DICCIONARIO MÉDICO
CD80
CD80, también denominado B7-1, es una glucoproteína de membrana de la superfamilia de las inmunoglobulinas que actúa como molécula coestimuladora en la activación del linfocito T. Se expresa de forma inducible en linfocitos B activados, células dendríticas y macrófagos, y su unión a CD28 o a CD152 (CTLA-4) determina si la respuesta del linfocito T progresa o se detiene. CD80 es una proteína transmembrana de tipo I cuyo dominio extracelular contiene dos dominios de tipo inmunoglobulina (uno variable y uno constante). El gen que la codifica, CD80, se localiza en el cromosoma 3q13.33, en un locus que comparte con el gen de CD86. La molécula madura tiene un peso molecular aparente de unos 60 kDa, en buena parte atribuible a la N-glicosilación de su porción extracelular. La designación B7 procede de los primeros estudios de antígenos leucocitarios con anticuerpos monoclonales, realizados durante los talleres internacionales de tipificación celular de los años ochenta. Peter Linsley y su grupo en Bristol-Myers Squibb identificaron en 1990 que la proteína B7 era un ligando de CD28 en el linfocito T, y poco después, en 1991, demostraron que CTLA-4 se unía a la misma molécula con una afinidad considerablemente mayor. Esa doble capacidad de unión convirtió a CD80 en una pieza del modelo de dos señales que explica la activación del linfocito T. Para que un linfocito T virgen se active de forma productiva necesita dos estímulos simultáneos. El primero lo proporciona el reconocimiento del antígeno presentado por las moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad a través del receptor de la célula T (TCR). El segundo proviene de la interacción entre CD80 (o CD86) en la célula presentadora y CD28 en el linfocito. Sin esa segunda señal el linfocito no prolifera; entra en un estado de anergia que lo deja refractario a futuras estimulaciones con el mismo antígeno. Esa lógica de doble verificación tiene un sentido biológico concreto: las células nucleadas del organismo presentan constantemente péptidos propios en sus moléculas de histocompatibilidad, pero solo las células presentadoras de antígeno profesionales expresan CD80 y CD86 cuando han captado material extraño. Así se reduce el riesgo de que los linfocitos T ataquen tejidos sanos. La falta de B7 explica por qué muchas células tumorales escapan a la vigilancia inmunitaria (carecen de señal coestimuladora, y el linfocito que reconoce el antígeno tumoral se vuelve anérgico en lugar de citotóxico). CD80 apenas se detecta en células presentadoras de antígeno en reposo. Su expresión comienza a ser apreciable entre 24 y 48 horas después de la activación celular y alcanza un máximo en torno a las 48-72 horas. Esta cinética lenta contrasta con la de CD86, que ya está presente de forma constitutiva en monocitos y linfocitos B, y que se incrementa con rapidez tras la activación. Dicho de otro modo, CD86 participa en las fases tempranas de la coestimulación, mientras que CD80 refuerza la señal en un momento más tardío. Hay otra diferencia que no siempre se menciona. CD80 tiende a formar homodímeros en la superficie celular, lo que le confiere una valencia bivalente para la unión a sus receptores. CD86 se mantiene como monómero. Las consecuencias funcionales de esta diferencia no están del todo resueltas, pero varios modelos sugieren que la forma dimérica de CD80 favorece la interacción con CTLA-4 (que también es un homodímero), mientras que CD86 se une con preferencia a CD28. En la zona de contacto entre la célula presentadora y el linfocito T se organiza una estructura supramolecular conocida como sinapsis inmunológica. CD80 se concentra en el anillo central de esta estructura, junto con las moléculas de histocompatibilidad. Desde ahí, su interacción con CD28 activa la vía PI3K/Akt en el linfocito y estimula la producción de interleucina 2, la citocina que sostiene la expansión clonal. Cuando el linfocito T ya activado expresa CTLA-4 en su membrana, la competición por CD80 cambia el desenlace. CTLA-4 tiene una afinidad por B7-1 entre 10 y 20 veces superior a la de CD28. Cada molécula de CD80 que captura CTLA-4 deja de enviar la señal positiva que necesita el linfocito para seguir proliferando. Es un freno progresivo. B7 fue la designación asignada a esta molécula durante los talleres internacionales de diferenciación leucocitaria, en los que paneles de anticuerpos monoclonales se clasificaban por grupos de reactividad. El sufijo «-1» se añadió cuando se identificó un segundo miembro de la familia, B7-2 (CD86), para distinguirlos. No. Comparten ligandos (CD28 y CTLA-4) y pertenecen a la misma familia de moléculas, pero difieren en cinética de expresión, estructura cuaternaria y contexto funcional. CD86 se expresa de forma constitutiva y actúa antes; CD80 es inducible y aparece más tarde en la respuesta. Depende. Si CD86 sigue presente, la coestimulación puede mantenerse, al menos parcialmente. Cuando faltan ambas moléculas B7, el linfocito T que reconoce el antígeno no recibe la segunda señal y se vuelve anérgico, es decir, incapaz de responder ante un nuevo contacto con ese mismo antígeno. Este mecanismo es relevante en la evasión inmunitaria de ciertos tumores. Sí. Estudios recientes han identificado una interacción directa entre CD80 y PD-L1 (ligando de muerte programada 1) en la misma célula presentadora. Esta unión en cis secuestra PD-L1 e impide que se una a PD-1 en el linfocito T, con lo que reduce la señal inhibitoria mediada por esa vía. La biología de CD80 resulta, por tanto, más compleja de lo que sugiere el modelo clásico de dos señales. Si desea profundizar en conceptos asociados al CD80, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el CD80
Función coestimuladora y modelo de dos señales
Cinética de expresión y diferencias con CD86
Relevancia en la sinapsis inmunológica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre B7-1?
¿Es lo mismo CD80 que CD86?
¿Qué ocurre si falta CD80 en la célula presentadora?
¿Tiene CD80 algún papel fuera de la coestimulación clásica?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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