DICCIONARIO MÉDICO
Pigmentación
La pigmentación es el proceso por el que un tejido adquiere color mediante la síntesis o el depósito de pigmento, sobre todo de melanina. No es, en sí misma, una enfermedad: es el estado normal de una piel, un pelo o un iris con color, y solo se convierte en un signo clínico cuando se altera de forma llamativa. Según la Real Academia Española, pigmentar significa, en su segunda acepción, producir coloración anormal y prolongada en la piel y otros tejidos por diversas causas; y pigmentación, sencillamente, es el hecho o efecto de pigmentar o pigmentarse. El sufijo -ación señala aquí un proceso, no una sustancia: mientras el pigmento es lo que da color, la pigmentación es el acto de adquirirlo. Esa distinción explica, además, por qué el término convive con otro muy próximo: la discromía. La pigmentación nombra el fenómeno en general, tanto si es normal como si no lo es; la discromía, en cambio, designa siempre una alteración, un color que se sale de lo esperable para esa persona o esa zona del cuerpo. En el ser humano, la vía principal es la melanogénesis: los melanocitos de la capa basal de la epidermis transforman el aminoácido tirosina en melanina y la reparten, a través de unos orgánulos llamados melanosomas, entre las células vecinas de la piel. El mecanismo completo, con sus enzimas y sus dos tipos de melanina, se detalla en la entrada dedicada a la melanina. La pigmentación, en sentido estricto, es el resultado visible de ese reparto: el color final depende tanto de cuánto pigmento se sintetiza como de la eficacia con que llega hasta las capas superiores de la piel. La dermatología distingue dos formas de pigmentación cutánea. La constitutiva es la que determinan los genes de cada persona, presente desde el nacimiento e independiente del sol; la facultativa es la que se induce con la exposición ambiental, y el bronceado es su ejemplo más cotidiano. Ambas coexisten en la misma piel: el color de base (constitutivo) se suma al oscurecimiento temporal que deja el verano (facultativo), y por eso la misma persona puede presentar tonos distintos según la estación. Cabe distinguir también entre pigmentación fisiológica y patológica. La primera incluye variaciones normales como el oscurecimiento de la areola mamaria o de los genitales externos, frecuente en muchas personas sanas. La segunda agrupa los cuadros en los que la producción o el depósito de melanina se desvía de forma notable, ya sea por exceso (hiperpigmentación) o por defecto (hipopigmentación), hasta llegar a la pérdida completa del pigmento que describe la despigmentación. Varios factores modulan la intensidad de la pigmentación. Los genes fijan el punto de partida y explican buena parte de la variación entre personas y entre poblaciones. Las hormonas también intervienen: el embarazo y ciertos tratamientos hormonales pueden oscurecer zonas concretas de la piel, un fenómeno bien conocido en dermatología. La radiación ultravioleta actúa como el estímulo facultativo por excelencia, y la edad modifica tanto la cantidad como la distribución del pigmento con el paso de los años. Para clasificar la respuesta de la piel a esa radiación, la dermatología recurre a la escala de fototipos que Thomas Fitzpatrick propuso en 1975, todavía vigente en la práctica clínica. No exactamente. El bronceado es un tipo concreto de pigmentación, la facultativa, inducida por el sol; la pigmentación es el término más amplio, que incluye también el color de base con el que se nace. La explicación no está en el número de melanocitos, prácticamente igual en todas las personas, sino en su actividad. Un mismo tipo celular puede fabricar mucha o poca melanina, producir un tipo u otro (más eumelanina, de tonos oscuros, o más feomelanina, de tonos rojizos y amarillentos), y repartirla de manera más o menos eficiente hacia las células vecinas. Esa combinación de factores, controlada en gran medida por la genética, es la que determina el color final de la piel, del pelo y de los ojos de cada persona. No. La inmensa mayoría de la pigmentación humana es fisiológica: el color natural de la piel, el bronceado estival o el oscurecimiento propio del embarazo no indican, por sí mismos, ningún problema. Solo cuando el cambio es brusco, asimétrico o no encaja con la explicación esperable conviene valorarlo como una posible discromía. Depende del fototipo de cada persona, es decir, de la capacidad de su piel para responder a la radiación ultravioleta. Quienes tienen un fototipo bajo (piel muy clara, tendencia a quemarse) apenas broncean y corren más riesgo de daño solar; quienes tienen un fototipo alto pigmentan con facilidad y toleran mejor la exposición, aunque ninguna piel está libre de ese riesgo.Qué es la pigmentación
Cómo se produce
Clasificación
Qué la regula
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo pigmentación que bronceado?
¿Por qué la piel de cada persona se pigmenta de forma tan distinta?
¿La pigmentación es siempre un signo de enfermedad?
¿Todas las personas se broncean con la misma facilidad?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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