DICCIONARIO MÉDICO
Baylisascaris procyonis
Baylisascaris procyonis, conocido como el gusano redondo del mapache, es un nematodo que habita en el intestino del mapache sin causarle apenas trastorno. La dificultad surge cuando sus huevos, eliminados con las heces del animal, llegan por accidente a una persona. Las larvas que salen de esos huevos no llegan a adultos dentro de nosotros. En su lugar emprenden un recorrido errático por los tejidos y pueden alcanzar el cerebro o el ojo. Así, un parásito casi inofensivo para su hospedador habitual se vuelve peligroso para quien no lo es. Baylisascaris procyonis Gusano redondo del mapache Tipo: helminto Clase: nematodo, áscaris de la familia Ascarididae Transmisión: fecal-oral, por ingestión de huevos del ambiente (zoonótica) Reservorio: animal (mapache; el perro actúa como hospedador alterno) Patogenicidad: primario Enfermedades: baylisascariasis, larva migrans Es un nematodo de la familia Ascarididae, la de los grandes áscaris intestinales, y el parásito habitual del intestino delgado del mapache. Dentro del género Baylisascaris es la especie mejor conocida y la de mayor peso para la salud humana, por la proximidad con la que el mapache convive con las personas en buena parte de Norteamérica. El epíteto de la especie, procyonis, remite a Procyon, el género zoológico al que pertenece el mapache (Procyon lotor). El nombre traza así, en una sola palabra, la relación entre el gusano y el animal que lo aloja. La historia del binomio es larga: el organismo se aisló por primera vez en 1931 en mapaches del Parque Zoológico de Nueva York, donde se describió como Ascaris columnaris. Más tarde, Stefanski y Żarnowski lo separaron como Ascaris procyonis en 1951, y en 1968 el parasitólogo J. F. A. Sprent lo trasladó al nuevo género Baylisascaris, que reunía a varios áscaris de carnívoros hasta entonces dispersos. Tiene el aspecto típico de un áscaris de gran tamaño: cuerpo cilíndrico y alargado, color que va del blanco marfil al pardo claro y tres labios prominentes en el extremo anterior, un rasgo compartido por toda la familia. Las hembras son mayores que los machos y los ejemplares adultos alcanzan con facilidad los diez a veinte centímetros de longitud. En el mapache viven anclados al intestino delgado. La verdadera firma del parásito está en sus huevos. Son ovalados, de cubierta gruesa y color pardo oscuro, y miden en torno a 63 a 88 micras. Esa cáscara los hace notablemente resistentes: soportan el frío y el calor, aguantan los desinfectantes habituales y pueden permanecer viables en el suelo durante años. Recién eliminados no contagian. Necesitan un periodo de maduración en el ambiente, de unas dos a cuatro semanas, para que en su interior se forme la larva infectante. Solo entonces el huevo es capaz de transmitir la infección. Su reservorio es el mapache, en el que la infección suele pasar inadvertida: el animal alberga los gusanos adultos y elimina huevos sin mostrar señales de enfermedad. Los mapaches defecan en puntos comunes que se repiten a lo largo del tiempo, las llamadas letrinas, donde el suelo se carga de huevos. Una sola hembra puede liberar más de cien mil huevos al día, y un mapache alberga a menudo varios ejemplares, de modo que la cantidad acumulada en esos lugares es enorme. El contagio se produce por vía fecal-oral, al ingerir huevos ya maduros presentes en la tierra, el agua o los objetos contaminados. No hay ningún insecto que lo transporte. El ser humano se infecta de manera accidental, igual que un buen número de aves y mamíferos, más de un centenar de especies, que actúan como hospedadores de paso sin que el parásito complete en ellos su ciclo. El perro merece mención aparte, porque puede comportarse como hospedador alterno: llega a albergar gusanos adultos en su intestino y a eliminar huevos, con lo que añade una vía indirecta de exposición. En su hospedador natural el gusano madura y se reproduce sin más. En una persona la historia cambia por completo. La larva que sale del huevo no llega a adulto: atraviesa la pared intestinal, pasa a la sangre y viaja por el hígado, los pulmones, los ojos o el sistema nervioso central. Ese desplazamiento por los tejidos es lo que se denomina larva migrans, y da lugar a la baylisascariasis, con sus formas visceral, ocular y neural. Dos particularidades explican por qué preocupa más que otros gusanos que provocan cuadros parecidos. La primera es su migración agresiva, con una marcada tendencia a invadir el cerebro. La segunda, que sus larvas siguen creciendo dentro del tejido en lugar de detenerse, de modo que alcanzan un tamaño considerable y no se eliminan con facilidad. Cuando llegan al encéfalo desencadenan una meningoencefalitis con abundante eosinofilia. Comparte familia con los áscaris más conocidos, pero no se comporta como ellos. El Ascaris humano completa su ciclo en la persona y se aloja, ya adulto, en el intestino. Baylisascaris procyonis no puede hacerlo: en nosotros se queda en fase larvaria y por eso migra. Frente a Toxocara, el otro gran causante de larva migrans, la diferencia está en la intensidad. Las larvas de Toxocara suelen ser pequeñas y detienen su crecimiento; las de Baylisascaris son mayores, siguen desarrollándose y muestran predilección por el tejido nervioso. De ahí que la toxocariasis curse casi siempre de forma más benigna. El género une el apellido del parasitólogo británico H. A. Baylis con el griego askaris, lombriz intestinal. El epíteto procyonis alude a Procyon, el género del mapache. En conjunto, el áscaris de Baylis propio del mapache. El género lo estableció Sprent en 1968. Por dos motivos que se suman. En el ser humano no alcanza la fase adulta, así que permanece como larva y se desplaza por los tejidos. Y esa larva, al contrario que las de otros parásitos parecidos, no deja de crecer ni muere con facilidad, con una inclinación particular hacia el cerebro y el ojo. La combinación de un tamaño creciente y una migración persistente en órganos delicados es lo que agrava el cuadro. No. Hace falta ingerir huevos ya madurados en el ambiente, que proceden de las heces del mapache. Una persona infectada no elimina huevos capaces de contagiar, porque el parásito no completa su ciclo en el organismo humano. Sí. El perro puede alojar el gusano adulto en su intestino y eliminar huevos, algo que lo convierte en una fuente indirecta de exposición. En algunos casos, sobre todo en cachorros, las larvas migran y provocan cuadros neurológicos graves, como ocurre en el ser humano. Para situar Baylisascaris procyonis dentro de su grupo, puede consultar:Qué es Baylisascaris procyonis
Cómo es y cómo se identifica en el laboratorio
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedad produce
En qué se diferencia de Toxocara y Ascaris
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre Baylisascaris procyonis?
¿Por qué es más peligroso que otros áscaris intestinales?
¿Se transmite de una persona a otra?
¿También afecta a los perros?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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