DICCIONARIO MÉDICO
Carcinoma papilar
El carcinoma papilar de tiroides es el cáncer tiroideo más frecuente: representa entre el 80 y el 85 % de todas las neoplasias malignas de esta glándula. Se origina en las células foliculares y su pronóstico es, en la mayoría de los casos, excelente. Más del 90 % de los pacientes sobreviven al menos 10 a 20 años tras el diagnóstico inicial. El adjetivo «papilar» procede del latín papilla, diminutivo de papula, que designaba una proyección pequeña con forma de pezón o brote. En histología, un patrón papilar indica que las células se organizan formando proyecciones digitiformes sostenidas por un eje fibrovascular central. Al microscopio, el carcinoma papilar muestra esas frondas características, pero lo que realmente sella su identidad son los rasgos nucleares: núcleos grandes, pálidos, con aspecto de «vidrio esmerilado», surcos longitudinales e inclusiones intranucleares. Ese patrón de crecimiento no es exclusivo del tiroides. Aparece también en carcinomas de riñón, mama, ovario y pulmón, entre otros. Lo que identifica al carcinoma papilar tiroideo no es solo su arquitectura, sino la combinación de esa arquitectura con los cambios nucleares descritos. De hecho, existe una variante folicular del carcinoma papilar que carece de papilas pero conserva los rasgos nucleares, y se clasifica igualmente como papilar. La alteración genética más frecuente en el carcinoma papilar es la mutación BRAF V600E, presente en aproximadamente el 45 % de los casos. BRAF es un oncogén que participa en la vía MAPK de señalización celular, una cascada que regula la proliferación y la supervivencia de la célula. Cuando BRAF muta en la posición V600E, la vía queda activada de forma permanente y la célula folicular se divide sin freno. No todos los carcinomas papilares llevan esa mutación. Otro grupo presenta reordenamientos del gen RET/PTC, especialmente en pacientes jóvenes y en los casos asociados a exposición previa a radiación ionizante. Los carcinomas papilares sin BRAF tienden a comportarse de forma más indolente, un dato que ha cobrado importancia para estratificar el riesgo: algunos centros utilizan ya el estado de BRAF como variable complementaria a la hora de planificar el seguimiento. Variante clásica. La forma más habitual, con papilas bien desarrolladas y los rasgos nucleares típicos. Pronóstico favorable en la mayoría de los casos. Variante folicular. Las células adoptan un patrón folicular en lugar de papilar, pero mantienen las alteraciones nucleares. Puede confundirse con el carcinoma folicular si no se examinan los núcleos con atención. Dentro de esta variante, la forma encapsulada no invasiva se reclasificó en 2016 como «neoplasia folicular tiroidea no invasiva con características nucleares de tipo papilar» (NIFTP), un nombre largo que refleja la intención de eliminar la palabra «carcinoma» para un tumor que rara vez se comporta de forma maligna. Variante de células altas. Las células son al menos el doble de altas que de anchas, con citoplasma eosinófilo abundante. Se asocia con mayor frecuencia a la mutación BRAF y a un comportamiento más agresivo que la variante clásica. Microcarcinoma papilar. Se define como un carcinoma papilar de menos de 10 mm. Muchos se descubren de forma incidental en ecografías realizadas por otros motivos. Su pronóstico es tan favorable que en casos seleccionados algunas guías contemplan la vigilancia activa sin intervención inmediata. Del latín papilla, brote o proyección pequeña. Describe un patrón de crecimiento en el que las células forman prolongaciones digitiformes con un eje vascular central. No es exclusivo del tiroides: también se usa en patología renal, mamaria y ovárica, entre otras. En la gran mayoría de los casos, no. La supervivencia a largo plazo supera el 90 % y muchos pacientes, sobre todo menores de 55 años con tumores pequeños confinados a la glándula, tienen un pronóstico prácticamente comparable al de la población general. Las excepciones son las variantes agresivas (células altas, esclerosante difusa) y los casos con extensión extratiroidea o metástasis a distancia. Sí, aunque es infrecuente. Se han documentado casos en los que un carcinoma papilar de larga evolución acumula mutaciones adicionales (especialmente en TP53) y se desdiferencia hasta convertirse en un carcinoma anaplásico. Es una de las razones que justifican el seguimiento prolongado de los carcinomas diferenciados. Es un cambio puntual en el gen BRAF que activa de forma permanente la vía MAPK de señalización celular. Aparece en aproximadamente el 45 % de los carcinomas papilares de tiroides. Su presencia se ha asociado a un comportamiento algo más agresivo y, en pacientes mayores de 60 años, a una mayor mortalidad. Consulte también la información clínica completa sobre el cáncer de tiroides Si busca información clínica detallada, puede consultar la ficha completa del cáncer de tiroides elaborada por el Centro de Cáncer de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados al carcinoma papilar de tiroides, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el carcinoma papilar de tiroides
El oncogén BRAF y la biología molecular
Variantes histológicas principales
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «papilar» en medicina?
¿Es grave el carcinoma papilar de tiroides?
¿El carcinoma papilar puede transformarse en anaplásico?
¿Qué es la mutación BRAF V600E?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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