DICCIONARIO MÉDICO
Espermatozoide
El espermatozoide es el gameto masculino, una célula haploide altamente especializada cuya función consiste en transportar la dotación genética paterna hasta el ovocito y fusionarse con él para iniciar el desarrollo embrionario. Se trata de una de las células más diferenciadas del organismo humano. Procede de la espermatogénesis, el proceso que transforma a las espermatogonias en gametos maduros dentro de los túbulos seminíferos del testículo. El nombre tiene una historia etimológica curiosa: llegó al español a través del francés spermatozoïde, acuñado a partir del griego σπέρμα (spérma, «semilla»), ζῷον (zôion, «ser vivo, animal») y el sufijo -oïde («con forma de»). Literalmente, pues, «lo que tiene forma de animal de la semilla», un reflejo de las primeras observaciones microscópicas, cuando estas células se confundían con organismos parásitos del semen. Fue Anton van Leeuwenhoek quien las describió por primera vez en 1677, tras examinar muestras de semen con un microscopio de lente simple. Las llamó animalcula (animálculos). Poco después, Nicolaas Hartsoeker propuso la célebre imagen del homúnculo encerrado en la cabeza del espermatozoide, una hipótesis preformista que no se abandonó hasta bien entrado el siglo XIX. Mide en torno a 50-60 micrómetros de longitud total, de los cuales apenas 4-5 corresponden a la cabeza. Se distinguen tres regiones con funciones bien diferenciadas. Cabeza. Contiene un núcleo muy condensado (el ADN está empaquetado con protaminas, no con histonas, lo que reduce su volumen entre cinco y diez veces en comparación con el de una célula somática corriente). En el polo anterior se sitúa el acrosoma, una vesícula derivada del aparato de Golgi que almacena enzimas hidrolíticas necesarias para atravesar las cubiertas del ovocito durante la fecundación. La reacción acrosómica, de hecho, solo se desencadena una vez que el espermatozoide entra en contacto con la zona pelúcida. Pieza intermedia. Conecta la cabeza con el flagelo. Aquí se concentran las mitocondrias, dispuestas en espiral apretada alrededor del axonema. Esta vaina mitocondrial genera el ATP que alimenta el movimiento flagelar. Se la ha descrito como la «central energética» del espermatozoide, una imagen que resulta bastante gráfica aunque simplifica la complejidad del metabolismo espermático. Cola (flagelo). Es la región más larga. Su esqueleto es el axonema, un complejo de microtúbulos dispuestos según el patrón 9+2 (nueve dobletes periféricos y un par central), rodeado a su vez por fibras densas externas que aportan rigidez. El movimiento del flagelo tiene un patrón ondulatorio que impulsa a la célula a una velocidad de unos 3 milímetros por minuto en condiciones óptimas. Los espermatozoides que abandonan el testículo no son todavía plenamente funcionales. Necesitan completar dos etapas de maduración postesticular. La primera tiene lugar en el epidídimo, donde adquieren motilidad progresiva y sufren modificaciones en las proteínas de membrana que les permitirán, más adelante, reconocer al ovocito. Este tránsito epididimario puede durar entre 10 y 14 días. La segunda etapa es la capacitación, que ocurre ya en el tracto reproductor femenino. Consiste en una serie de cambios bioquímicos (eliminación de colesterol de la membrana, aumento de la fluidez lipídica, activación de canales de calcio) que preparan al espermatozoide para la reacción acrosómica. Sin capacitación, la célula no puede penetrar las cubiertas del ovocito. El fenómeno fue descrito de forma simultánea e independiente por Min Chueh Chang y por Colin Russell Austin en 1951. Cada espermatozoide porta 22 autosomas y un cromosoma sexual, que puede ser X o Y. Si el espermatozoide que fecunda al ovocito lleva un cromosoma X, el embrión resultante será femenino (46,XX); si lleva un Y, será masculino (46,XY). Toda la información necesaria para determinar el sexo genético reside, por tanto, en el espermatozoide y no en el ovocito. Del griego σπέρμα (spérma, «semilla»), ζῷον (zôion, «ser vivo») y el sufijo francés -oïde («con forma de»). La palabra se difundió en el siglo XIX a partir de la terminología biológica francesa. Según los valores de referencia de la OMS (sexta edición, 2021), una muestra de semen normal contiene al menos 39 millones de espermatozoides en el volumen total del eyaculado, con una concentración de 16 millones por mililitro o más. Estas cifras marcan el percentil 5 de la distribución en varones fértiles, no un umbral absoluto de fertilidad. Depende del contexto. En uso coloquial, esperma y espermatozoide se emplean a menudo como sinónimos. En terminología médica precisa, esperma designa el semen (el líquido eyaculado completo, que incluye secreciones de las vesículas seminales y la próstata además de los espermatozoides), mientras que espermatozoide se refiere exclusivamente a la célula reproductora. Fuera del organismo y expuestos al aire, los espermatozoides pierden viabilidad en cuestión de minutos a pocas horas, según la temperatura y la humedad. Dentro del tracto reproductor femenino, la supervivencia puede prolongarse hasta 3 a 5 días en condiciones favorables. Si desea profundizar en conceptos asociados al espermatozoide, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el espermatozoide
Estructura morfológica
De la eyaculación a la fecundación
Determinación del sexo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra espermatozoide?
¿Cuántos espermatozoides contiene una eyaculación normal?
¿Es lo mismo espermatozoide que esperma?
¿Cuánto tiempo sobrevive un espermatozoide fuera del cuerpo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026