DICCIONARIO MÉDICO
Angiografía
La angiografía es una técnica de imagen médica que permite visualizar el interior de los vasos sanguíneos mediante la inyección de un medio de contraste radiopaco y la obtención de imágenes por rayos X. La imagen resultante recibe el nombre de angiograma. Se aplica al estudio de arterias, venas y capilares en territorios muy diversos del organismo. El término procede del griego ἀγγεῖον (angeîon, «vaso») y γράφειν (gráphein, «describir» o «registrar»), de modo que su significado literal es «descripción de los vasos». En la práctica clínica, la palabra designa el conjunto de procedimientos que hacen visible la luz vascular, un espacio que en una radiografía convencional resulta indistinguible de los tejidos blandos circundantes. Para conseguirlo se recurre a sustancias de contraste iodado que, al ser inyectadas en el torrente sanguíneo, absorben los rayos X con mayor intensidad que la sangre y generan una imagen nítida del recorrido vascular. Cuando el estudio se centra en las arterias, el procedimiento se denomina arteriografía; si se dirige a las venas, se habla de flebografía o venografía. Existe también la linfografía, aplicada al sistema linfático. En el uso clínico habitual, sin embargo, el término «angiografía» engloba a todas estas variantes. El neurólogo portugués António Egas Moniz realizó la primera angiografía cerebral en Lisboa el 28 de junio de 1927. Después de varios intentos fallidos con bromuro de estroncio, Moniz logró visualizar la arteria carótida interna y sus ramas intracraneales inyectando yoduro sódico al 22 % en un paciente de veinte años. Hasta la llegada de la tomografía computarizada en 1975, la angiografía cerebral fue el único método de imagen capaz de mostrar los vasos intracraneales in vivo. En 1953, el radiólogo sueco Sven-Ivar Seldinger, del Instituto Karolinska de Estocolmo, describió una técnica de acceso vascular percutáneo con guía metálica flexible que permitía introducir catéteres de mayor calibre sin necesidad de mantener la aguja dentro de la luz del vaso. Este avance redujo las complicaciones de forma considerable y sigue siendo la base del cateterismo vascular actual. Los vasos sanguíneos tienen una densidad radiológica muy parecida a la del resto de los tejidos blandos, por lo que resultan invisibles en una radiografía simple. La angiografía resuelve este problema interponiendo en la columna sanguínea un medio de contraste que contiene átomos de yodo (o, en ciertos procedimientos oftalmológicos, colorantes fluorescentes). Los átomos de yodo absorben los fotones de rayos X y proyectan una sombra densa en el detector, con lo que el trayecto del vaso queda dibujado. Las imágenes pueden obtenerse como radiografías estáticas o como secuencias dinámicas (cineangiografía), lo que permite observar la velocidad y la dirección del flujo. La angiografía convencional por catéter es la modalidad clásica, en la que se introduce un catéter por vía percutánea (habitualmente desde la ingle o el antebrazo) y se avanza bajo control fluoroscópico hasta el territorio que se desea estudiar. Sigue considerándose la referencia para la imagen vascular de alta resolución y, además, permite intervenciones en el mismo acto. Con la evolución tecnológica han surgido modalidades menos invasivas. La angio-TC combina la tomografía computarizada con la inyección de contraste por una vena periférica, sin necesidad de cateterismo arterial. La angio-RM emplea campos magnéticos y, en muchos casos, un contraste basado en gadolinio, evitando la radiación ionizante. Ambas han ido sustituyendo a la angiografía por catéter en los estudios que solo requieren imágenes, aunque esta conserva su papel cuando se prevé la necesidad de actuar sobre la lesión detectada. En oftalmología, la angiografía adopta un enfoque diferente: no emplea rayos X sino cámaras de fondo de ojo que registran la fluorescencia emitida por colorantes inyectados por vía intravenosa. Las dos variantes principales son la angiografía fluoresceínica, que estudia la circulación de la retina, y la angiografía con verde de indocianina, orientada a la coroides. Otra variante relevante es la angiografía por sustracción digital, que utiliza procesamiento informático para eliminar de la imagen las estructuras óseas y los tejidos blandos, dejando visibles solo los vasos llenos de contraste. Del griego ἀγγεῖον (angeîon, «vaso») y γράφειν (gráphein, «escribir» o «registrar»). La traducción literal sería «registro de los vasos». El término se consolidó en la literatura médica a partir de los trabajos de Egas Moniz en la década de 1920. No exactamente. La arteriografía es un tipo concreto de angiografía dirigido a las arterias. La angiografía, como término genérico, abarca también la flebografía (venas) y la linfografía (vasos linfáticos). En la práctica cotidiana, cuando se habla de «una angiografía» sin más precisión, casi siempre se hace referencia a un estudio arterial. El neurólogo portugués António Egas Moniz, en Lisboa, el 28 de junio de 1927. Fue una angiografía cerebral. Moniz recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1949, aunque por otro trabajo (la leucotomía prefrontal), no por la angiografía. Consulte también la información sobre la prueba diagnóstica Si busca información sobre cómo se realiza la angiografía, su preparación y los tipos de estudio disponibles, puede consultar la página completa de la angiografía como prueba diagnóstica elaborada por el Servicio de Radiología de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la angiografía, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la angiografía
Egas Moniz y los orígenes de la técnica
Principio físico
Modalidades según la vía de imagen
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra angiografía?
¿Es lo mismo angiografía que arteriografía?
¿Quién realizó la primera angiografía?
Referencias
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