea cae significativamente. Otros factores con influencia demostrada incluyen el índice de masa corporal (tanto la obesidad como el bajo peso alteran la ovulación), el tabaquismo (que acelera la depleción folicular y reduce la calidad ovocitaria), el consumo excesivo de alcohol, la exposición a tóxicos ambientales como pesticidas y metales pesados, y determinadas enfermedades endocrinas o metabólicas. Del latín fertilitas, -atis, formado sobre el adjetivo fertilis ("capaz de dar fruto"), que a su vez deriva del verbo ferre ("llevar, portar"). La raíz indoeuropea es *bher- ("cargar, llevar"), la misma que subyace en el inglés to bear y en el castellano "parir" (por vía diferente). El sentido original se aplicaba a la tierra productiva; la extensión al organismo vivo, y en particular a la capacidad reproductiva humana, es posterior. Depende del sexo. En la mujer, el descenso es gradual desde los 30 años y se acelera a partir de los 35-37, coincidiendo con una disminución más rápida de la reserva ovárica y un aumento de las alteraciones cromosómicas en los oocitos. En el varón, el efecto de la edad es más tardío y menos pronunciado: los parámetros seminales empiezan a deteriorarse de manera apreciable a partir de los 40-45 años, con aumento de la fragmentación del ADN espermático. No. La fertilidad es la capacidad de reproducirse; la fecundidad es el resultado demográfico concreto, medido como el número de hijos nacidos vivos. Una mujer fértil que decide no tener hijos tiene fertilidad conservada y fecundidad cero. La demografía utiliza la tasa de fecundidad (general, específica por edad, total) como indicador poblacional, mientras que la medicina habla de fertilidad cuando se refiere a la aptitud biológica individual. En muchos casos, sí. La corrección de factores modificables como la obesidad, el bajo peso, el tabaquismo o el estrés crónico puede mejorar la función ovárica y la calidad espermática. Determinadas endocrinopatías reversibles (hipotiroidismo, hiperprolactinemia) responden al abordaje médico con recuperación completa de la ovulación. La cirugía tubárica restauradora ha demostrado eficacia cuando la infertilidad obedece a una obstrucción mecánica de las trompas de Falopio. Si desea profundizar en conceptos asociados a la fertilidad, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la fertilidad
Condiciones de la fertilidad en la mujer y en el varón
La ventana fértil y el concepto de fecundabilidad
Diferencia entre fertilidad y fecundidad
Factores que modifican la fertilidad
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "fertilidad"?
¿A partir de qué edad baja la fertilidad?
¿Es lo mismo fertilidad que fecundidad?
¿Puede recuperarse la fertilidad de forma natural?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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