DICCIONARIO MÉDICO
Pigmento
En medicina, un pigmento es toda sustancia con color propio que el organismo sintetiza o incorpora, y que se deposita en la piel, la sangre o el interior de otros tejidos dándoles su tono característico. La melanina es el más conocido, pero el cuerpo humano produce y almacena varios más, desde los que nacen de la descomposición de la hemoglobina hasta los carotenoides que llegan con la dieta. La Real Academia Española reserva, para el uso biológico del término, esta definición: sustancia colorante que, disuelta o en forma de gránulos, se encuentra en el citoplasma de muchas células vegetales y animales. Junto a ella conserva el sentido más antiguo, el de materia colorante empleada en pintura, del que procede toda la familia de la palabra. Procede del latín pigmentum, formado sobre pingere (pintar) y el sufijo -mentum, que indica resultado o instrumento. Su historia dio, sin embargo, un giro curioso: hacia 1130 el francés antiguo tomó la palabra para nombrar las especias, y el castellano medieval, en 1255, llamó pigmenta a la pimienta. Solo en el siglo XVIII, con el auge de la química, el término recuperó su sentido cromático y se instaló en el vocabulario científico con el significado que conserva hoy. En el uso corriente, pigmento y color casi se confunden. Conviene distinguirlos: el color es la percepción, y el pigmento, la sustancia material que la produce. Un pigmento tiene color porque absorbe selectivamente parte del espectro visible y deja pasar o refleja el resto. Lo que el ojo percibe es, en realidad, la fracción de luz que el pigmento no ha retenido. El mismo principio físico opera en la melanina de la piel, en la clorofila de una hoja y en el pigmento de un óleo, con independencia de lo distintas que sean las moléculas implicadas. En el lenguaje médico, un colorante es casi siempre una sustancia externa que se añade a una muestra biológica para poder observarla al microscopio, como la eosina o el cristal violeta de las tinciones histológicas. El pigmento, en cambio, forma parte del propio organismo: no se aplica desde fuera para diagnosticar, sino que cumple una función biológica (dar color al iris, transportar oxígeno, almacenar hierro) mientras el tejido está vivo. Conviene distinguir, ante todo, los pigmentos endógenos (los que el propio organismo fabrica) de los exógenos (los que llegan desde fuera y el cuerpo no logra eliminar). Entre los primeros, el más visible es la melanina, responsable del color de la piel, el pelo y el iris. Cuando un glóbulo rojo llega al final de su vida, los macrófagos del bazo y el hígado degradan la hemoglobina y generan biliverdina, que después se transforma en bilirrubina, el pigmento amarillo responsable de la ictericia. Si el hierro liberado en ese mismo proceso queda almacenado dentro de la célula, recibe el nombre de hemosiderina. Con el paso de los años se acumula, además, la lipofuscina, un pigmento parduzco ligado al envejecimiento celular y sin una función conocida hasta la fecha. Un grupo aparte, a medio camino entre lo propio y lo ajeno, lo forman los carotenoides: el organismo no los sintetiza, pero los incorpora con la dieta y los almacena en la piel y el tejido graso. El caroteno es el más conocido de la familia, y una parte se transforma en vitamina A tras su absorción intestinal. Los pigmentos exógenos no forman parte del metabolismo normal. El más frecuente es el antracótico, las partículas de carbón que quedan atrapadas en el tejido pulmonar tras años de respirar aire contaminado o humo de leña. Menos habitual, pero bien documentada, es la argiria: el depósito de partículas de plata en la piel y las mucosas tras una exposición prolongada, que deja una coloración azulada o grisácea prácticamente irreversible. Los tatuajes funcionan de manera parecida, ya que el pigmento inyectado queda atrapado, de por vida, en el interior de los macrófagos de la dermis. No. Un colorante se añade desde fuera para visualizar una muestra en el laboratorio; un pigmento pertenece al propio organismo y forma parte de su fisiología. Porque parten de moléculas de partida completamente diferentes y siguen rutas químicas que no tienen nada en común. La melanina se construye a partir del aminoácido tirosina, mediante una cadena de oxidaciones que termina en un polímero de tono pardo o negro. La bilirrubina, en cambio, procede de la rotura del anillo de porfirina del grupo hemo, el mismo que en la hemoglobina transporta el oxígeno, y su estructura química da lugar a un pigmento amarillo anaranjado. No hay, entre ambas rutas, ningún punto de contacto metabólico. Es, en cierto modo, una casualidad bioquímica que el organismo produzca pigmentos de origen tan dispar. Sí, y el ejemplo más claro son los carotenoides. El cuerpo humano no sabe sintetizar el caroteno desde cero: depende por completo de lo que llega con la dieta, sobre todo de vegetales de color naranja y hojas verdes oscuras. Una vez absorbido, una parte se convierte en vitamina A en la mucosa intestinal; el resto se deposita, sin transformarse, en la piel y el tejido adiposo. Ambos son pigmentos exógenos, pero de origen muy distinto. El antracótico procede de partículas de carbón inhaladas y se aloja en el pulmón; la argiria se debe al depósito de plata metálica, casi siempre por exposición ocupacional o por el uso prolongado de productos que la contienen, y afecta sobre todo a la piel y las mucosas visibles.Qué es un pigmento
Por qué un pigmento tiene color
Pigmento y colorante: una distinción útil
Qué tipos de pigmentos hay en el organismo
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo un pigmento que un colorante?
¿Por qué la melanina y la bilirrubina tienen colores tan distintos si ambas son pigmentos del cuerpo?
¿El organismo puede fabricar pigmento a partir de lo que come?
¿Qué diferencia hay entre el pigmento antracótico y la argiria?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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