DICCIONARIO MÉDICO
Sistema nervioso central
El sistema nervioso central es la división del sistema nervioso formada por el encéfalo y la médula espinal, protegida por el cráneo y la columna vertebral, que integra la información sensorial y genera las órdenes motoras y las funciones cognitivas del organismo. Se diferencia del sistema nervioso periférico en su localización, en su triple envoltura protectora y en su escasa capacidad de regeneración tras una lesión. Central procede del latín centralis, derivado de centrum, «punto medio». El propio centrum es un préstamo del griego κέντρον (kentron), que designaba en origen el punto fijo de un compás, la rama sobre la que gira la otra al trazar un círculo, y solo más tarde pasó a nombrar el centro geométrico de cualquier figura. Aplicado al sistema nervioso, el adjetivo alude a su papel de núcleo de mando: la Real Academia Española recoge, de hecho, una acepción fisiológica de centro como la parte del sistema nervioso central que recibe estímulos periféricos y transmite las respuestas correspondientes a los órganos afectados. El sistema nervioso central agrupa dos grandes componentes: el encéfalo, alojado dentro del cráneo, y la médula espinal, que desciende por el interior de la columna vertebral. Ambos forman un tejido continuo, sin interrupción anatómica entre uno y otro. Dentro del encéfalo se distinguen tres grandes partes: el cerebro, que ocupa la mayor parte del volumen craneal y se organiza en dos hemisferios recubiertos por la corteza cerebral; el cerebelo, situado bajo el cerebro; y el tronco encefálico, que conecta ambos con la médula espinal y agrupa el mesencéfalo, la protuberancia y el bulbo raquídeo. En la médula espinal, la disposición de los tejidos se invierte respecto al encéfalo: la sustancia gris, formada por cuerpos neuronales, ocupa el centro, mientras que la sustancia blanca, formada por fibras mielinizadas, rodea la periferia. El conjunto está atravesado por un sistema de cavidades interconectadas, los ventrículos cerebrales, cuatro en total: dos ventrículos laterales, el tercer ventrículo y el cuarto ventrículo. En sus paredes, unas estructuras vascularizadas llamadas plexos coroideos producen la mayor parte del líquido cefalorraquídeo. Tres membranas envuelven el encéfalo y la médula espinal, y se conocen en conjunto como meninges: la duramadre, externa y resistente; la aracnoides, intermedia; y la piamadre, adherida directamente al tejido nervioso. Entre la aracnoides y la piamadre circula el líquido cefalorraquídeo, un fluido transparente que baña también el interior de los ventrículos. Un adulto sano mantiene en circulación unos 150 mililitros de este líquido, que se renueva por completo varias veces al día a partir de una producción cercana a los 500 mililitros diarios. El líquido cefalorraquídeo cumple tres funciones que se suelen enumerar por separado, aunque actúan de forma simultánea: amortigua el encéfalo frente a golpes y desplazamientos bruscos, reduce su peso efectivo al mantenerlo en suspensión, y transporta nutrientes al tiempo que retira productos de desecho del metabolismo neuronal. A esa protección física se suma una barrera bioquímica, la barrera hematoencefálica, formada por las uniones estrechas entre las células que tapizan los capilares cerebrales y por prolongaciones de la neuroglia, que filtra de manera selectiva qué sustancias de la sangre pueden alcanzar el tejido nervioso. La frontera entre el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico es, ante todo, de localización: dentro o fuera de la protección ósea del cráneo y la columna. De ahí se derivan otras diferencias. El sistema nervioso central cuenta con la triple protección de hueso, meninges y barrera hematoencefálica; el periférico carece de ella, lo que lo hace más accesible pero también más vulnerable a traumatismos y a la acción de toxinas. Existe además una diferencia funcional relevante en la capacidad de reparación: un axón lesionado en un nervio periférico puede regenerarse con ayuda de las células de Schwann, mientras que el tejido nervioso central, una vez dañado, apenas repara sus conexiones perdidas (la entrada nervio desarrolla ese contraste con más detalle). De centrum, en latín, y antes de kentron, en griego, que nombraba la punta fija de un compás sobre la que gira la otra rama al trazar una circunferencia. El sentido de «núcleo que dirige el conjunto» es una extensión posterior de esa imagen geométrica. No. El encéfalo es solo una de las dos partes del sistema nervioso central; la otra es la médula espinal. Cuatro: dos ventrículos laterales, uno en cada hemisferio, más el tercer y el cuarto ventrículo, comunicados entre sí por conductos estrechos. En sus paredes se produce la mayor parte del líquido cefalorraquídeo. Porque el entorno celular en el que se encuentran los axones dañados es distinto. En el sistema nervioso periférico, las células de Schwann favorecen y guían el crecimiento de una fibra seccionada. En el sistema nervioso central, la mielina la producen los oligodendrocitos, células que no cumplen esa función facilitadora, y la lesión suele generar además una cicatriz glial que actúa como barrera física y química al crecimiento axonal. El resultado es que una lesión medular o cerebral rara vez se repara por sí sola con la eficacia con la que lo hace un nervio periférico cortado. Esta diferencia es objeto de investigación activa en neurociencia. Tres membranas superpuestas que envuelven el encéfalo y la médula espinal: la duramadre, la aracnoides y la piamadre. Entre las dos últimas circula el líquido cefalorraquídeo.Qué es el sistema nervioso central
Estructura interna
Protección: meninges y líquido cefalorraquídeo
Diferencias con el sistema nervioso periférico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra central en este contexto?
¿El encéfalo es lo mismo que el sistema nervioso central?
¿Cuántos ventrículos cerebrales existen?
¿Por qué las lesiones del sistema nervioso central se recuperan peor que las de los nervios periféricos?
¿Qué son las meninges?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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