DICCIONARIO MÉDICO

Proliferación

La proliferación es el aumento del número de células de un tejido, resultado de ciclos sucesivos de crecimiento y división celular. Puede tratarse de un proceso fisiológico (reparar una herida, renovar un epitelio, expandir un clon de linfocitos) o escapar al control habitual del organismo, como ocurre en un tumor.

Qué es la proliferación

El término procede del latín proles, "descendencia", y ferre, "llevar" o "producir": literalmente, "producir descendencia". Su empleo en el sentido celular moderno (la formación de nuevas células por gemación o división) se documenta en 1859, tomado del francés prolifération. La ampliación del significado a cualquier aumento o incremento numérico, dentro y fuera de la biología, no llegó hasta la década de 1920.

Proliferación no es sinónimo exacto de crecimiento celular ni de división celular, aunque los tres fenómenos suelan coincidir. Una célula puede dividirse sin haber crecido antes: así ocurre en la segmentación del cigoto tras la fecundación, donde el número de células aumenta pero el volumen total del embrión no. También puede crecer sin dividirse, como sucede en buena parte de las neuronas maduras. Solo cuando ambos procesos se combinan de forma sostenida se produce una expansión neta del tejido.

El ciclo celular como base del proceso

La maquinaria que hace posible la proliferación es el ciclo celular: una secuencia ordenada de fases, G1, S, G2 y M, que culmina en la división de una célula madre en dos células hijas genéticamente idénticas. Durante la fase S se duplica el ADN; durante la M, la mitosis propiamente dicha, los cromosomas se reparten y la célula se escinde en dos.

Un conjunto de proteínas reguladoras (ciclinas, quinasas dependientes de ciclina y genes supresores de tumores como p53 o Rb) actúa de freno y acelerador a lo largo de todo el ciclo. Cuando esos controles fallan, por ejemplo por una mutación que inactiva un gen supresor, la célula puede seguir dividiéndose sin que el organismo lo autorice. Ese fallo de control es, precisamente, lo que separa una proliferación fisiológica de una proliferación neoplásica.

Existe además una forma de medir directamente cuántas células de un tejido están proliferando en un momento dado: la proteína Ki-67, presente en el núcleo durante todas las fases activas del ciclo (G1, S, G2 y mitosis) pero ausente en las células en reposo. Su detección mediante inmunohistoquímica es, hoy, la manera más habitual de cuantificar la actividad proliferativa de una muestra de tejido.

Contextos en los que se produce

El organismo recurre a la proliferación en situaciones muy distintas entre sí. En el desarrollo embrionario y el crecimiento infantil es el motor del aumento de tamaño corporal. En la vida adulta mantiene renovados los tejidos que se desgastan de forma constante: el epitelio intestinal se sustituye por completo cada pocos días, y la epidermis, cada varias semanas. Interviene también en la cicatrización de heridas, cuando fibroblastos y células endoteliales proliferan para reconstruir el tejido dañado.

Un ejemplo bien caracterizado es la respuesta inmunitaria adaptativa. Cuando un linfocito reconoce, a través de su receptor de superficie, un antígeno concreto, se pone en marcha un programa de división rápida y sucesiva que genera un clon de miles de células idénticas, todas capaces de reconocer ese mismo antígeno. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos define la proliferación celular, en términos generales, como el aumento del número de células resultante de su crecimiento y multiplicación; en el caso linfocitario, el objetivo biológico de ese aumento es reunir masa celular específica suficiente para neutralizar la amenaza de forma eficaz. Concluida la respuesta, la mayoría de esas células mueren por apoptosis y solo una fracción persiste como memoria inmunológica.

Proliferación, hiperplasia y otras formas de crecimiento tisular

Proliferación es el término genérico para el aumento del número de células. Hiperplasia describe ese mismo fenómeno cuando ocurre de forma controlada, en respuesta a un estímulo identificable (hormonal, mecánico o compensador) y con capacidad de revertir si ese estímulo desaparece. La hipertrofia, en cambio, no aumenta el número de células sino su tamaño individual; el ejemplo clásico es el miocardio sometido a una sobrecarga de presión mantenida.

La metaplasia sustituye un tipo celular maduro por otro distinto, también maduro, y sigue siendo reversible mientras el estímulo no se cronifique. Si la alteración progresa hacia una arquitectura celular desordenada y con potencial premaligno, el término pasa a ser displasia. En el extremo final de ese espectro se sitúa la neoplasia: una proliferación celular monoclonal que se independiza del estímulo que la originó y ya no responde a los mecanismos de control habituales, benigna o maligna según conserve o no capacidad de infiltrar tejidos vecinos.

No hay una frontera nítida entre estos estados. Una hiperplasia mantenida en el tiempo, sin que desaparezca el estímulo que la provoca, puede terminar constituyendo un terreno intermedio hacia la neoplasia.

Preguntas frecuentes

¿De dónde procede exactamente la palabra proliferación?

Del latín proles ("descendencia") y ferre ("llevar"), a través del francés prolifération. Su primer uso documentado en el sentido celular es de 1859.

¿Es lo mismo proliferación que crecimiento celular?

No. El crecimiento celular es el aumento de tamaño de una célula individual, y puede darse sin que haya división. La proliferación exige que crecimiento y división ocurran juntos y de forma repetida, generando más células, no células más grandes.

¿Toda proliferación es un signo de enfermedad?

No, en absoluto. La inmensa mayoría de la proliferación que ocurre en un organismo adulto sano es fisiológica: renovación de epitelios, cicatrización, respuesta inmunitaria. La proliferación se convierte en un hallazgo patológico cuando pierde su relación con el estímulo que debería regularla o cuando invade estructuras que no le corresponden.

¿Qué genes controlan que una célula prolifere o no?

El ciclo celular está regulado por ciclinas y quinasas dependientes de ciclina, que actúan como acelerador, y por genes supresores de tumores como p53 o Rb, que actúan como freno. La pérdida de función de estos últimos es uno de los mecanismos mejor descritos en el origen de las neoplasias.

¿Puede medirse cuánta proliferación hay en un tejido?

Sí. La proteína Ki-67 se emplea de forma rutinaria en anatomía patológica como marcador de proliferación: se expresa en las células que atraviesan el ciclo celular activo y desaparece en las que están en reposo, lo que permite estimar qué proporción de una muestra de tejido se está dividiendo.

Referencias

  1. Real Academia Española. Proliferación. Diccionario de la lengua española. Enlace
  2. Online Etymology Dictionary. Proliferation. Enlace
  3. Instituto Nacional del Cáncer (NCI). Proliferación celular. Diccionario de cáncer del NCI. Enlace
  4. Kumar V, Abbas AK, Aster JC. Robbins y Cotran. Patología estructural y funcional. Capítulo 1: respuestas celulares ante el estrés y las agresiones por tóxicos.

Entradas relacionadas

  • Hiperplasia: aumento del número de células como respuesta controlada a un estímulo identificable.
  • Neoplasia: proliferación celular monoclonal que se independiza del estímulo que la originó.
  • Metaplasia: sustitución reversible de un tipo celular maduro por otro distinto.
  • Adaptación celular: conjunto de respuestas, entre ellas la hiperplasia, con las que un tejido se ajusta a un estímulo sostenido.
  • Ciclo celular: secuencia de fases que atraviesa una célula entre una división y la siguiente.
  • Mitosis: fase del ciclo celular en la que se reparten los cromosomas y la célula se divide en dos.
  • Apoptosis: muerte celular programada que equilibra, en muchos tejidos, el efecto de la proliferación.

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