DICCIONARIO MÉDICO
Estrés
El estrés es la respuesta fisiológica inespecífica del organismo ante cualquier estímulo, físico o psíquico, que le impone una exigencia de adaptación. Implica la activación del eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal y del sistema nervioso autónomo. Un cierto grado de estrés no resulta perjudicial; los problemas aparecen cuando la demanda sobrepasa de forma sostenida la capacidad de respuesta del individuo. La palabra procede del inglés stress, que a su vez deriva del latín stringere («apretar», «oprimir») a través del francés antiguo estrece y del inglés medio stresse. Hasta bien entrado el siglo XX, el término pertenecía a la física y a la ingeniería, donde designaba la tensión interna que soporta un material sometido a una fuerza externa. Fue el médico y fisiólogo austrohúngaro Hans Selye quien lo trasladó a la biología en 1936. Selye trabajaba entonces en la Universidad McGill, en Montreal, y andaba inyectando extractos de ovario a ratas en busca de una nueva hormona sexual. Los animales desarrollaban un cuadro estereotipado: hipertrofia de la corteza suprarrenal, atrofia del timo y úlceras gastrointestinales. Pero lo curioso es que las ratas del grupo control, a las que inyectaba suero salino, también enfermaban. Selye comprendió que no era la sustancia lo que provocaba la respuesta, sino el acto mismo de inyectar, manipular y estresar al animal. Publicó sus conclusiones en una nota breve en Nature, con un título deliberadamente neutro: «Un síndrome producido por diversos agentes nocivos». A partir de aquella observación, Selye formuló el Síndrome General de Adaptación (SGA), un modelo que describe tres fases secuenciales en la respuesta de estrés. En la fase de alarma, el organismo detecta el estímulo amenazante y se activan dos ejes de respuesta casi simultáneos. El más rápido es el simpático-adrenomedular: el hipotálamo envía una señal que en pocos segundos eleva la secreción de adrenalina y noradrenalina por la médula suprarrenal. El segundo eje, más lento pero con efectos más duraderos, es el hipotálamo-hipofisario-suprarrenal (HPA): la hormona liberadora de corticotropina (CRH) estimula la hipófisis, que a su vez libera ACTH, y esta actúa sobre la corteza de la glándula suprarrenal para aumentar la producción de cortisol. Si el estímulo persiste, el organismo entra en la fase de resistencia. Las funciones que se habían alterado durante la alarma tienden a normalizarse, y el cuerpo mantiene un nivel de activación elevado pero compatible con la vida cotidiana. El coste de esa adaptación no es nulo: Selye hablaba de una «energía de adaptación» finita, una metáfora que la investigación posterior ha matizado pero no descartado del todo. Cuando el estresor se prolonga más allá de lo que el organismo puede tolerar, sobreviene la fase de agotamiento. Los mecanismos de defensa se debilitan, los niveles hormonales pierden su regulación fina y aparecen las consecuencias orgánicas. El propio Selye constató en sus ratas que, en esta fase, reaparecían las lesiones de la fase de alarma, pero ya irreversibles. El lenguaje cotidiano asocia «estrés» con algo siempre negativo, pero Selye distinguió dos formas. El eustrés (del griego εὖ, «bien») es la respuesta adaptativa que resulta incluso beneficiosa: la tensión que impulsa a rendir en un examen, la alerta que agudiza los reflejos al volante. El distrés (del prefijo latino dis-, «malo» o «difícil») es la respuesta que desborda la capacidad del individuo y se vuelve patológica. La frontera entre uno y otro no depende solo de la intensidad del estímulo, sino de la evaluación subjetiva que la persona hace de sus recursos para afrontarlo. Del inglés stress, que en el siglo XIV significaba «sufrimiento» o «padecimiento». A lo largo de los siglos XVII y XVIII, la ingeniería se apropió del término para designar la tensión interna de un material. Hans Selye lo introdujo en la medicina en 1936, cuando buscaba un vocablo que expresara la respuesta biológica inespecífica a cualquier exigencia. En sus memorias reconoció que, de haber dominado mejor el inglés en aquel momento, quizá habría elegido la palabra strain (deformación), que habría sido más precisa desde el punto de vista físico. Hans Hugo Bruno Selye (1907-1982) nació en Viena, se formó como médico en Praga y emigró a Canadá, donde desarrolló casi toda su carrera. Fue profesor y director del Instituto de Medicina y Cirugía Experimental de la Universidad de Montreal. Publicó más de 1 700 artículos y unos 40 libros. Su obra The Stress of Life (1956) popularizó el concepto de estrés fuera del ámbito académico. No. El propio Selye insistió en que un grado moderado de activación (eustrés) es necesario para el rendimiento y la supervivencia. El problema no es la respuesta en sí, sino su intensidad y su duración. El estrés crónico, mantenido durante semanas o meses, se asocia con alteraciones inmunológicas, cardiovasculares, metabólicas y del estado de ánimo. Son conceptos relacionados pero distintos. El estrés es una respuesta del organismo a un estímulo identificable. La ansiedad puede aparecer sin un desencadenante externo claro, como anticipación de una amenaza percibida. En muchos casos, un periodo de estrés prolongado desemboca en un estado de ansiedad que persiste incluso después de que el factor desencadenante ha desaparecido. El trastorno de estrés postraumático ilustra bien esa transición: un evento estresante concreto genera una respuesta que se cronifica más allá del acontecimiento original. Si desea ampliar información sobre la fisiología del estrés y sus consecuencias, puede consultar:Qué es el estrés
El Síndrome General de Adaptación
Eustrés y distrés
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra estrés?
¿Quién fue Hans Selye?
¿El estrés siempre es malo?
¿Es lo mismo estrés que ansiedad?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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