DICCIONARIO MÉDICO
Biomarcador
Un biomarcador es cualquier característica biológica que puede medirse de forma objetiva y que sirve como indicador de un proceso fisiológico normal, de una alteración patológica o de la respuesta del organismo a una intervención. La Real Academia Española lo define como sustancia indicadora de la presencia de material biológico o de un proceso fisiológico. Su uso se ha extendido a prácticamente todas las especialidades médicas. En 2001, el Biomarkers Definitions Working Group de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos publicó una definición que sigue siendo referencia: un biomarcador es una característica objetivamente mensurable capaz de identificar procesos biológicos normales, procesos patogénicos o respuestas farmacológicas a una intervención terapéutica. La palabra combina el prefijo griego βίος (bíos), "vida", con el francés marqueur, derivado del germánico *markōn, "señalar" o "delimitar". En español, la RAE incorporó el término en su diccionario con una acepción restringida a sustancias, pero en la práctica clínica el concepto es más amplio: una cifra de tensión arterial, un patrón electroencefalográfico o una imagen de resonancia magnética funcional pueden funcionar como biomarcadores si cumplen criterios de reproducibilidad y relevancia clínica. Conviene no confundir biomarcador con analito. Todo analito medido en el laboratorio es, técnicamente, un dato biológico, pero solo se convierte en biomarcador cuando se ha demostrado que su variación se correlaciona de forma fiable con un estado clínico concreto. La hemoglobina glicosilada, por ejemplo, es un analito glucoproteico, pero su valor como biomarcador radica en que refleja la glucemia media de los últimos dos o tres meses, lo cual permite evaluar el control metabólico de la diabetes sin depender de una sola determinación puntual. Los biomarcadores se agrupan habitualmente según el papel que desempeñan en la toma de decisiones médicas. No todos encajan limpiamente en una sola categoría (la proteína C reactiva se ha utilizado como marcador de riesgo cardiovascular y, simultáneamente, como indicador de actividad inflamatoria aguda), pero la clasificación funcional resulta útil como marco de trabajo. Biomarcadores de susceptibilidad o riesgo. Señalan la probabilidad de que un individuo desarrolle una enfermedad antes de que esta se manifieste. Las variantes genéticas BRCA1 y BRCA2 son un caso paradigmático en oncología: su presencia no implica que el cáncer vaya a aparecer, pero eleva sustancialmente la probabilidad respecto a la población general. Biomarcadores de detección y estadificación. Permiten identificar o localizar una enfermedad ya presente. El antígeno prostático específico (PSA) se utiliza en la valoración del cáncer de próstata, y los marcadores tumorales circulantes ayudan a estimar la carga tumoral. Sin embargo, la especificidad de muchos de estos marcadores es limitada: el PSA se eleva también en la hiperplasia benigna de próstata, lo que obliga a interpretar su valor siempre dentro de un contexto clínico más amplio. Biomarcadores pronósticos. Informan sobre la evolución probable de la enfermedad con independencia de la intervención elegida. La troponina cardíaca, además de confirmar el daño miocárdico, aporta datos sobre la gravedad del evento y la probabilidad de complicaciones posteriores. Biomarcadores predictivos y farmacodinámicos. Anticipan la respuesta a un agente terapéutico determinado. La presencia de mutaciones en el gen KRAS, por poner un caso, condiciona la eficacia de ciertos anticuerpos monoclonales en el cáncer colorrectal. Este tipo de marcador ha impulsado lo que se conoce como medicina de precisión, un modelo en el que la elección del abordaje se ajusta al perfil molecular de cada paciente. Además de la clasificación funcional, los biomarcadores pueden ordenarse según el tipo de molécula o señal que se mide. Los biomarcadores moleculares abarcan proteínas (como enzimas, hormonas o anticuerpos), ácidos nucleicos (ADN y ARN, incluidos los fragmentos de ADN tumoral circulante en las llamadas biopsias líquidas) y metabolitos de bajo peso molecular. Los biomarcadores celulares se refieren a poblaciones o características de células concretas: el recuento de linfocitos CD4 en la infección por VIH es probablemente el ejemplo más conocido. Y los biomarcadores de imagen utilizan señales obtenidas mediante técnicas como la tomografía por emisión de positrones o la resonancia magnética para cuantificar cambios en tejidos o en la actividad metabólica de un órgano. La naturaleza del biomarcador condiciona también el modo de obtención. Frente a la biopsia tisular convencional, que requiere la extracción de una muestra del órgano afectado, la detección de biomarcadores en fluidos corporales (sangre, orina, líquido cefalorraquídeo) ofrece un acceso menos invasivo y repetible. El interés creciente por las biopsias líquidas refleja precisamente esa ventaja: permite rastrear ADN tumoral circulante o células tumorales en sangre periférica sin necesidad de puncionar el tumor. Que una molécula se correlacione con una enfermedad en un estudio no basta para convertirla en herramienta clínica. El proceso de validación es largo. Un biomarcador candidato debe demostrar sensibilidad suficiente (detectar la condición cuando está presente), especificidad aceptable (no dar positivo cuando la condición no existe), reproducibilidad entre laboratorios y, sobre todo, utilidad clínica real, es decir, que su uso modifique decisiones y mejore resultados para el paciente. Muchos biomarcadores prometedores en fase experimental nunca alcanzan la práctica diaria porque fracasan en alguno de estos requisitos. Del griego βίος (bíos), "vida", y del francés marqueur ("marcador"), que a su vez procede del germánico *markōn, "poner un límite" o "señalar". La combinación apareció primero en la literatura anglosajona como biomarker a partir de la década de 1980, y se asentó en español con la forma biomarcador a lo largo de los años noventa. No. Un marcador tumoral es un tipo concreto de biomarcador vinculado a procesos neoplásicos. Biomarcador es el término genérico: abarca marcadores tumorales, pero también indicadores de riesgo cardiovascular, de función renal, de infección, de respuesta inmunitaria y de muchas otras situaciones clínicas. Rara vez. La mayoría de los biomarcadores carecen de la especificidad necesaria para establecer por sí solos una confirmación. Suelen integrarse con la historia clínica, la exploración física y otras pruebas complementarias. Hay excepciones: la presencia del cromosoma Filadelfia en un contexto hematológico determinado se considera prácticamente definitoria de leucemia mieloide crónica. El concepto es más antiguo que la palabra. La glucosuria detectada en la orina de los diabéticos se conoce desde el siglo XVIII, y la velocidad de sedimentación globular se emplea como indicador de inflamación desde principios del XX. Lo que cambió a finales del siglo pasado fue la escala: la genómica, la proteómica y las técnicas de alto rendimiento permitieron identificar y medir simultáneamente cientos de moléculas, ampliando el repertorio disponible de forma drástica. Si desea profundizar en conceptos asociados a los biomarcadores, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un biomarcador
Clasificación según la función clínica
Tipos según su naturaleza molecular
Criterios que debe cumplir un biomarcador útil
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra biomarcador?
¿Es lo mismo biomarcador que marcador tumoral?
¿Puede un solo biomarcador confirmar una enfermedad?
¿Desde cuándo se utilizan biomarcadores en medicina?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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