DICCIONARIO MÉDICO
Dermatofibroma
El dermatofibroma es un tumor cutáneo benigno de estirpe fibrohistiocitaria, también conocido como histiocitoma fibroso benigno. Se presenta como un nódulo firme, pequeño, habitualmente indoloro, localizado en la dermis. Es una de las lesiones benignas de la piel más frecuentes en la consulta dermatológica y predomina en mujeres entre la tercera y la quinta década de la vida, con preferencia por las extremidades inferiores. Histológicamente, el dermatofibroma consiste en una proliferación dérmica mal delimitada compuesta por proporciones variables de fibroblastos, macrófagos (histiocitos) y colágeno maduro e inmaduro. Las células se disponen con frecuencia en un patrón arremolinado (estoriforme) y atrapan haces de colágeno dérmico en la periferia de la lesión, un rasgo que los patólogos reconocen como característico. La epidermis que recubre el nódulo suele mostrar hiperplasia reactiva, lo que a veces genera confusión histológica con un carcinoma basocelular superficial si la muestra es parcial. El nombre se construye con δέρμα (dérma, piel), el latín fibra (filamento, hilo) y el sufijo -ωμα (-ōma, tumor). La sinonimia es amplia: histiocitoma fibroso benigno, histiocitoma solitario, hemangioma esclerosante y fibrosis nodular subepidérmica son denominaciones que reflejan los distintos componentes celulares que diferentes autores consideraron predominantes a lo largo de la historia de esta lesión. Ninguna de ellas ha dejado de usarse por completo. Sobre la naturaleza del dermatofibroma persiste un debate que no se ha resuelto del todo. La mayoría de los autores lo consideran una neoplasia benigna clonal, pero hay quien lo interpreta como una respuesta fibroproliferativa reactiva a un estímulo externo. Un número apreciable de pacientes refiere una picadura de insecto o un pequeño traumatismo en el lugar donde más tarde aparece la lesión, lo que alimenta la hipótesis reactiva. Ambas interpretaciones no son necesariamente excluyentes: un estímulo local podría desencadenar una proliferación que luego se mantiene de forma autónoma. La composición celular varía de un dermatofibroma a otro. Algunos son ricos en histiocitos cargados de hemosiderina o lípidos (variantes hemosiderótica y xantomatosa), otros muestran una celularidad fusocelular densa (variante celular) y unos pocos contienen espacios vasculares dilatados con depósitos hemáticos (variante aneurismática). Esta diversidad morfológica explica la profusión de sinónimos y la confusión que puede generar la lesión en la consulta. El dermatofibroma se presenta como un nódulo firme, de 0,5 a 2 cm de diámetro, de color parduzco, rosado o violáceo. Está engastado en la dermis, lo que significa que se palpa como un botón duro incrustado bajo la superficie cutánea. La maniobra semiológica más útil para reconocerlo es la compresión lateral con los dedos pulgar e índice: al pellizcar la piel que rodea al nódulo, este se hunde formando una depresión visible, conocida como «signo del hoyuelo» o «signo del ojal». Ese hundimiento es consecuencia de la fijación del nódulo a la dermis circundante y lo distingue de la mayoría de los tumores cutáneos superficiales, que se elevan al pellizcarlos. Cuando un paciente presenta múltiples dermatofibromas (más de quince), conviene considerar la posibilidad de inmunosupresión subyacente. Se ha descrito una asociación bien documentada con la infección por VIH, el lupus eritematoso sistémico y los tratamientos inmunosupresores prolongados. La distinción más relevante en la práctica es la que separa al dermatofibroma del dermatofibrosarcoma protuberans (DFSP), un sarcoma cutáneo de bajo grado. Pese a que comparten la raíz «dermatofibro-» en el nombre, son entidades biológicamente muy distintas. El dermatofibroma es pequeño, superficial, estable y no infiltra en profundidad. El DFSP crece de forma infiltrativa hacia la grasa subcutánea y la fascia, tiende a recidivar tras la extirpación convencional y porta una fusión génica específica (COL1A1-PDGFB) ausente en el dermatofibroma. En la inmunohistoquímica, el DFSP es típicamente positivo para CD34, mientras que el dermatofibroma convencional es negativo para este marcador y positivo para el factor XIIIa. De δέρμα (dérma, piel), fibra (del latín, filamento) y -ωμα (-ōma, tumor). Literalmente, un tumor fibroso de la piel. En la práctica, el nombre convive con «histiocitoma fibroso benigno», que pone el acento en el componente histiocítico de la lesión. No. El dermatofibroma convencional no tiene potencial de transformación maligna. Si una lesión que inicialmente parecía un dermatofibroma muestra un crecimiento rápido, infiltración profunda o recidiva tras la extirpación, hay que reconsiderar la posibilidad de que se trate de un dermatofibrosarcoma protuberans u otra neoplasia. Una maniobra sencilla que consiste en pellizcar lateralmente la piel alrededor del nódulo. Si la lesión se hunde formando una depresión (en vez de protruir), el signo es positivo y muy sugestivo de dermatofibroma. Se produce porque el nódulo está fijado a la dermis subyacente. En general, tener uno o dos dermatofibromas es un hallazgo banal. La aparición de múltiples lesiones (más de quince) se ha asociado a estados de inmunosupresión, como la infección por VIH o ciertas enfermedades autoinmunes, y merece una valoración médica. Si desea profundizar en conceptos asociados al dermatofibroma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el dermatofibroma
Origen y composición celular
Signo del hoyuelo y aspecto clínico
Diferenciación con el dermatofibrosarcoma protuberans
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra dermatofibroma?
¿Puede malignizar?
¿Qué es el signo del hoyuelo?
¿Tener muchos dermatofibromas indica algún problema de salud?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026