DICCIONARIO MÉDICO
Pelo
El pelo es un filamento de queratina que nace en la piel y recorre casi toda la superficie corporal, salvo las palmas, las plantas y algunas mucosas. Consta de una raíz alojada en el folículo y un tallo visible formado por tres capas concéntricas, y su tipo, grosor y distribución cambian a lo largo de la vida. El pelo es una estructura filamentosa, flexible y de naturaleza córnea que nace en la piel de los mamíferos y crece a partir de un folículo piloso. En el ser humano cubre casi toda la superficie corporal, con la excepción de las palmas de las manos, las plantas de los pies, los labios y algunas mucosas. Se calcula que el cuerpo humano alberga alrededor de cinco millones de folículos pilosos, de los que apenas entre cien mil y ciento cincuenta mil se localizan en el cuero cabelludo. La palabra procede del latín pilus, y este, a su vez, del protoindoeuropeo *pil-. La Real Academia Española lo define como el filamento cilíndrico, delgado, de naturaleza córnea, que nace y crece en la piel de algunos animales, especialmente los mamíferos. En el uso corriente, pelo y cabello se emplean a menudo como sinónimos, aunque con un matiz: cabello suele reservarse para el que crece en la cabeza, mientras que pelo se aplica también al resto del cuerpo, tanto en personas como en animales. Anatómicamente, el pelo se divide en dos segmentos. La raíz queda alojada dentro del folículo, invaginada en la piel, y en su extremo profundo se ensancha para formar el bulbo piloso, la zona donde las células se dividen y donde se incorpora el pigmento. El tallo, en cambio, es la parte visible que sobresale por encima de la superficie cutánea. Está compuesto por células ya muertas y completamente queratinizadas, motivo por el que no puede repararse a sí mismo una vez dañado. En un corte transversal, el tallo revela tres capas concéntricas. La médula ocupa el centro, es blanda y solo está presente en los pelos más gruesos. La corteza la rodea y constituye la mayor parte del peso del pelo, además de alojar los gránulos de melanina responsables de su color. La cutícula, por último, forma la superficie externa: una capa de células planas, incoloras y dispuestas en escamas superpuestas, cuya función es proteger la corteza frente al roce, la luz solar y los productos químicos externos. El pelo está formado, en su mayor parte, por queratina, una proteína fibrosa rica en cisteína, un aminoácido con un átomo de azufre que permite formar puentes disulfuro entre cadenas vecinas. Estos enlaces son los que confieren al pelo su resistencia mecánica y también los que se rompen y se reforman, de manera temporal, con el calor o el agua (lo que explica por qué el pelo puede moldearse y recupera después su forma original). El color depende de la cantidad y el tipo de melanina que produce el melanocito alojado en el bulbo. La eumelanina da tonos castaños y negros. La feomelanina, tonos rojizos y anaranjados. La combinación de ambas, en proporciones distintas, explica la práctica totalidad de los colores de pelo humanos, y con la edad, la actividad de los melanocitos disminuye hasta que el pelo pierde pigmento y encanece. Según su grosor, su pigmentación y el momento de la vida en que aparece, se distinguen tres tipos de pelo. El lanugo es el primero en formarse: fino, largo y sin pigmento, cubre al feto durante buena parte de la gestación y suele desprenderse antes del nacimiento o durante las primeras semanas de vida. El vello lo sustituye después, corto, fino y poco pigmentado, y cubre gran parte de la superficie corporal desde la infancia. El pelo terminal, por último, es grueso, largo y con médula propia; aparece en el cuero cabelludo, las cejas y las pestañas antes de la pubertad y, tras ella, se extiende bajo el influjo hormonal a otras zonas como la barba, las axilas o el pubis. Un mismo folículo puede cambiar de tipo de producción a lo largo de la vida. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando el vello facial de un adolescente se transforma en barba, o cuando un folículo del cuero cabelludo hace el camino inverso y produce vello cada vez más fino, como sucede en la alopecia androgénica. Cada folículo funciona de forma autónoma y atraviesa un ciclo de tres fases que se repite a lo largo de la vida. La fase anágena es la de crecimiento activo y la más prolongada, seguida de una breve fase de transición, la catágena, y de una fase de reposo, la telógena, tras la cual el pelo se desprende y el folículo inicia un nuevo ciclo. En un momento dado, la inmensa mayoría de los folículos del cuero cabelludo se encuentran en fase anágena, mientras que solo una pequeña proporción está en fase telógena. Por eso la caída diaria de entre cincuenta y cien cabellos se considera normal y no se traduce en un adelgazamiento perceptible. El pelo cumple varias funciones que van más allá de lo estético. Contribuye a la regulación de la temperatura corporal, actúa como barrera física frente a la radiación solar y a pequeñas agresiones mecánicas, y en la piel cabelluda protege el cuero cabelludo de las quemaduras solares. También desempeña una función sensorial: las fibras nerviosas que envuelven cada folículo se estimulan cuando el pelo se dobla, lo que permite detectar el contacto y el movimiento incluso antes de que algo toque directamente la piel. Cada folículo lleva asociada, además, una glándula sebácea que lubrica el tallo y contribuye a mantener la barrera cutánea. Ambas formas son correctas y, en muchos contextos, intercambiables. La diferencia de uso es de registro y de zona: cabello se aplica de forma estricta al que crece en la cabeza, y pelo es el término más general, válido para cualquier parte del cuerpo y también para los animales. Alrededor de cinco millones en todo el cuerpo, de los que solo una fracción, entre cien mil y ciento cincuenta mil, corresponde al cuero cabelludo. La cifra exacta varía según el color natural del pelo: las personas rubias tienden a tener una densidad folicular algo mayor que las morenas, y las pelirrojas, algo menor. No en el sentido literal: el tallo que queda por encima de la piel está formado por células muertas y no crece ni se regenera. Lo que crece es el pelo nuevo que produce el folículo desde la raíz, empujando hacia arriba el tallo existente. Son dos procesos independientes, aunque coincidan a menudo en el tiempo. Las canas dependen de los melanocitos: cuando dejan de producir pigmento, el pelo crece sin color. La calvicie depende, en cambio, del propio folículo: en la alopecia androgénica, el folículo se miniaturiza progresivamente hasta producir un pelo cada vez más fino, corto y, finalmente, imperceptible. El primer cambio suele percibirse antes en la sien y en la coronilla, mientras que las canas no siguen ningún patrón espacial predecible. Es posible tener el pelo completamente blanco y conservar una densidad normal, del mismo modo que es posible perder densidad capilar sin que aparezca ni una sola cana. No. El grosor, la longitud, el color y la densidad varían mucho según la zona: el pelo terminal del cuero cabelludo no tiene nada que ver, en términos biológicos, con el vello fino del antebrazo, aunque ambos compartan el mismo origen folicular y la misma composición básica de queratina.Qué es el pelo
Estructura
Composición
Clasificación
Ciclo de crecimiento
Función
Preguntas frecuentes
¿Es correcto decir pelo o debe decirse cabello?
¿Cuántos pelos tiene una persona?
¿El pelo cortado sigue creciendo después de un corte?
¿Por qué canas y calvicie no son lo mismo?
¿Todo el cuerpo tiene el mismo tipo de pelo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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