DICCIONARIO MÉDICO
Diartrosis
La diartrosis es el tipo de articulación con mayor libertad de movimiento del cuerpo humano. Se caracteriza por disponer de una cavidad interna llena de líquido sinovial y por dos superficies óseas recubiertas de cartílago que se deslizan entre sí. Constituye la variedad más numerosa del esqueleto apendicular y el sinónimo estricto de articulación sinovial. En la clasificación funcional de la articulación, el término diartrosis designa a las uniones óseas que permiten movimientos amplios en uno o varios ejes. Frente a la sinartrosis (unión rígida) y a la anfiartrosis (unión semimóvil), la diartrosis se define por un rasgo estructural sencillo pero decisivo: la existencia de una cavidad articular tapizada por membrana sinovial. Toda diartrosis es una articulación sinovial, y viceversa. El término procede del griego διάρθρωσις (diárthrōsis), formado por el prefijo διά (diá, «a través de», con matiz de separación) y ἄρθρωσις (árthrōsis, «articulación»), a su vez derivado de ἄρθρον (árthron, «juntura»). En el corpus hipocrático aparece con el valor genérico de articulación; es Galeno, en el siglo II d. C., quien lo especializa en su significado actual, contrapuesto a synárthrōsis. El vocablo se reintroduce en la lengua científica europea en francés hacia 1561 y llega al español médico sin cambios notables. Toda diartrosis se organiza a partir de cinco elementos que aparecen siempre, con variantes según la localización. Las superficies articulares están cubiertas por una capa de cartílago hialino de dos a cuatro milímetros de espesor, sin vasos ni nervios; se nutre por difusión, motivo por el que sus lesiones cicatrizan mal. La cápsula articular, un manguito de tejido conectivo fibroso, envuelve el conjunto y sella la cavidad. Por dentro, la membrana sinovial tapiza la cara interna de la cápsula y produce la sinovia, un fluido viscoso rico en ácido hialurónico que lubrica el cartílago y le aporta nutrientes. El líquido sinovial no llena la cavidad como el agua un vaso. Ocupa un espacio virtual, una película muy fina que solo se hace evidente cuando aumenta de volumen (derrame articular). En la rodilla adulta normal no llegan a ser tres mililitros. Alrededor de la cápsula, los ligamentos guían la trayectoria del movimiento y frenan los desplazamientos que la geometría ósea no impide. En algunas diartrosis grandes, entre las dos superficies aparece un menisco o disco fibrocartilaginoso que mejora la congruencia y reparte cargas. La anatomía clásica distingue seis variedades morfológicas, según la geometría de las carillas articulares y los ejes de movimiento que permiten. La distinción no es puramente descriptiva: cada forma condiciona qué movimientos son posibles y cuáles están bloqueados. Enartrosis o esferoidea. Una cabeza esférica encaja en una cavidad cóncava. Es la más móvil del organismo: rota en los tres planos del espacio. La articulación glenohumeral del hombro y la coxofemoral de la cadera son los dos ejemplos canónicos, con matices importantes entre ellas. La primera privilegia la amplitud a costa de la estabilidad; la segunda, al revés. Troclear o en bisagra (ginglimo). Una superficie con forma de polea articula con otra que la abraza, y el movimiento queda restringido a un solo eje: flexión y extensión. Es el caso de la articulación humerocubital del codo o de las interfalángicas de los dedos. Trocoide o en pivote. Un cilindro óseo gira dentro de un anillo osteoligamentoso. Solo permite rotación. El ejemplo emblemático es la articulación atloaxoidea, entre las dos primeras vértebras cervicales, gracias a la que la cabeza puede decir que no. Condílea o elipsoidea. Dos superficies elípticas complementarias permiten movimiento en dos ejes (flexo-extensión y desviaciones laterales), pero no rotación pura. La articulación radiocarpiana de la muñeca es el modelo. Silla de montar (selar o encaje recíproco). Cada superficie es cóncava en un sentido y convexa en el perpendicular, como una silla de montar y el jinete que la ocupa. La trapeciometacarpiana del pulgar es la más conocida y la que hace posible la oposición del pulgar al resto de los dedos. Plana o artrodia. Dos superficies casi planas que se deslizan entre sí. El movimiento es corto pero, sumado a lo largo de varias articulaciones contiguas, resulta útil. Las intercarpianas del carpo o las facetarias de la columna vertebral son artrodias. Una forma útil de leer la lista anterior es agrupar las diartrosis por número de ejes en los que se mueven. La enartrosis es triaxial, la condílea y la selar son biaxiales, la troclear y la trocoide son uniaxiales, y la artrodia es no axial (solo hay deslizamiento). Cuantos más ejes, mayor movilidad, pero también mayor dependencia de músculos y ligamentos para no perderla. La regla se aprecia bien en el hombro: es la articulación con más recorrido del esqueleto y, a la vez, la que más se luxa. Sinartrosis. Es la unión ósea fibrosa sin cavidad interna y prácticamente sin movimiento, como las suturas del cráneo. Ninguna diartrosis carece de cavidad sinovial, y ninguna sinartrosis dispone de una. Anfiartrosis. Ocupa el terreno intermedio. Presenta una unión cartilaginosa que cede unos pocos grados. El disco intervertebral es su ejemplo clásico. La suma de muchas anfiartrosis contiguas puede producir movimientos amplios (flexionar la columna), pero cada unidad por sí sola apenas se mueve. Del griego διάρθρωσις. El prefijo διά aporta la idea de «separación» o de acción completa, y ἄρθρωσις es «articulación». Galeno ya empleaba el término en el siglo II d. C. para distinguir estas uniones móviles de las inmóviles (synarthrosis). En español está documentada desde los tratados de anatomía renacentistas y llegó al vocabulario médico moderno sin cambios notables de significado. Sí. Diartrosis es el nombre funcional (por lo que hace: moverse) y articulación sinovial es el nombre estructural (por lo que tiene: membrana y líquido sinoviales). Ambos designan exactamente el mismo grupo. La cifra habitual que se maneja en anatomía es de entre 200 y 230, dependiendo del criterio con el que se cuenten las pequeñas articulaciones del carpo y el tarso. Son, con diferencia, la variedad más numerosa del esqueleto, sobre todo en las extremidades. No. El menisco solo aparece en algunas diartrosis, cuando las dos superficies articulares no encajan bien entre sí y hace falta una pieza intermedia que mejore la congruencia. La rodilla, la temporomandibular, la esternoclavicular y la acromioclavicular son las más conocidas con menisco o disco interno. La mayoría de las diartrosis no lo tiene. Si desea profundizar en conceptos asociados a la diartrosis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la diartrosis
Estructura de una articulación sinovial
Tipos de diartrosis según la forma de las superficies
Ejes y grados de libertad
Distinción con otros tipos de articulación
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra diartrosis?
¿Diartrosis y articulación sinovial son lo mismo?
¿Cuántas diartrosis tiene el cuerpo humano?
¿Toda diartrosis tiene menisco?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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