DICCIONARIO MÉDICO
Drusa
La drusa es un depósito extracelular de aspecto amarillento o blanquecino que se acumula entre el epitelio pigmentario de la retina y la membrana de Bruch. Se observa como un pequeño moteado en el fondo de ojo durante un examen oftalmoscópico. Su presencia en pequeña cantidad forma parte del envejecimiento retiniano normal, pero su tamaño, número y morfología orientan el riesgo de degeneración macular asociada a la edad. La drusa es un hallazgo estructural del fondo de ojo, no una enfermedad en sí misma. Corresponde a una acumulación focal de material extracelular en la interfase entre la retina y la coroides, más exactamente en el espacio comprendido entre el epitelio pigmentario retiniano y la lámina de colágeno interna de la membrana de Bruch. Su composición combina lípidos (colesterol libre y esterificado, fosfolípidos), proteínas de matriz, componentes del complemento (C3, factor H, complejo de ataque a la membrana C5b-9), vitronectina, amiloide P y apolipoproteínas B y E. El término procede del alemán Druse, que designa el hueco de una roca tapizado por cristales, la geoda. Heinrich Müller lo adoptó en 1856 para nombrar estos depósitos por el brillo cristalino con que aparecían al oftalmoscopio. Dos años antes, en 1854, Carl Wedl los había descrito por primera vez como «cuerpos coloides de la coroides», convencido de que se trataba de células en desarrollo incompleto. Franciscus Donders sugirió al año siguiente el término Colloidkugeln, esferas coloides. Se impuso el nombre de Müller, que hoy es el único vigente en la literatura oftalmológica internacional. La membrana de Bruch es una lámina acelular de cinco capas que separa el epitelio pigmentario retiniano de la coriocapilar. Sus dos superficies (basal del epitelio y elástica) actúan como frontera para el transporte de moléculas hacia y desde la retina externa. Cuando ese transporte se vuelve ineficaz con la edad, los productos residuales del metabolismo de los fotorreceptores y del epitelio se acumulan en la matriz. Ahí se generan las drusas. Los estudios histológicos y proteómicos de los últimos veinte años han mostrado que esta acumulación no es un simple vertedero de restos. Contiene una firma inflamatoria clara: componentes del complemento, moléculas de estrés oxidativo y proteínas implicadas en la respuesta inmune innata. Esa constatación llevó a reformular la degeneración macular como una enfermedad con componente inflamatorio de bajo grado, y explica por qué polimorfismos del CFH (factor H del complemento) elevan el riesgo de padecerla. Drusas duras. Miden menos de 63 micrómetros de diámetro, tienen bordes definidos y aspecto nodular. Aparecen en la mayor parte de los adultos a partir de los 40 años. Suelen considerarse un signo de envejecimiento retiniano fisiológico. Su presencia aislada no eleva de forma significativa el riesgo de progresión a formas avanzadas de degeneración macular. Drusas blandas. Superan los 125 micrómetros, con bordes difusos y aspecto elevado, en cúpula. Cuando confluyen forman placas amplias que pueden llegar a simular un pequeño desprendimiento del epitelio pigmentario. Aquí sí hay un factor de riesgo bien establecido: cuanto mayor es el tamaño y el número, más probabilidad de progresar a atrofia geográfica o a neovascularización coroidea. Entre unas y otras se sitúan las drusas intermedias, de 63 a 125 micrómetros, empleadas en la clasificación de la Age-Related Eye Disease Study para estratificar el riesgo. Existe además una entidad diferenciada, las pseudodrusas reticulares o depósitos drusenoides subretinianos: se localizan por encima del epitelio pigmentario, no por debajo, y se asocian sobre todo a la maculopatía avanzada de tipo atrófico. Las drusas cuticulares o basal laminares, más pequeñas y numerosas, aparecen a edades más tempranas y responden a un mecanismo genético distinto. Bajo el mismo nombre conviven dos entidades que conviene no confundir. Las drusas retinianas o maculares son las que se han descrito hasta aquí, ligadas al envejecimiento y a la mácula. Las drusas de la papila (drusas del disco óptico) son otra cosa: se trata de cuerpos hialinos calcificados que se depositan dentro de la cabeza del nervio óptico. Su origen es congénito, se hacen visibles en la infancia o adolescencia y, aunque suelen ser asintomáticas, pueden asociarse a defectos del campo visual por compresión de las fibras nerviosas. La diferencia clínica es limpia. Las retinianas se sitúan en la región macular y aparecen a partir de los 50 o 60 años. Las papilares se ven en la papila óptica y suelen detectarse en jóvenes. Comparten el nombre por analogía morfológica: en ambos casos son formaciones acelulares que brillan al examen del fondo de ojo. Son enfermedades diferentes. Del alemán Druse, que designa la cavidad de una roca tapizada de pequeños cristales, lo que en español llamamos geoda. Heinrich Müller acuñó el término en 1856 para describir el aspecto brillante y granulado de estos depósitos vistos al oftalmoscopio. La palabra pasó a la literatura oftalmológica internacional sin traducción y hoy se emplea en todos los idiomas médicos. No. Prácticamente todos los adultos mayores de sesenta años presentan alguna drusa dura, y eso por sí solo no equivale a padecer la enfermedad. La presencia de drusas blandas grandes, numerosas o confluentes en la región macular es lo que se considera un signo temprano de maculopatía asociada a la edad. La distinción la establece el oftalmólogo a partir del examen del fondo de ojo, la tomografía de coherencia óptica y, si procede, la angiografía. En el tamaño, los bordes y las implicaciones pronósticas. Las duras miden menos de 63 micrómetros, tienen contornos nítidos y forman parte del envejecimiento retiniano normal. Las blandas superan los 125 micrómetros, tienen bordes borrosos y su presencia se asocia con mayor riesgo de progresión a formas avanzadas de degeneración macular. Entre ambas se sitúan las drusas intermedias. No. Comparten nombre pero son entidades distintas. Las drusas retinianas se localizan bajo el epitelio pigmentario, en la mácula, y se relacionan con el envejecimiento. Las drusas de la papila son depósitos hialinos calcificados dentro de la cabeza del nervio óptico, de origen congénito, que suelen aparecer en niños o jóvenes. La causa, la localización y el significado clínico son diferentes. Si desea profundizar en conceptos asociados a la drusa, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la drusa
Dónde se forman y de qué están hechas
Clasificación por tamaño y morfología
Diferenciación con las drusas de la papila
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra drusa?
¿Tener drusas significa tener degeneración macular?
¿En qué se diferencian las drusas duras de las blandas?
¿Son lo mismo las drusas retinianas que las drusas de la papila?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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