DICCIONARIO MÉDICO
Estafiloma posterior
El estafiloma posterior es una protrusión circunscrita de la pared del globo ocular en su polo posterior, donde la esclerótica adelgazada se abomba hacia fuera adoptando un radio de curvatura menor que el del ojo circundante. Constituye el signo que define la miopía patológica y se detecta en aproximadamente la mitad de los pacientes con miopía magna. Dentro de la clasificación general del estafiloma, la variante posterior es, con diferencia, la más frecuente y la que más consecuencias tiene sobre la función visual. Se localiza por detrás del ecuador del globo, afectando habitualmente al polo posterior, la zona donde se encuentran la mácula y el nervio óptico. La primera descripción anatómica se atribuye a Antonio Scarpa, cirujano italiano que en 1801 documentó, en estudios post mortem, una protrusión pronunciada de la pared ocular en el polo posterior de ojos con miopía elevada. Scarpa no disponía de medios para observar el fondo de ojo en vida, de modo que el hallazgo fue estrictamente cadavérico; la correlación clínica llegaría décadas después con el perfeccionamiento del oftalmoscopio. En un ojo con miopía axial el globo se alarga de forma más o menos uniforme. El estafiloma posterior, en cambio, supone un abombamiento regional: una zona concreta de la esclerótica cede y se deforma mientras el resto mantiene su curvatura. Esta diferencia es lo que, desde el punto de vista clínico, separa la miopía simple (globo alargado, buena agudeza visual corregida) de la miopía patológica (globo deformado, riesgo de pérdida visual progresiva). Se ha observado que la esclerótica dentro del estafiloma pierde fibras de colágeno y se vuelve más delgada. La coroides también se adelgaza de forma significativa en esa zona, lo que compromete la nutrición del epitelio pigmentario y la retina. No se conoce con certeza qué inicia el proceso: se ha propuesto que factores locales coroideos y una menor resistencia biomecánica de la esclerótica en el polo posterior podrían actuar conjuntamente, aunque la etiología precisa sigue sin resolverse. Un dato que merece atención: el estafiloma posterior puede aparecer también en ojos cuya longitud axial no alcanza los umbrales clásicos de miopía alta. Curtin ya señaló que, en ojos con estafiloma de tipo I, la longitud axial oscilaba entre 25 y 38 mm, un rango amplísimo. Esto refuerza la idea de que la deformación local es independiente, al menos en parte, de la elongación global. En 1977, Brian Curtin propuso la primera clasificación sistemática de los estafilomas posteriores, dividiéndolos en diez subtipos a partir de la observación oftalmoscópica: los tipos I a V eran primarios y los tipos VI a X, combinaciones de los anteriores. El tipo I (macular amplio) resultó ser, con diferencia, el más frecuente. Esa clasificación tenía un problema práctico: dependía del juicio subjetivo del examinador con la oftalmoscopia. Décadas más tarde, Kyoko Ohno-Matsui y su equipo de la Universidad Médica de Tokio utilizaron resonancia magnética tridimensional y tomografía de coherencia óptica de campo amplio para visualizar la forma completa del globo. Con esos datos simplificaron el esquema de Curtin en seis tipos, renombrados según su localización: macular amplio, macular estrecho, peripapilar, nasal, inferior y otros. Considerar solo el contorno más externo del estafiloma eliminaba buena parte de la ambigüedad del sistema original. En la práctica clínica actual, el tipo macular amplio sigue siendo el más prevalente, identificándose en aproximadamente el 22 % de los ojos con miopía patológica según series recientes publicadas en los Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología. El estafiloma posterior no es solo una curiosidad morfológica. Al deformar la pared del ojo, somete a la retina y la coroides a tensiones mecánicas que favorecen la aparición de complicaciones: atrofia coriorretiniana difusa, maculopatía miópica traccional, grietas en la membrana de Bruch (las llamadas «lacquer cracks» en la literatura anglosajona) y neovascularización coroidea miópica. El desprendimiento de retina también es más frecuente en ojos con estafiloma que en ojos con miopía axial sin deformación posterior. La miopía simple suele estabilizarse al final de la adolescencia; la progresión del estafiloma posterior, en cambio, puede continuar en la edad adulta. Por eso las complicaciones maculares graves tienden a manifestarse a partir de la cuarta o quinta década de la vida, cuando el adelgazamiento escleral y coroideo acumulado alcanza un punto crítico. De σταφυλή (staphylē), «grano de uva» en griego. Los médicos antiguos compararon las protrusiones oculares oscuras y redondeadas con granos de uva que asomaban a través de la cubierta del ojo. Esa imagen se aplicaba sobre todo a los estafilomas anteriores, visibles desde fuera; en el posterior la analogía es puramente histórica, porque la protrusión solo se aprecia mediante pruebas de imagen. No. La miopía magna define un grado refractivo (habitualmente a partir de seis dioptrías), mientras que la miopía patológica se define por la presencia de complicaciones en el fondo de ojo, entre las cuales el estafiloma posterior es la más característica. Un paciente puede tener miopía magna sin estafiloma ni cambios degenerativos en el fondo, y en ese caso no tendría miopía patológica. Sí, aunque es infrecuente. Se han documentado estafilomas posteriores en ojos con longitudes axiales inferiores a 26,5 mm, lo que ha contribuido a que la definición actual de miopía patológica no exija un umbral de dioptrías sino la constatación directa de la deformación ocular. Si desea profundizar en conceptos asociados al estafiloma posterior, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el estafiloma posterior
Mecanismo y relación con la miopía patológica
Clasificación de Curtin y de Ohno-Matsui
Repercusiones sobre la visión
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «estafiloma»?
¿Es lo mismo miopía magna que miopía patológica?
¿Puede aparecer un estafiloma posterior en un ojo sin miopía alta?
Referencias
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