DICCIONARIO MÉDICO
Psicoterapia
La psicoterapia es el tratamiento de trastornos mentales, problemas psicosomáticos y dificultades de conducta mediante técnicas psicológicas, aplicado dentro de una relación estructurada entre un profesional formado y un paciente. Bajo ese nombre conviven decenas de escuelas con supuestos teóricos distintos, desde el psicoanálisis hasta los enfoques cognitivo-conductuales, pasando por las corrientes humanistas, existenciales, corporales y sistémicas. El término combina dos raíces griegas. Psico deriva de ψυχή (psykhḗ), que los diccionarios etimológicos traducen como alma, mente o actividad mental. Terapia procede de θεραπεία (therapeía), «tratamiento» o «cuidado». La Real Academia Española recoge la voz como el tratamiento de enfermedades mentales, psicosomáticas y problemas de conducta mediante técnicas psicológicas, una definición bastante más amplia que la de ediciones anteriores del diccionario, que la limitaban casi por completo a la sugestión. Para la Asociación Estadounidense de Psicología, la psicoterapia es un tratamiento de colaboración entre una persona y un psicólogo, basado en procedimientos con respaldo científico dirigidos a construir hábitos más saludables y efectivos. Esa idea de colaboración distingue el trabajo psicoterapéutico de otras formas de ayuda: el profesional no impone soluciones, acompaña un proceso que el paciente conduce en buena medida. La relación importa tanto como la técnica. La palabra es más reciente de lo que podría suponerse. En 1853, el médico británico Walter Cooper Dendy empleó la expresión «psycho-therapeia» para describir cómo un médico podía influir en el estado mental de un paciente y, a través de él, en sus dolencias físicas. Dos décadas más tarde, en 1872, Daniel Hack Tuke dedicó un capítulo al concepto en su obra Illustrations of the Influence of the Mind upon the Body in Health and Disease, y se le reconoce como uno de los primeros autores en emplear de forma sistemática el término «psycho-therapeutics». El desarrollo clínico avanzó en paralelo en la Escuela de Nancy, donde Ambroise-Auguste Liébeault y Hippolyte Bernheim investigaron el potencial terapéutico de la hipnosis y la sugestión verbal. En 1889, tras visitar Nancy, los médicos holandeses Frederik van Eeden y Albert van Renterghem dieron a su clínica de Ámsterdam el nombre de Clinique de Psycho-thérapeutique Suggestive, uno de los primeros usos del término en el nombre de una institución médica. Con Sigmund Freud, la disciplina se apartó de la sugestión hipnótica y se orientó hacia la interpretación de la vida mental inconsciente, un giro que dio origen a la corriente psicoanalítica y, con el tiempo, a la enorme diversidad de escuelas que se describen a continuación. No existe un único criterio para ordenar las corrientes psicoterapéuticas, pero conviene distinguir al menos cinco grandes familias. La primera reúne el psicoanálisis freudiano y sus desarrollos, entre ellos la psicoterapia psicoanalítica y la psicoterapia analítica junguiana, heredera de la ruptura de Carl Jung con Freud a comienzos del siglo XX. Una segunda familia agrupa los enfoques conductuales y cognitivos: la psicoterapia conductual, centrada en el aprendizaje observable; la psicoterapia cognitiva, que trabaja sobre el contenido del pensamiento, y su integración en la psicoterapia cognitivo-conductual, la orientación con mayor volumen de investigación empírica acumulada hoy. Un tercer bloque, de raíz humanista y existencial, incluye la psicoterapia centrada en el cliente de Carl Rogers y la psicoterapia existencial, que toma prestadas categorías de la filosofía fenomenológica. Las corrientes de orientación corporal, representadas aquí por la psicoterapia bioenergética, entienden que el carácter también queda inscrito en la musculatura y en la respiración. Frente a estas familias definidas por la teoría, existe un eje distinto: el de la profundidad de la intervención. Los abordajes que buscan la comprensión de conflictos poco conscientes se oponen, en este sentido, a la psicoterapia de apoyo, que renuncia a ese objetivo y se limita a reforzar los recursos que la persona ya posee. Además del marco teórico, las intervenciones se distinguen por quién está presente en la sesión. La modalidad individual sigue siendo la más extendida, pero cuando el foco recae sobre el vínculo conyugal, el grupo familiar o un conjunto de personas sin relación de parentesco, la sesión se convierte en psicoterapia de pareja, en psicoterapia familiar o en psicoterapia de grupo. La psicoterapia conyugal o de pareja comparte con la familiar una mirada sobre el sistema de relaciones, aunque difiere en la unidad que toma como paciente: dos personas frente a un grupo más amplio con su propia historia generacional. Conviene no confundir psicoterapia con psicología a secas. La psicología es la ciencia que estudia la mente y el comportamiento; la psicoterapia es una de sus aplicaciones clínicas, la orientada al tratamiento a través de la relación terapéutica. Tampoco equivale al concepto más amplio de intervención psicológica, que además del tratamiento incluye la prevención, la orientación o el trabajo comunitario. El límite con el psicoanálisis clásico resulta más sutil, porque este es en sí mismo una forma de psicoterapia. Lo que suele distinguir a uno de otro es el encuadre: mayor frecuencia semanal y uso del diván en el psicoanálisis, frente a sesiones más espaciadas y objetivos más delimitados en la mayoría de las psicoterapias. El resultado clínico puede ser similar. El asesoramiento psicológico ocupa un lugar distinto: se dirige a decisiones y dificultades puntuales de personas sin un trastorno diagnosticable, mientras que la psicoterapia aborda procesos más prolongados y, con frecuencia, cuadros clínicos ya establecidos. No exactamente. «Terapia» es un término más amplio que incluye tratamientos físicos, farmacológicos o quirúrgicos. «Psicoterapia» restringe ese campo a los procedimientos que actúan a través de la palabra y de la relación con el profesional. Depende del enfoque y del motivo de consulta. Algunos modelos, como la terapia breve desarrollada en el Instituto Mental Research de Palo Alto, se plantean en un número reducido de sesiones, mientras que otros abordajes de orientación psicoanalítica pueden prolongarse durante años. No existe una duración estándar aplicable a todos los casos. Sí. Buena parte de los profesionales trabaja hoy desde marcos integradores que combinan herramientas de distintas escuelas según el problema y la persona, en lugar de aplicar una única teoría de forma cerrada. El psicólogo ha cursado estudios universitarios en psicología. Psicoterapeuta es, en cambio, una denominación funcional: la ejerce quien ha recibido formación especializada en alguna corriente psicoterapéutica, con independencia de si su titulación de base es en psicología, en medicina o en otra disciplina afín. La investigación sobre resultados en psicoterapia lleva décadas comparando enfoques entre sí, y los datos no señalan una única corriente claramente superior para el conjunto de los trastornos. Los llamados factores comunes (la calidad del vínculo, la claridad de los objetivos, la constancia en la asistencia) explican una parte relevante de los resultados, más allá de la técnica concreta empleada. Esto no vuelve indiferente la elección del enfoque: para ciertos cuadros, como las fobias específicas, existen modalidades con mayor volumen de evidencia acumulada que otras. La decisión razonable combina el problema concreto, la preferencia de la persona y la formación del profesional disponible.Qué es la psicoterapia
Origen del término y desarrollo histórico
Clasificación según el marco teórico
Modalidades según los participantes
Diferenciación con conceptos afines
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo psicoterapia que terapia?
¿Cuántas sesiones dura un proceso de psicoterapia?
¿Puedo combinar técnicas de varias corrientes?
¿Qué diferencia hay entre psicólogo y psicoterapeuta?
¿Es una corriente psicoterapéutica más eficaz que las demás?
Referencias
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