DICCIONARIO MÉDICO
Carcinoma escamoso de pene
El carcinoma escamoso de pene es la neoplasia maligna más frecuente de este órgano: representa entre el 95 y el 98 % de todos los tumores peniales. Su incidencia varía de forma notable según la región geográfica, con cifras que en Europa y Norteamérica apenas alcanzan 0,1 a 0,7 casos por cada 100 000 varones al año, frente a tasas sensiblemente superiores en zonas de África subsahariana y Sudamérica. Se trata de un carcinoma que se origina en las células del epitelio plano estratificado que recubre la superficie del pene. El término escamoso procede del latín squama, que significa escama, y alude a la morfología aplanada de las células epiteliales maduras cuando se observan al microscopio: se disponen en láminas superpuestas que recuerdan las escamas de un pez. En la literatura anglosajona se denomina squamous cell carcinoma of the penis, y su sinónimo en español, carcinoma epidermoide, pone el acento en la procedencia epidérmica del tumor más que en la forma celular. La localización más habitual es el glande, seguida de la cara interna del prepucio y del surco balanoprepucial. Esa predilección topográfica no es casual: el epitelio mucocutáneo de esas zonas está sometido a una exposición prolongada a factores irritativos locales, acumulación de esmegma y posible infección por el virus del papiloma humano (VPH), sobre todo los genotipos 16 y 18. Las series publicadas detectan ADN viral en un 30 a 60 % de las formas invasivas, porcentaje que se eleva por encima del 70 % en las variantes histológicas basaloide y condilomatosa. Desde el punto de vista epidemiológico, el pico de incidencia se sitúa entre la sexta y la séptima década de la vida. La fimosis no tratada, la inflamación crónica del glande (balanitis) y el tabaquismo son factores de riesgo bien documentados. La circuncisión neonatal reduce la probabilidad de desarrollar este tumor, un dato que explica en parte las diferencias geográficas de incidencia. No todos los carcinomas escamosos de pene siguen la misma ruta molecular. Se reconocen al menos dos vías. En una de ellas, el VPH integra su genoma en la célula huésped y las oncoproteínas virales E6 y E7 inactivan los supresores tumorales p53 y Rb, lo que empuja a la célula hacia una proliferación incontrolada. Es la vía predominante en los subtipos basaloide y condilomatoso. Existe otra vía independiente del VPH, ligada a la irritación crónica y la inflamación sostenida. Aquí las mutaciones de TP53 se adquieren por mecanismos no virales, y el proceso pasa con frecuencia por lesiones precursoras como el liquen escleroso o la displasia escamosa diferenciada. El subtipo histológico usual o convencional suele asociarse a esta segunda ruta, que representa la mayoría de los casos en varones añosos sin infección viral demostrable. La clasificación de la OMS distingue varias formas. El subtipo más frecuente es el convencional, con grados variables de diferenciación y producción de queratina. El basaloide, compuesto por células pequeñas con escaso citoplasma dispuestas en nidos compactos, tiene un comportamiento agresivo y se vincula casi siempre al VPH-16. El condilomatoso crece con arquitectura papilar exofítica y pronóstico algo más favorable, mientras que el sarcomatoide, mucho menos frecuente, imita la apariencia de un sarcoma de células fusiformes y conlleva alta mortalidad. Merece mención aparte el carcinoma verrugoso gigante de pene (tumor de Buschke-Löwenstein), un tumor de bajo grado con crecimiento exofítico masivo y bordes expansivos. No metastatiza, pero infiltra en profundidad. El carcinoma in situ de pene comparte el origen escamoso, pero las células atípicas permanecen confinadas dentro del epitelio sin atravesar la membrana basal. Cuando se localiza en la mucosa del glande recibe clásicamente el nombre de eritroplasia de Queyrat; si afecta a la piel del cuerpo del pene se denomina enfermedad de Bowen genital. La distinción resulta clínicamente relevante porque la forma in situ es, por definición, preinvasiva, y entre un 5 y un 30 % de los casos puede progresar hacia un carcinoma escamoso infiltrante si no se detecta a tiempo. El adjetivo viene del latín squama (escama). Bajo el microscopio, las células epiteliales maduras de la piel y las mucosas son planas y se superponen en capas, con un aspecto que recuerda a las escamas de los reptiles o los peces. Cuando un carcinoma surge de ese tipo de epitelio, hereda la denominación. Sí. Son sinónimos. «Escamoso» subraya la forma de la célula; «epidermoide» apunta a que se parece a la epidermis. La elección de un término u otro depende de la tradición de cada escuela anatomopatológica, pero designan exactamente la misma entidad tumoral. Se detecta ADN del virus del papiloma humano en aproximadamente un tercio a la mitad de los carcinomas escamosos invasivos de pene, y en un porcentaje aún mayor de las formas in situ. No obstante, la presencia de VPH no es condición necesaria: existe una proporción considerable de tumores que se desarrollan por la vía inflamatoria crónica, sin intervención viral demostrable. No. En Europa occidental y Norteamérica es raro, con menos de un caso por cada 100 000 varones al año. Las cifras son mayores en regiones de Brasil, Uganda y la India, donde pueden superar los 4 casos por 100 000, diferencias atribuidas en buena parte al peso distinto de la circuncisión neonatal y a las condiciones higiénicas. Si desea profundizar en conceptos asociados al carcinoma escamoso de pene, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el carcinoma escamoso de pene
Vía de transformación del epitelio peniano
Variantes histológicas reconocidas
Diferenciación con el carcinoma in situ peniano
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama «escamoso»?
¿Es lo mismo carcinoma escamoso de pene que carcinoma epidermoide de pene?
¿Qué relación tiene con el VPH?
¿Es frecuente este tipo de cáncer?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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