DICCIONARIO MÉDICO

Reflejo lagrimal

El reflejo lagrimal es la secreción involuntaria de lágrima que sigue a la estimulación sensitiva de la superficie ocular o de la mucosa nasal. Su arco une una aferencia del nervio trigémino con una eferencia parasimpática del nervio facial, y su finalidad es lavar la córnea y arrastrar aquello que la irrita. Se distingue de la secreción basal, continua y de bajo volumen, y del llanto emocional, que recorre la misma vía final pero se pone en marcha desde el sistema límbico.

Qué es el reflejo lagrimal

La producción de lágrima se ordena en tres categorías que la oftalmología maneja desde hace más de un siglo: basal, refleja y emocional. La basal mantiene húmeda y transparente la superficie del ojo de forma permanente. La refleja es una descarga brusca y abundante, provocada por un estímulo concreto. La emocional aparece con la alegría, la tristeza o el dolor psíquico, y la mayoría de los investigadores la consideran exclusiva de la especie humana.

Que la lágrima nace en una glándula, y no en el cerebro ni en el corazón como sostenía la tradición antigua, lo estableció el anatomista danés Niels Stensen en 1662. La identificación del recorrido nervioso completo llegó mucho más tarde, ya en el siglo XX, y explica por qué durante tanto tiempo el llanto se describió en términos morales antes que fisiológicos.

En el recién nacido la secreción es muy escasa; aumenta con rapidez en los primeros meses y alcanza su máximo entre la pubertad y el comienzo de la edad adulta, para descender después con la edad. Ese perfil es el que hay detrás de la impresión, tan repetida, de que los bebés muy pequeños «lloran sin lágrimas».

Arco reflejo

La rama aferente nace en las terminaciones nerviosas de la córnea y la conjuntiva y viaja por el nervio oftálmico, primera división del trigémino, hasta los núcleos sensitivos del tronco del encéfalo. Allí se produce el relevo hacia el núcleo salival superior, situado en el tegmento de la protuberancia, que aloja las neuronas preganglionares parasimpáticas encargadas del lagrimeo.

Desde ese núcleo, las fibras salen con el nervio intermedio, componente del nervio facial, atraviesan el ganglio geniculado sin hacer sinapsis y continúan como nervio petroso mayor. Este se une al petroso profundo, que aporta fibras simpáticas procedentes del plexo carotídeo, y juntos forman el nervio del conducto pterigoideo o nervio vidiano. Las fibras parasimpáticas hacen relevo en el ganglio pterigopalatino; las simpáticas lo atraviesan sin detenerse. Las posganglionares alcanzan finalmente la glándula por el nervio cigomático, rama del nervio maxilar, y por el nervio lagrimal.

El recorrido es largo y da varios rodeos, con dos pares craneales implicados y un relevo ganglionar a considerable distancia del ojo. Esa complejidad anatómica es la que hace posible que una lesión del facial acabe produciendo alteraciones del lagrimeo, y también que existan reflejos cruzados entre la secreción de saliva y la de lágrima.

Estímulos que lo desencadenan

Estimular la córnea o la conjuntiva es la forma más inmediata de provocarlo: un cuerpo extraño, una corriente de aire, un gas irritante, el humo. Existe además un reflejo nasolagrimal bien caracterizado, por el cual la estimulación de la mucosa de la nariz provoca secreción lagrimal; su sentido funcional es arrastrar hacia la fosa nasal, a través del conducto nasolagrimal, aquello que la está irritando.

Otras dos entradas activan el mismo circuito por vías distintas. La luz intensa desencadena un lagrimeo de origen visual, y ciertos compuestos presentes en alimentos muy especiados provocan un lagrimeo de origen gustativo. Ambas convergen en los circuitos parasimpáticos que gobiernan la secreción, igual que la estimulación corneal.

Se conoce desde comienzos del siglo XX la lista de factores capaces de modular incluso el lagrimeo de fondo: el contacto con la atmósfera y la fotoestimulación, señalados por Otto Schirmer en 1903, y el propio parpadeo, descrito décadas después. La frontera entre secreción basal y secreción refleja es, en la práctica, menos nítida de lo que sugiere la clasificación.

Cómo se explora y con qué se confunde

La prueba de Schirmer, disponible desde 1903, mide la cantidad de lágrima que humedece una tira de papel de filtro colocada en el párpado inferior. Su interés conceptual está en que no puede evitar lo que mide: introducir la tira en el fondo de saco conjuntival es en sí mismo un estímulo, de modo que la modalidad básica recoge la secreción total, basal y refleja juntas. Instilar antes un anestésico tópico suprime la aferencia y deja aislada la componente basal. La variante conocida como Schirmer II añade una estimulación de la mucosa nasal, y explora por tanto el reflejo nasolagrimal.

Hay un fenómeno que desconcierta a quien lo padece: un ojo insuficientemente lubricado puede lagrimear en exceso. La sequedad de la superficie irrita las terminaciones corneales, estas disparan la respuesta refleja y el resultado es una descarga acuosa que no corrige el problema de fondo. Conviene por eso separar el lagrimeo, que es un exceso de producción, de la epífora, que es el desbordamiento de la lágrima por el borde del párpado y puede deberse tanto a una producción excesiva como a un obstáculo en el drenaje.

El cruce de circuitos más llamativo es el del síndrome de las lágrimas de cocodrilo: tras una parálisis facial, fibras parasimpáticas destinadas a las glándulas salivales regeneran de forma errónea hacia la glándula lagrimal, y el paciente lagrimea al comer. Oppenheim lo describió en 1913 y Bogorad lo caracterizó y lo bautizó en 1928, con la vista puesta en la vieja leyenda del cocodrilo que llora mientras devora a su presa.

Preguntas frecuentes

¿Las lágrimas de emoción y las de irritación son iguales?

Comparten la glándula y la vía final común, pero no el punto de partida. El lagrimeo reflejo arranca en un receptor sensitivo de la superficie ocular o nasal; el llanto emocional arranca en el sistema límbico, que envía la señal a la protuberancia y desde allí al aparato lagrimal. Algunos autores han propuesto que la lágrima emocional contiene proteínas y hormonas ausentes en las otras dos, con cifras más altas de prolactina y de hormona adrenocorticotropa, pero la composición química de cada tipo sigue siendo objeto de investigación.

¿Por qué lloramos al cortar cebolla?

Porque el compuesto volátil que libera el bulbo alcanza la córnea y activa las terminaciones del nervio oftálmico. La respuesta es la misma que ante una mota de polvo: lavar la superficie y arrastrar el irritante.

¿Quién descubrió que la lágrima procede de una glándula?

Niels Stensen, en 1662. Hasta entonces se le atribuían orígenes diversos, ninguno glandular.

¿Puede perderse el reflejo lagrimal?

Sí, y puede hacerlo por cualquiera de los dos extremos del arco. Si se pierde la sensibilidad de la córnea, el estímulo no llega y el reflejo no se pone en marcha aunque la glándula esté intacta. Si la afectación está en la vía parasimpática del facial, la señal llega pero no encuentra eferencia. La consecuencia es la misma en ambos casos, una superficie ocular peor protegida, y por eso la exploración de la sensibilidad corneal acompaña con frecuencia a la valoración de la secreción.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Prueba de Schirmer. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.
  2. American Academy of Ophthalmology. Todo acerca de las lágrimas emocionales.
  3. StatPearls. Corneal Reflex. NCBI Bookshelf.
  4. StatPearls. Crocodile Tears Syndrome. NCBI Bookshelf.
  5. Studium Ophthalmologicum. Lágrimas de cocodrilo. Parte II: patología humana.

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