DICCIONARIO MÉDICO
Trastorno de estrés postraumático
El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es un cuadro psiquiátrico que puede aparecer tras la exposición a un suceso que ha supuesto una amenaza real de muerte, lesión grave o violencia sexual, propia o ajena. Es, dentro de la nosología psiquiátrica actual, una rareza: casi el único diagnóstico mental que exige, como criterio de entrada, una causa externa identificable. La palabra trauma procede del griego τραῦμα, "herida", un sentido puramente físico que ya empleaba Hipócrates. El giro hacia el significado psicológico es mucho más tardío y no se consolida hasta finales del siglo XIX. Lo distintivo del TEPT frente a otros trastornos de ansiedad no es la intensidad del malestar, sino la exigencia de un antecedente concreto: sin ese suceso desencadenante, sencillamente no hay diagnóstico posible. Las descripciones de reacciones extremas ante el combate son antiguas: ya aparecen en la Ilíada y la Odisea de Homero. Pero como categoría médica formal el recorrido es mucho más corto y mucho más accidentado. El primer Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, de 1952, incluyó la reacción de estrés grave, pensada sobre todo para combatientes. La segunda edición, publicada en 1968 en pleno pico de la ofensiva del Tet, eliminó esa categoría sin más y la sustituyó por el impreciso trastorno adaptativo de la vida adulta. El acta de nacimiento real del diagnóstico llegó doce años después, y de la mano de la propia guerra que su ausencia había dejado sin nombrar. De los aproximadamente 700.000 veteranos de Vietnam que necesitaron algún tipo de ayuda psicológica surgió lo que entonces se llamó, de forma coloquial, síndrome post-Vietnam. El psiquiatra Chaim Shatan, junto con Robert Jay Lifton, impulsó entre 1975 y 1980 el Vietnam Veterans Working Group, un grupo de trabajo que delimitó los criterios que la Asociación Americana de Psiquiatría terminaría incorporando al DSM-III de 1980 bajo el nombre de trastorno de estrés postraumático. En su versión original, el diagnóstico se apoyaba en 27 síntomas heredados de la antigua noción de "neurosis traumática". Durante más de tres décadas, el TEPT figuró entre los trastornos de ansiedad. La quinta edición del manual, publicada en 2013, le abrió un capítulo propio, los trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, que agrupa también el trastorno por estrés agudo, el trastorno adaptativo y los trastornos de apego de la infancia. El cambio no fue cosmético: reconocía que la exposición al suceso, y no la ansiedad en sí, es el eje que organiza este grupo de cuadros. Los criterios diagnósticos actuales se organizan en cuatro bloques: reexperimentación del suceso, evitación de los recuerdos asociados, alteraciones negativas del pensamiento y del estado de ánimo, y una alteración persistente de la activación y la reactividad. El DSM-5 añadió además un subtipo disociativo, en el que despersonalización y desrealización dominan el cuadro clínico por encima del resto de manifestaciones. Los datos varían mucho según el país y el tipo de trauma estudiado. En España, un análisis de 2015 situó la prevalencia anual en el 0,6 % de la población y la prevalencia a lo largo de la vida en el 2,2 %, con un riesgo general de desarrollar el trastorno tras un suceso traumático del 3,3 %. La violencia sexual fue, de todos los tipos de trauma considerados, la más asociada al diagnóstico; la violencia física, paradójicamente, la que menos. No debe confundirse con el síndrome postraumático, una entidad neurológica distinta ligada a la conmoción cerebral que comparte nombre pero no naturaleza. Tampoco equivale al trastorno por estrés agudo, reservado para cuadros de menos de un mes de evolución, ni al trastorno adaptativo, que no exige un suceso de la gravedad exigida aquí. Vivir una experiencia difícil no basta: la mayoría de las personas expuestas a un suceso potencialmente traumático no desarrolla el trastorno. No. El criterio de entrada exige una amenaza real de muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea vivida en primera persona, presenciada o conocida de cerca. Un disgusto, por intenso que sea, no cumple ese umbral. Desde 1980, año en que el DSM-III lo incorporó como entidad independiente. Antes de esa fecha, cuadros parecidos se llamaban neurosis de guerra o, en la Primera Guerra Mundial, shell shock. No. Comparten una raíz en el nombre, pero el síndrome postraumático es un cuadro neurológico ligado a un golpe en la cabeza, mientras que este trastorno es una entidad psiquiátrica que puede surgir sin traumatismo físico alguno. Porque durante treinta años convivió, algo forzadamente, con los trastornos de ansiedad, cuando lo que define al cuadro no es la ansiedad sino la exposición a un suceso concreto. El nuevo capítulo, trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, hizo de esa exposición el criterio organizador.Qué es el trastorno de estrés postraumático
Historia de un diagnóstico reciente
Un cambio de capítulo en el DSM-5
Epidemiología
Diferenciación con otros cuadros
Preguntas frecuentes
¿Cualquier mal trago puede desencadenar un trastorno de estrés postraumático?
¿Desde cuándo existe este diagnóstico?
¿Es lo mismo que el síndrome postraumático?
¿Por qué el DSM-5 le dedicó un capítulo propio en 2013?
Referencias
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