DICCIONARIO MÉDICO
Óvulo
El óvulo es la célula sexual femenina, el gameto que se forma en el ovario mediante la ovogénesis y que, tras la ovulación, puede fusionarse con un espermatozoide en la fecundación. Es una célula haploide, la más voluminosa del cuerpo humano, y carece de capacidad de desplazamiento propio. La palabra desciende del latín científico ovulum, diminutivo de ovum, «huevo»: literalmente, «huevecillo». El francés ovule, documentado en 1798 en el ámbito de la botánica, difundió el término por Europa; el inglés lo adoptó en 1821, ya con el sentido zoológico de gameto. En español apareció impreso por primera vez en 1839, todavía con acepción botánica, en un resumen de las actas de la Academia de Ciencias Naturales de Madrid. En 1884, la Real Academia Española lo incorporó a su diccionario. Hoy recoge dos acepciones: la biológica, que nos ocupa aquí, y la botánica, la estructura del ovario floral que precede a la semilla. Existe además una tercera acepción, de uso farmacéutico, que designa un medicamento con forma semejante a la del óvulo biológico: es un término distinto, con historia y regulación propias, que se trata en la entrada óvulo vaginal. Las ovogonias proliferan por mitosis durante la vida fetal y se transforman en ovocitos primarios antes del nacimiento. Al nacer, cada niña dispone de entre uno y dos millones de folículos primordiales, cada uno con un ovocito detenido en la profase de la primera división meiótica. Ese arresto se prolonga, en algunos folículos, más de cuarenta años. Con cada ciclo a partir de la pubertad, el pico de LH reactiva la meiosis I en el folículo dominante: se forma el ovocito secundario y un primer corpúsculo polar, mucho más pequeño, que recibe una fracción mínima del citoplasma. El ovocito secundario entra de inmediato en la meiosis II y vuelve a detenerse, esta vez en metafase. Ahí queda, en suspenso, hasta la fecundación o hasta que el óvulo se pierda sin ser fecundado. Lo que el ovario expulsa en la ovulación es, en sentido estricto, un ovocito secundario detenido en metafase II, no un óvulo ya maduro: la meiosis II solo se completa si un espermatozoide lo fecunda, momento en el que se libera el segundo corpúsculo polar. El propio Diccionario de la lengua española define ovocito como «óvulo en diferenciación», reconociendo la distinción. En el lenguaje clínico y de divulgación, sin embargo, «óvulo» se usa sin matices tanto para el gameto ya maduro como para el ovocito liberado en la ovulación. El óvulo mide unos 150 micrómetros de diámetro: es, por volumen, la mayor célula del cuerpo humano y una de las pocas visibles, apenas, a simple vista. Está rodeado por dos envolturas. La más interna, la zona pelúcida, es una capa de glucoproteínas (ZP1, ZP2 y ZP3) secretada conjuntamente por el ovocito y las células foliculares; interviene en el reconocimiento del espermatozoide y, tras la fecundación, se endurece para impedir la entrada de uno segundo. La más externa, la corona radiada, está formada por células foliculares que nutren al ovocito y que se dispersan poco después de la ovulación. Bajo esas envolturas, el citoplasma contiene gránulos corticales que se liberan en el momento de la fecundación como parte del bloqueo a la polispermia. No es una célula pasiva: acumula mitocondrias, ARN mensajero y reservas que sostendrán las primeras divisiones del embrión antes de la implantación. De los uno a dos millones de folículos presentes al nacer, la mayoría no llega nunca a la ovulación: se pierden por atresia a lo largo de la infancia y de la vida fértil. Se calcula que hacia los 25 años quedan unos 65.000 folículos, unos 16.000 hacia los 35, y en torno a mil en el momento de la menopausia. Solo unos cuatrocientos óvulos, a lo largo de toda la vida reproductiva de una mujer, llegan a ser liberados. Estrictamente, no. El ovocito es la célula en proceso de maduración; el óvulo, en sentido biológico estricto, es el resultado final tras completar la meiosis con la fecundación. En la práctica, el uso corriente difumina esta frontera. Ambas palabras comparten la misma raíz latina, ovum, pero siguieron caminos distintos. El español añade una hache a las palabras que empiezan por el diptongo hue-, de ahí «huevo»; «óvulo», al entrar directamente como cultismo científico desde el latín, sin pasar por esa evolución fonética, quedó al margen de la regla. De los varios folículos reclutados al inicio del ciclo, lo habitual es que solo uno llegue a dominante y ovule. El resto degenera antes de alcanzar la madurez.Qué es el óvulo
De ovogonia a óvulo: la ovogénesis
Un término que no siempre corresponde a lo que se libera
Estructura
Reserva ovárica
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo óvulo que ovocito?
¿Por qué «huevo» se escribe con hache y «óvulo» no?
¿Puede madurar más de un óvulo en el mismo ciclo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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