DICCIONARIO MÉDICO
Antimitótico
Un antimitótico es una sustancia que detiene o altera la mitosis, el proceso por el que una célula se divide en dos células hijas idénticas. Su mecanismo de acción principal consiste en interferir con los microtúbulos que forman el huso mitótico, la estructura encargada de separar los cromosomas durante la división. Los antimitóticos se emplean tanto en oncología como en citogenética de laboratorio. Para dividirse, toda célula necesita construir un armazón temporal de microtúbulos, filamentos de proteína tubulina que se ensamblan desde los centrosomas y se enganchan a los centrómeros de cada cromosoma para tirar de ellos hacia los polos opuestos de la célula. El huso mitótico es esa maquinaria. Si se bloquea su ensamblaje o se impide que se desmonte cuando corresponde, la célula queda atrapada en la fase M del ciclo celular y acaba activando sus propios mecanismos de apoptosis. Etimológicamente, la palabra combina el prefijo griego ἀντί (antí, "contra") con μίτος (mítos, "hilo, filamento"), raíz de la que Walther Flemming derivó el término "mitosis" en 1882 al observar las fibras del huso al microscopio. El sufijo -tico completa el adjetivo: antimitótico designa, literalmente, lo que actúa contra el proceso del hilo. Hay un detalle que a menudo pasa inadvertido: los microtúbulos no son estructuras rígidas. Son polímeros en equilibrio dinámico, ensamblándose y desensamblándose continuamente (un fenómeno que la biología celular denomina "inestabilidad dinámica"). Esa renovación constante es justamente lo que los antimitóticos explotan. Algunos impiden que los dímeros de tubulina se unan para formar el polímero; otros hacen lo contrario, estabilizan el polímero ya formado e impiden que se desmonte. El resultado neto es el mismo: el huso no funciona. La historia del antimitótico comienza mucho antes de que existiera la farmacología moderna. El Colchicum autumnale (cólquico, azafrán silvestre) se utilizaba ya en el Egipto antiguo y en la Grecia clásica para aliviar los ataques de gota, sin que nadie supiera por qué funcionaba. En 1820, los químicos franceses Pierre Joseph Pelletier y Joseph Bienaimé Caventou aislaron el alcaloide responsable y lo llamaron colchicina. Solo un siglo más tarde se comprendió su mecanismo real. En la década de 1930, el botánico Albert Blakeslee y la genetista Barbara McClintock (esta última, Premio Nobel en 1983 por sus trabajos sobre transposones) observaron que la colchicina detenía la mitosis en metafase y provocaba células con un número anormal de cromosomas. Ese efecto, lejos de ser un inconveniente, resultó ser una herramienta de gran utilidad para la citogenética: al detener las células en metafase, los cromosomas se condensan lo suficiente como para poder contarlos y estudiarlos al microscopio. Los antimitóticos actúan sobre la tubulina por dos vías opuestas. Los compuestos que impiden la polimerización se unen a los dímeros libres de tubulina y evitan que estos se incorporen al extremo del microtúbulo en crecimiento. Sin nuevos dímeros, el microtúbulo se acorta hasta desaparecer y el huso mitótico no llega a formarse. La colchicina opera de este modo, al igual que los alcaloides derivados de la planta Catharanthus roseus (antes Vinca rosea), aislados a finales de la década de 1950 en la Universidad de Western Ontario. En el extremo opuesto se encuentran los compuestos que estabilizan el microtúbulo ya ensamblado. Al impedir la despolimerización, los microtúbulos quedan rígidos y no pueden reorganizarse para ejecutar los movimientos necesarios durante la anafase. La célula queda detenida igualmente, pero por exceso de estabilidad en lugar de por falta de polímero. La paradoja funciona en ambos sentidos. Ambas familias son citotóxicas y pertenecen a la categoría de fármacos antineoplásicos, pero su diana y su cronología dentro del ciclo celular difieren. Los antimetabolitos interfieren con la síntesis del ADN durante la fase S, cuando la célula replica su material genético. Los antimitóticos, en cambio, actúan más tarde, en la fase M, cuando los cromosomas ya están condensados y el huso debe repartirlos entre las dos futuras células hijas. Esa diferencia temporal tiene consecuencias prácticas. Un antimetabolito necesita que la célula esté fabricando ADN nuevo; un antimitótico necesita que esté a punto de dividirse. Las células que proliferan muy deprisa son vulnerables a ambos, pero en momentos distintos de su ciclo. Fuera de la clínica, los antimitóticos cumplen una función que merece mención aparte. En los laboratorios de citogenética se añade un antimitótico a los cultivos celulares para detener todas las células en metafase, la fase en la que los cromosomas alcanzan su grado máximo de condensación y resultan visibles al microscopio. Tras esa detención, las células se someten a un choque hipotónico que las hincha, se fijan y se extienden sobre un portaobjetos. El resultado es el cariotipo, la imagen ordenada de todos los cromosomas de un individuo, que sigue siendo una herramienta básica para detectar anomalías cromosómicas numéricas o estructurales. Del griego ἀντί (antí, "contra") y μίτος (mítos, "hilo"). Walther Flemming acuñó "mitosis" en 1882 para describir la división celular porque al microscopio las fibras del huso parecían hilos. El prefijo anti- se añadió cuando se descubrieron sustancias capaces de bloquear ese proceso, y la combinación pasó al español directamente del inglés antimitotic. No. Algunos impiden que los microtúbulos se formen (desestabilizadores), mientras que otros impiden que se deshagan (estabilizadores). El resultado final es el mismo, la detención de la mitosis, pero el mecanismo molecular es opuesto. Cada familia se une a sitios distintos de la molécula de tubulina. La oncología es su campo principal, pero no el único. La colchicina, el antimitótico más antiguo que se conoce, se utiliza desde hace siglos para la gota, mucho antes de que se comprendiera su mecanismo. Los laboratorios de citogenética los emplean a diario para obtener cariotipos. Algunos compuestos con actividad antimitótica se investigan también frente a infecciones parasitarias. Directa. El huso mitótico, formado por microtúbulos de tubulina, es la diana de prácticamente todos los antimitóticos conocidos. Sin un huso funcional, la célula no puede separar sus cromosomas y la división se detiene. En cierto sentido, el antimitótico no destruye la célula: la obliga a destruirse a sí misma al activar sus programas internos de muerte celular. Si desea profundizar en conceptos asociados al antimitótico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un antimitótico
La colchicina y los orígenes botánicos del concepto
Mecanismos de acción sobre los microtúbulos
Diferenciación con los antimetabolitos
Uso en citogenética de laboratorio
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra antimitótico?
¿Todos los antimitóticos actúan igual sobre los microtúbulos?
¿Se emplean solo en el campo de la oncología?
¿Qué relación tiene el antimitótico con el huso mitótico?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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