DICCIONARIO MÉDICO
Acropatía
La acropatía es el nombre genérico con el que se designa cualquier enfermedad o afección que asienta en las extremidades del cuerpo. Bajo este paraguas se agrupan trastornos muy heterogéneos que tienen en común una localización distal (manos, pies, dedos, en ocasiones también nariz, orejas o mentón) y la afectación de uno o varios de tres ejes clínicos: el trofismo de los tejidos, la sensibilidad y la respuesta vasomotora. En el lenguaje médico clásico, la acropatía no se corresponde con una enfermedad concreta sino con una categoría descriptiva. Es un sustantivo femenino de uso técnico que reúne en una sola voz a entidades tan dispares como el fenómeno de Raynaud, la acrocianosis, la eritromelalgia, la enfermedad de Buerger o el ainhum. El criterio que las une no es etiológico ni terapéutico, sino topográfico: todas afectan a los segmentos más alejados del eje corporal. Etimológicamente, la palabra está formada por dos elementos griegos. El primero es ἄκρον (ákron), sustantivo neutro que significa «punta, extremo, lo más alto», y que en composición ha dado lugar a numerosos términos médicos para designar las regiones más distales del cuerpo. El segundo es πάθος (páthos), «afección, padecimiento, enfermedad», procedente del verbo πάσχω (páscho), «sufrir, experimentar». La unión de ambos genera literalmente «padecimiento de las extremidades». Se trata de una voz culta neoclásica del lenguaje médico de los siglos XIX y XX, paralela al francés acropathie y al inglés acropathy, que se incorporó al castellano profesional a través de la literatura neurológica y angiológica. Conviene una precisión semántica. Aunque hoy se emplea con cierta laxitud para referirse a casi cualquier proceso patológico distal, la definición clásica restringe el término a las afecciones que comprometen sensibilidad, vasomotilidad o trofismo. Las acrofobias, las acromegalias y otras voces de la misma familia comparten el prefijo, pero no entran en la categoría: acropatía exige afectación de los tejidos o de su inervación, no una alteración del comportamiento o del crecimiento. La definición canónica del término señala tres dominios clínicos. El primero es la sensibilidad: muchas acropatías cursan con parestesias, hipoestesia o dolor distal, expresión de una afectación de las fibras nerviosas finas o gruesas que inervan las extremidades. La acroparestesia y la acroestesia son ejemplos paradigmáticos de este componente sensitivo. El segundo eje es el trofismo, esto es, la capacidad de los tejidos para mantener su estructura. Cuando falla, aparecen atrofia cutánea, fragilidad ungueal, alteraciones pilosas, úlceras de difícil cicatrización o, en los casos más graves, gangrena y pérdida tisular. El trofismo se compromete cuando el aporte sanguíneo es insuficiente o cuando la inervación trófica de los tejidos se interrumpe de forma crónica. Queda la vasomotilidad. Las acropatías vasomotoras se caracterizan por una respuesta anómala de los pequeños vasos a estímulos como el frío, el calor o la tensión emocional, lo que se traduce en cambios de coloración, temperatura o pulsatilidad. La acroasfixia y el fenómeno de Raynaud son los representantes más reconocibles. En la práctica, los tres ejes rara vez se presentan aislados. Un fenómeno de Raynaud prolongado acaba dejando lesiones tróficas, y una neuropatía periférica suele asociarse con cambios vasomotores reflejos. Las acropatías pueden ordenarse por el mecanismo subyacente. Las acropatías vasculares reúnen aquellas en las que el problema reside en los vasos: vasoespásticas (Raynaud, acrocianosis), oclusivas (enfermedad de Buerger o tromboangeítis obliterante, arteriopatía periférica aterosclerótica) y por microembolia distal. Un segundo grupo lo forman las acropatías neurológicas, en las que la lesión asienta en las fibras nerviosas que inervan la extremidad. Aquí entran las neuropatías sensitivas distales, las acromelalgias de causa neurítica y el síndrome de Thévenard, entre otras. Las acropatías tróficas propiamente dichas engloban entidades en las que predomina la alteración de la nutrición tisular: la acrodinia infantil descrita por Selter y Feer, ciertas distrofias simpático-reflejas y el ainhum, una rara afección que provoca la amputación espontánea del quinto dedo del pie. Conviene añadir un cuarto grupo: las acropatías secundarias a enfermedades sistémicas. Las conectivopatías (esclerodermia, lupus, dermatomiositis), las endocrinopatías (la acropatía tiroidea de la enfermedad de Graves), las metabolopatías (diabetes mellitus con sus manifestaciones podálicas) y algunas hemopatías generan cuadros distales que entran de pleno en la categoría. La frontera entre estas familias no siempre es nítida, y un mismo paciente puede presentar mecanismos solapados. Dentro del conjunto, hay dos entidades concretas que llevan el nombre de acropatía como denominación propia y conviene reseñar. La acropatía tiroidea es una manifestación extratiroidea poco frecuente de la enfermedad de Graves. Cursa con tumefacción de las partes blandas de manos y pies, dedos en palillo de tambor y reacción perióstica subyacente en las falanges y los metacarpianos o metatarsianos. Aparece habitualmente en pacientes que también presentan oftalmopatía tiroidea y mixedema pretibial. Su prevalencia entre los enfermos con Graves se sitúa en torno al 0,3%, lo que la convierte en un hallazgo infrecuente pero muy característico cuando se reconoce. Bajo el nombre de acropatía ulceromutilante de Thévenard, descrita en 1942, se reúne una neuropatía sensitiva hereditaria que se manifiesta con pérdida de la sensibilidad termoalgésica en los pies, úlceras tórpidas plantares y reabsorción ósea progresiva de las falanges distales. Pertenece al grupo de las neuropatías sensitivas y autonómicas hereditarias (HSAN). Su sustrato genético es heterogéneo. La proximidad fonética y morfológica genera confusión. Acropatía es la enfermedad, la afección que asienta en la extremidad. Acropatología es el estudio o tratado de esas enfermedades, esto es, la disciplina, no su objeto. La diferencia es la misma que existe entre cardiopatía y cardiología, o entre nefropatía y nefrología. Caso aparte es la acropaquia, también llamada hipocratismo digital o dedos en palillo de tambor. Aunque comparte el prefijo griego ἄκρον con acropatía, el segundo elemento es distinto (πάχος, páchos, «grosor»): se refiere al engrosamiento de las falanges distales que aparece como signo asociado a determinadas enfermedades pulmonares, cardiacas y digestivas. La acropaquia es un signo, no una categoría nosológica; la acropatía es una categoría que puede o no incluir acropaquia entre sus manifestaciones. Procede del griego ἄκρον (ákron, «extremo, punta») y πάθος (páthos, «padecimiento»). Es una formación culta neoclásica del lenguaje médico, paralela al francés acropathie, que se incorporó al español profesional a través de la literatura neurológica y angiológica de los siglos XIX y XX. La palabra no figura en el Diccionario de la lengua española de la RAE, pero sí en los diccionarios médicos especializados. No. La similitud fonética induce a error con frecuencia, pero son términos diferentes. La acropatía es el nombre genérico para cualquier enfermedad de las extremidades. La acropaquia, en cambio, es un signo clínico concreto que consiste en el engrosamiento de las falanges distales (dedos en palillo de tambor) y se asocia sobre todo a enfermedades pulmonares, cardiacas y digestivas crónicas. El abanico es muy amplio. Caben aquí el fenómeno de Raynaud, la acrocianosis, la eritromelalgia, la enfermedad de Buerger, la acrodinia, el ainhum, la acropatía tiroidea de la enfermedad de Graves y la acropatía ulceromutilante de Thévenard, entre otras muchas. El criterio que las agrupa no es la causa ni el tratamiento, sino la localización distal y la afectación de la sensibilidad, el trofismo o la respuesta vasomotora. Depende del cuadro concreto. Las acropatías vasculares las valoran angiología y cirugía vascular; las neurológicas, neurología; las que aparecen en el contexto de enfermedades autoinmunes, reumatología o medicina interna; la acropatía tiroidea, endocrinología. En la práctica clínica es habitual una valoración multidisciplinar, sobre todo cuando hay solapamiento de mecanismos. No. «Acropatía» no figura en el Diccionario de la lengua española. Pertenece al léxico técnico de la medicina y aparece en los diccionarios especializados, no en los generales. Si desea profundizar en conceptos asociados a la acropatía, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la acropatía
Sensibilidad, trofismo y vasomotilidad
Categorías principales según el mecanismo
Entidades clínicas designadas específicamente como «acropatía»
Diferenciación con acropatología y acropaquia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra acropatía?
¿Es lo mismo acropatía que acropaquia?
¿Qué enfermedades entran dentro del concepto de acropatía?
¿Quién atiende este tipo de procesos?
¿Existe el término en la RAE?
Referencias
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