DICCIONARIO MÉDICO
Respuesta de estrés
La respuesta de estrés es el conjunto coordinado de cambios nerviosos y hormonales que el organismo pone en marcha cuando percibe una amenaza o una exigencia que supera su capacidad habitual de adaptación. No es un solo mecanismo, sino dos sistemas que actúan en escalas de tiempo distintas: uno inmediato, de segundos, y otro que se despliega y se sostiene durante horas o días. El fisiólogo de Harvard Walter Cannon describió el componente rápido en 1915, en un libro que dio nombre a la respuesta de "lucha o huida": una descarga del sistema nervioso simpático y de la médula suprarrenal que en cuestión de segundos acelera el corazón, redirige el flujo sanguíneo hacia los músculos y libera adrenalina al torrente circulatorio. Ese mecanismo, ya descrito en las entradas dedicadas a la actividad simpaticoadrenal y a la adrenalina, no se repite aquí. Minutos, no segundos, es lo que tarda en activarse el otro componente, el que pasa por el hipotálamo, la hipófisis y la corteza suprarrenal antes de elevar el cortisol en sangre; y horas, no minutos, es lo que tarda en apagarse. Los detalles de esa cascada hormonal, el eje que la sostiene y su papel en el mantenimiento de la homeostasia corporal están desarrollados en la entrada dedicada al estrés en general. Aquí interesa otra cosa: qué ocurre cuando esa respuesta se sostiene en el tiempo. En 1936, un joven bioquímico de la Universidad McGill llamado Hans Selye publicó en Nature una carta de apenas setenta y cuatro líneas. Había expuesto ratas a agentes muy distintos entre sí (frío, cirugía, sección de la médula espinal, ejercicio agotador, dosis no letales de adrenalina, atropina o morfina) y observó siempre el mismo patrón de respuesta, con independencia del agente que lo hubiera desencadenado. Tituló el hallazgo "A syndrome produced by diverse nocuous agents"; la palabra "nocuous" no era la que había escrito, sino la que el editor de la revista prefirió a su "noxious" original. Selye distinguió tres fases. En la de alarma, que se resuelve en horas, los órganos linfáticos como el timo se atrofian con rapidez y aparecen erosiones digestivas agudas. Si el agente persiste, el organismo entra en la fase de resistencia: la corteza suprarrenal se hipertrofia, la secreción hormonal se reorienta hacia las hormonas adrenocorticales y el cuerpo parece haberse adaptado, a costa de relegar funciones como el crecimiento o la reproducción. Si la exigencia no cede, llega la fase de agotamiento, en la que reaparecen los signos de la alarma inicial y la capacidad de adaptación se agota de verdad. Diecisiete nominaciones al Nobel a lo largo de su carrera, y ninguna se tradujo en el premio. Su modelo, sin embargo, sigue siendo la referencia obligada para explicar por qué el estrés sostenido enferma de una forma que el estrés puntual no consigue. El esquema de Selye describe fases, pero no explica del todo por qué a veces el sistema falla incluso sin que la amenaza persista. En 1988, Peter Sterling y Joseph Eyer propusieron el término alostasis, "estabilidad mediante el cambio", para describir cómo el organismo ajusta continuamente sus parámetros internos en lugar de defender un único valor fijo. Bruce McEwen y Eliot Stellar dieron un paso más en 1993 con el concepto de carga alostática: el desgaste que se acumula cuando esos sistemas de respuesta se activan con demasiada frecuencia, o cuando no se desactivan a tiempo tras cada episodio. Esa carga, no la respuesta en sí, es la que los estudios actuales relacionan con hipertensión, deterioro cognitivo y un envejecimiento acelerado del sistema cardiovascular. La respuesta de estrés, bien mirado, no es el problema. El problema es no poder apagarla. No. El estrés es el fenómeno general, la exigencia de adaptación y el desequilibrio que provoca; la respuesta de estrés es, en concreto, la maquinaria fisiológica que el organismo activa para hacerle frente. El fisiólogo estadounidense Walter Cannon, en su libro de 1915 "Bodily Changes in Pain, Hunger, Fear and Rage". Describió cómo tanto una amenaza física real como un simple sobresalto emocional desencadenan la misma descarga de adrenalina. Porque no se trata de fatiga muscular ni de sueño insuficiente, sino del punto en el que los recursos adaptativos del organismo, tras haberse reorientado durante la fase de resistencia, dejan de bastar. Selye la describió observando que los signos de la fase de alarma, que en teoría ya se habían superado, volvían a aparecer, esta vez sin que el organismo dispusiera de margen para recuperarse.Dos velocidades, un mismo objetivo
El síndrome general de adaptación
La revisión posterior: alostasis
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo la respuesta de estrés que el estrés?
¿Quién acuñó la expresión "lucha o huida"?
¿Por qué la fase de agotamiento del síndrome de Selye es distinta de un simple cansancio?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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