DICCIONARIO MÉDICO
Cuantificación de inmunoglobulinas
La cuantificación de inmunoglobulinas es una prueba de laboratorio que mide la concentración sérica de las tres principales clases de anticuerpos: IgG, IgA e IgM. Se solicita para valorar la competencia del sistema inmunitario humoral y orientar el estudio de inmunodeficiencias, gammapatías y procesos infecciosos recurrentes. Las inmunoglobulinas son proteínas producidas por las células plasmáticas (linfocitos B diferenciados) que constituyen la base molecular de la inmunidad humoral. Cada clase tiene funciones y localizaciones distintas: la IgG predomina en el suero y atraviesa la placenta; la IgA protege las superficies mucosas del tracto respiratorio y digestivo; la IgM, pentamérica y de gran tamaño, es el primer anticuerpo que se genera tras el contacto con un antígeno nuevo. Medir sus niveles en sangre proporciona una instantánea del estado inmunitario humoral del paciente. Valores bajos pueden indicar una hipogammaglobulinemia o una agammaglobulinemia; valores elevados orientan hacia procesos inflamatorios crónicos, infecciones persistentes o neoplasias de células plasmáticas como el mieloma múltiple. La técnica más extendida en los laboratorios clínicos actuales es la nefelometría, considerada método de referencia. El nefelómetro proyecta un haz de luz sobre la muestra; cuando los anticuerpos del suero reaccionan con antisueros específicos anti-IgG, anti-IgA o anti-IgM, se forman inmunocomplejos que dispersan la luz, y la intensidad de esa dispersión es proporcional a la concentración de la inmunoglobulina. La turbidimetría, su alternativa, mide la reducción de la luz transmitida en lugar de la luz dispersada. Ambas ofrecen resultados rápidos y automatizados. Los rangos de normalidad en adultos se mueven en torno a 700-1500 mg/dL para la IgG, 70-400 mg/dL para la IgA y 40-230 mg/dL para la IgM, aunque cada laboratorio calibra sus propios intervalos de referencia según el analizador y la población local. En niños, los valores varían con la edad: la IgG materna transferida durante el embarazo protege al recién nacido durante los primeros meses y va descendiendo mientras el lactante empieza a sintetizar la suya propia (un proceso que no se completa del todo hasta los 4-6 años en el caso de la IgA). La prueba se pide cuando un paciente presenta infecciones de repetición, sobre todo del tracto respiratorio o digestivo, que hacen sospechar un fallo de la inmunidad humoral. También forma parte del estudio de las inmunodeficiencias primarias, donde una cifra desproporcionadamente baja de una o varias clases de inmunoglobulina puede orientar hacia entidades concretas: el déficit selectivo de IgA, que con una prevalencia de aproximadamente 1 por cada 500 personas en población europea es la inmunodeficiencia primaria más frecuente, la inmunodeficiencia común variable o la agammaglobulinemia ligada al X. En el otro extremo, una elevación llamativa de una sola clase con patrón monoclonal en el proteinograma sugiere una gammapatía: mieloma múltiple, macroglobulinemia de Waldenström o gammapatía monoclonal de significado incierto. La cuantificación de inmunoglobulinas suele complementarse entonces con inmunoelectroforesis o inmunofijación para tipificar el componente monoclonal. Conviene no confundir esta prueba con el proteinograma (o electroforesis de proteínas séricas), que separa todas las fracciones proteicas del suero en bandas pero no mide individualmente cada inmunoglobulina. El proteinograma detecta patrones anómalos (picos monoclonales, hipogammaglobulinemia difusa) que luego se cuantifican con nefelometría. Tampoco incluye de forma rutinaria la IgE, cuya concentración sérica es mucho menor y se solicita por separado en el contexto de la alergia. La IgD, presente sobre todo en la membrana del linfocito B, se determina solo en situaciones de investigación o sospecha de mieloma IgD, un subtipo poco habitual. Generalmente no. Se obtiene a partir de una muestra de sangre venosa y la mayoría de los laboratorios no exigen ayuno previo, aunque es recomendable seguir las instrucciones específicas de cada centro. Ese perfil es compatible con un déficit selectivo de IgA, la inmunodeficiencia primaria más prevalente en población caucásica. Muchas personas con este déficit son asintomáticas y lo descubren casualmente en una analítica de rutina; en otras, se asocia a infecciones mucosas de repetición o a enfermedad celíaca. No. La cuantificación de inmunoglobulinas mide el nivel total de cada clase (IgG, IgA, IgM), sin distinguir contra qué antígenos están dirigidos esos anticuerpos. Para saber si un paciente tiene anticuerpos frente a un patógeno concreto (hepatitis B, rubéola, por ejemplo) se solicitan serologías específicas, que son pruebas distintas. Si desea profundizar en conceptos asociados a la cuantificación de inmunoglobulinas, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cuantificación de inmunoglobulinas
Método de determinación y valores orientativos
Contextos clínicos de solicitud
Diferencia con el proteinograma y con la IgE
Preguntas frecuentes
¿Hace falta ayunar para esta prueba?
¿Qué significa tener la IgA baja con IgG e IgM normales?
¿Es lo mismo que medir los anticuerpos contra una infección?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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