DICCIONARIO MÉDICO
Corazón de atleta
El corazón de atleta es el conjunto de adaptaciones morfológicas y funcionales que el corazón desarrolla en respuesta al entrenamiento físico intenso y sostenido. Incluye aumento del tamaño de las cavidades, engrosamiento moderado de las paredes ventriculares y descenso de la frecuencia cardíaca en reposo. Se considera una adaptación fisiológica benigna, no una enfermedad. La expresión se utiliza desde finales del siglo XIX. Fue el médico sueco Salomon Henschen quien, en 1899, constató mediante percusión torácica que los esquiadores de fondo presentaban siluetas cardíacas mayores que las de los individuos sedentarios. Henschen interpretó correctamente el hallazgo como una respuesta adaptativa al esfuerzo, y no como signo de cardiopatía. La denominación "corazón de atleta" (en alemán, Sportherz) se popularizó a partir de sus publicaciones. Lo que ocurre a nivel del miocardio es comparable a lo que sucede en el bíceps de un levantador de pesas, salvo que el estímulo es hemodinámico y no puramente mecánico. El ejercicio regular impone al corazón una sobrecarga de volumen (deportes de resistencia) o de presión (deportes de fuerza), y la fibra muscular cardíaca responde creciendo. El resultado es un corazón más grande y eficiente, capaz de expulsar un volumen sistólico mayor con cada latido, lo que permite mantener el mismo gasto cardíaco a una frecuencia más baja. El tipo de adaptación depende del estímulo predominante. Los deportes de resistencia aeróbica (carrera de fondo, ciclismo, natación de distancia) generan sobrecarga de volumen: las cavidades se dilatan y las paredes se engrosan de forma proporcionada. A eso se le llama hipertrofia excéntrica. En los deportes predominantemente estáticos (halterofilia, escalada, artes marciales), la sobrecarga es de presión: las paredes ventriculares aumentan de grosor sin que las cavidades se dilaten tanto. Es la hipertrofia concéntrica. La mayoría de las disciplinas deportivas combinan ambos componentes en proporciones variables, de modo que la adaptación real suele ser mixta. Sea cual sea el patrón, la hipertrofia del deportista tiene una propiedad que la distingue de las formas patológicas: es reversible. Varios estudios han demostrado que tras tres a seis meses de desentrenamiento las dimensiones cardíacas regresan a valores normales o próximos a la normalidad. Este es probablemente el aspecto más relevante desde el punto de vista clínico. La miocardiopatía hipertrófica es una enfermedad genética del músculo cardíaco que también produce engrosamiento de las paredes ventriculares, y la confusión con el corazón de atleta puede tener consecuencias graves: la miocardiopatía hipertrófica es una causa reconocida de muerte súbita en deportistas jóvenes. Existen criterios para orientar la distinción. En el corazón de atleta el grosor de la pared del ventrículo izquierdo rara vez supera los 13 mm en varones (12 mm en mujeres), la hipertrofia es simétrica y la función diastólica está conservada. En la miocardiopatía hipertrófica el engrosamiento suele ser asimétrico (más pronunciado en el tabique interventricular), la cavidad ventricular puede ser pequeña y la función diastólica a menudo está alterada. Cuando los valores caen en la llamada "zona gris" (grosor entre 13 y 15 mm, cavidad ventricular en el límite alto), el desentrenamiento vigilado durante varios meses puede ser útil: si el grosor disminuye, el origen era fisiológico. El electrocardiograma del deportista muestra con frecuencia alteraciones que, fuera del contexto atlético, podrían alarmar: bradicardia sinusal (frecuencias de 40 a 50 latidos por minuto en reposo), criterios de voltaje que sugieren crecimiento ventricular, bloqueo incompleto de rama derecha y variantes de la repolarización. Estas modificaciones se consideran adaptaciones benignas al entrenamiento. La dificultad clínica reside en diferenciarlas de patrones verdaderamente patológicos que indiquen arritmia o miocardiopatía subyacente. El médico sueco Salomon Henschen, en 1899, al estudiar las siluetas cardíacas de esquiadores de fondo mediante percusión torácica. Henschen comprendió que el agrandamiento del corazón era una adaptación al esfuerzo, no una enfermedad. No. Es una adaptación fisiológica que mejora la eficiencia cardíaca. La preocupación clínica no es el corazón de atleta en sí, sino la posibilidad de que una cardiopatía (como la miocardiopatía hipertrófica) se confunda con él y pase inadvertida. Sí. Se ha observado que tras tres a seis meses de desentrenamiento, el grosor de las paredes y el tamaño de las cavidades cardíacas regresan a valores normales o cercanos a ellos. Precisamente esta reversibilidad es uno de los rasgos que distinguen la hipertrofia fisiológica de la patológica. No. Se requiere un entrenamiento de intensidad notable, sostenido durante meses. Una persona que practica ejercicio moderado tres veces por semana obtiene beneficios cardiovasculares, pero probablemente no desarrolle las modificaciones estructurales que definen el corazón de atleta. Consulte la información completa sobre el corazón del deportista Si busca información sobre las adaptaciones cardiovasculares al deporte, los tipos de hipertrofia según la disciplina y las alteraciones electrocardiográficas del deportista, puede consultar la página sobre el corazón de atleta elaborada por el área de Medicina deportiva de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados al corazón de atleta, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el corazón de atleta
Hipertrofia excéntrica y concéntrica
Diferenciación con la miocardiopatía hipertrófica
Hallazgos electrocardiográficos habituales
Preguntas frecuentes
¿Quién describió por primera vez el corazón de atleta?
¿El corazón de atleta es peligroso?
¿Si se deja de entrenar, el corazón vuelve a su tamaño normal?
¿Cualquier persona que hace deporte tiene corazón de atleta?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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