DICCIONARIO MÉDICO
Tumor de Brenner
El tumor de Brenner es una neoplasia ovárica poco frecuente, encuadrada entre los tumores epiteliales del ovario, que se caracteriza por contener nidos de células con aspecto de epitelio de transición (urotelio), embebidos en un estroma fibroso denso. Lleva el nombre del patólogo alemán Fritz Brenner, que en 1907 publicó la primera descripción detallada del cuadro. La mayoría son benignos y se descubren de manera incidental en mujeres posmenopáusicas; las variantes borderline y maligna son muy raras. Se trata de una neoplasia originada en el ovario, integrada hoy en el grupo de los tumores epiteliales según la clasificación de la Organización Mundial de la Salud, y reconocible por una arquitectura histológica muy característica: islotes celulares con morfología transicional, similar a la del urotelio de la vejiga, dispuestos sobre un estroma fibromatoso abundante. Esa apariencia urotelial dentro de un órgano ginecológico es la huella que llamó la atención de los anatomopatólogos desde principios del siglo XX y la que sigue permitiendo identificarlo al microscopio. El nombre no tiene raíz griega ni latina: es un epónimo. Fritz Brenner (1877-1969), médico alemán formado en Berlín y especializado en anatomía patológica, publicó en 1907 una memoria titulada Das Oophoroma folliculare, en la que describió siete casos con esta peculiar morfología transicional. Brenner pensaba, equivocadamente, que se trataba de una variante de tumor de la granulosa, derivada de los folículos primordiales; de ahí el nombre original. Veinticinco años después, en 1932, Robert Meyer rechazó esa hipótesis y propuso denominarlos sencillamente «tumores de Brenner», en honor a quien los había descrito por primera vez como entidad propia. El epónimo se impuso enseguida y todavía hoy convive con la denominación moderna de «tumor de células transicionales benigno del ovario». Constituye entre el 1 y el 2 % de todas las neoplasias ováricas. La forma benigna supone alrededor del 95 % de los casos; las variantes borderline (de bajo grado, también llamadas proliferativas) representan un 3-4 %, y la forma maligna, menos del 1 %. Es más frecuente en mujeres entre los 50 y los 70 años, la inmensa mayoría posmenopáusicas, y suele ser unilateral. Las formas bilaterales son una rareza, descrita en menos del 5 % de los casos publicados. Al microscopio, el tumor de Brenner se reconoce por dos elementos. En primer lugar, los nidos de células epiteliales con morfología transicional: células ovaladas, con núcleos provistos de un surco longitudinal característico (los anatomopatólogos los describen como núcleos «en grano de café») y, con frecuencia, una pequeña cavidad central rellena de moco. En segundo lugar, el estroma fibromatoso denso que rodea esos nidos y que, en muchos casos, ocupa la mayor parte del tumor. La inmunohistoquímica suele mostrar positividad para GATA3, p63 y citoqueratina 7, y negatividad para PAX8 y PAX2; este perfil ayuda a distinguirlo de otros tumores ováricos. El origen celular sigue siendo objeto de debate. La hipótesis más aceptada en la actualidad lo vincula con los nidos de Walthard, descritos por el ginecólogo suizo Max Walthard en 1903: pequeños acúmulos de epitelio transicional metaplásico que aparecen de forma incidental en la unión tuboperitoneal, el mesovario o el meso del oviducto. Se postula que esos focos de metaplasia urotelial, originados en el epitelio celómico, son el sustrato a partir del cual evolucionan los tumores de Brenner cuando se implantan en el ovario o en sus inmediaciones. La asociación es elocuente: entre el 40 y el 45 % de los casos coexisten con nidos de Walthard en el mismo material quirúrgico, y los dos comparten marcadores inmunohistoquímicos. Tumor de Brenner benigno. Es la presentación habitual. Suele ser sólido, redondeado u ovoide, de superficie lisa, coloración blanco-rosada y, con frecuencia, con calcificaciones internas visibles en la imagen. Aparece como hallazgo incidental durante una cirugía ginecológica por otro motivo, en una ecografía rutinaria o en el estudio de una masa anexial palpable. Las células no muestran atipia ni mitosis significativas, y los nidos quedan bien delimitados respecto del estroma fibroso. Es habitual que se asocie con tumores mucinosos del ovario, hasta el punto de que algunos autores han postulado un origen clonal común para ambas estirpes. Tumor de Brenner borderline (proliferativo). Conserva la morfología transicional, pero con atipia nuclear, alguna mitosis y un crecimiento más expansivo, a menudo con áreas papilares dentro de cavidades quísticas. Por convención no presenta invasión del estroma. Su comportamiento es intermedio: recidiva localmente con cierta frecuencia, pero no metastatiza prácticamente nunca. La distinción con la variante maligna depende de un único hallazgo clave, la invasión estromal. Tumor de Brenner maligno. Es una rareza dentro de una rareza: menos del 5 % de todos los tumores de Brenner y, en términos absolutos, menos del 0,1 % de las neoplasias ováricas. La definición exige que coexistan áreas claramente benignas o borderline con focos de invasión estromal por células transicionales atípicas, una condición planteada por Idelson en 1963 y todavía vigente. La presencia simultánea de componente benigno o borderline es lo que diferencia al tumor de Brenner maligno del carcinoma de células transicionales del ovario, una entidad relacionada pero independiente. Carcinoma de células transicionales del ovario. Comparte la morfología urotelial, pero carece de componente benigno o borderline asociado y se comporta como un carcinoma seroso de alto grado. La inmunohistoquímica ayuda: el carcinoma transicional puro es PAX8 positivo, mientras que el Brenner maligno suele ser PAX8 negativo. Tumor de células de la granulosa. Confusión histórica habitual, hasta el punto de que Fritz Brenner consideró durante décadas que su entidad era una variante del tumor granuloso. La distinción descansa hoy en la morfología (núcleos «en grano de café» en el Brenner, núcleos hendidos con cuerpos de Call-Exner en el granuloso) y en marcadores como la inhibina. Otros tumores epiteliales del ovario. Cistadenomas serosos, cistadenomas mucinosos y tumores endometrioides forman el grupo amplio de neoplasias epiteliales ováricas. El tumor de Brenner es la rama transicional de esa familia y, como se ha señalado, se asocia con notable frecuencia con la mucinosa. Nidos de Walthard. No son tumores: son hallazgos microscópicos benignos en la serosa tubárica o paraovárica, sin masa clínicamente reconocible. Los anatomopatólogos los buscan precisamente porque su presencia refuerza la hipótesis de origen metaplásico del Brenner. De Fritz Brenner (1877-1969), médico y anatomopatólogo alemán, que en 1907 publicó la primera descripción detallada del cuadro en una memoria titulada Das Oophoroma folliculare. Brenner creyó entonces que se trataba de una variante del tumor de células de la granulosa originada en el folículo primordial. Robert Meyer corrigió esa interpretación en 1932 y propuso el epónimo «tumor de Brenner», que es el que se ha mantenido en la literatura médica. No, aunque comparten una morfología urotelial muy similar. El tumor de Brenner maligno se define por la coexistencia, en la misma pieza, de áreas benignas o borderline junto a los focos de invasión estromal. El carcinoma de células transicionales del ovario, en cambio, aparece sin ese fondo benigno y se comporta como un carcinoma seroso de alto grado. El perfil inmunohistoquímico, sobre todo la expresión de PAX8, ayuda a separarlos. Sí en la inmensa mayoría de los casos. Alrededor del 95 % son benignos, un 3-4 % son borderline y menos del 1 % son malignos. Son pequeños acúmulos de epitelio transicional metaplásico que el ginecólogo suizo Max Walthard describió en 1903 en la serosa tubárica y en las inmediaciones del ovario. No constituyen un tumor: son hallazgos microscópicos benignos, sin traducción clínica. Su importancia es teórica: comparten morfología y perfil inmunohistoquímico con el tumor de Brenner, y se postulan como el sustrato celular del que este último derivaría por crecimiento progresivo de un nido metaplásico. Porque las células epiteliales que componen los nidos, al observarlas con las técnicas histológicas disponibles a comienzos del siglo XX, recordaban a las de la granulosa folicular. La similitud morfológica era engañosa; faltaban además los marcadores inmunohistoquímicos modernos, que llegarían más de medio siglo después. Brenner trabajaba con tinciones convencionales y sobre un material limitado: en su artículo original, siete casos. Para que se entiende mejor el contexto, recuérdese que el concepto mismo de «epitelio de transición» fuera del aparato urinario era prácticamente desconocido en su época. Si desea profundizar en conceptos asociados al tumor de Brenner, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el tumor de Brenner
Histología, nidos de Walthard y origen celular
Formas benigna, borderline y maligna
Diferenciación con otras neoplasias ováricas
Preguntas frecuentes
¿De quién recibe el nombre el tumor de Brenner?
¿Es lo mismo un tumor de Brenner que un carcinoma de células transicionales del ovario?
¿Son siempre benignos?
¿Qué son los nidos de Walthard y qué relación tienen con el tumor de Brenner?
¿Por qué Brenner pensó al principio que era un tumor de la granulosa?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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