DICCIONARIO MÉDICO
Contraste hipoosmolar
Un contraste hipoosmolar es un medio de contraste yodado cuya osmolalidad se sitúa entre 500 y 800 mOsm/kg, valores que duplican o triplican los del plasma sanguíneo pero quedan muy por debajo de los 1 500 a 2 000 mOsm/kg de los contrastes hiperosmolares de primera generación. Son los agentes más empleados en la práctica radiológica actual. La denominación agrupa dos subtipos químicamente distintos que comparten un rasgo común: aportar una concentración de yodo suficiente para opacificar las estructuras vasculares sin generar la enorme carga osmótica de los contrastes iónicos clásicos. Por un lado están los monoméricos no iónicos (iopamidol, iohexol, iopromida, ioversol), cuyas moléculas permanecen íntegras en solución y ofrecen un cociente yodo/partícula de 3. Por otro, un único dímero iónico, el ioxaglato, que al contener seis átomos de yodo repartidos en dos anillos bencénicos y disociarse en solo dos partículas alcanza el mismo cociente. Conviene señalar un matiz terminológico que genera confusión. El término "hipoosmolar" se acuñó por comparación con los agentes de primera generación, no con el plasma. Estos contrastes siguen siendo hiperosmolares si se comparan con la sangre; la etiqueta refleja su posición relativa dentro de la escala de contrastes yodados, no una osmolalidad inferior a la fisiológica. Reducir la osmolalidad de la solución inyectada implica menos desplazamiento de agua entre compartimentos, menor distensión del endotelio vascular y menor sobrecarga para el riñón. El salto fue considerable: las tasas de reacciones adversas globales descendieron del 5-12 % de los hiperosmolares a cifras cercanas al 1-3 % con los agentes de baja osmolalidad. La sensación de calor y las náuseas no desaparecieron por completo, pero se atenuaron lo suficiente como para que hoy casi todos los centros hospitalarios utilicen estos agentes de forma rutinaria en la tomografía computarizada y la angiografía. El precedente fue la metrizamida, sintetizada a finales de los años sesenta y utilizada sobre todo en mielografía. Era el primer contraste no iónico, pero al tratarse de un preparado liofilizado que debía reconstituirse antes de cada uso, su manejo resultaba poco práctico. A principios de la década de 1980 llegaron el iohexol y el iopamidol, agentes estables en solución acuosa y listos para inyectar. Esa diferencia logística aceleró su adopción. Del prefijo griego ὑπό (hypó, "por debajo") unido a osmolar, derivado de ὠσμός (osmós, "empuje"). Indica que la osmolalidad de estos agentes queda por debajo de la de los contrastes de primera generación. No significa que sea inferior a la del plasma: de hecho, la supera entre dos y tres veces. El contraste isoosmolar tiene una osmolalidad cercana a los 290 mOsm/kg, es decir, equiparable a la de la sangre. El hipoosmolar sigue estando por encima. La relevancia clínica real de esa diferencia continúa siendo objeto de debate en la literatura, porque los estudios comparativos no han demostrado de forma uniforme ventajas del isoosmolar sobre el hipoosmolar en la mayoría de pacientes. Más seguros que los hiperosmolares, sí, pero no exentos de riesgo. En pacientes con filtrado glomerular inferior a 30 ml/min se recomienda valorar de forma individualizada la necesidad de la exploración con contraste y aplicar medidas de hidratación. La decisión depende del beneficio de la exploración frente al riesgo renal en cada caso. Si desea ampliar información sobre la clasificación de los medios de contraste, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el contraste hipoosmolar
Ventaja fisicoquímica sobre los agentes de alta osmolalidad
Contexto histórico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el término "hipoosmolar" aplicado a estos contrastes?
¿Cuál es la diferencia con un contraste isoosmolar?
¿Son seguros en pacientes con función renal reducida?
Referencias
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