DICCIONARIO MÉDICO
Alopecia
La alopecia es la pérdida anormal del cabello o del vello corporal, con independencia de su causa, intensidad o localización. Constituye un término clínico general —sinónimo de calvicie en el uso común— que engloba un grupo muy heterogéneo de trastornos clasificados fundamentalmente en dos categorías: las alopecias cicatriciales, que destruyen el folículo piloso de forma irreversible, y las no cicatriciales, potencialmente reversibles. La forma más frecuente es la alopecia androgénica o calvicie común, responsable de alrededor del 95 % de los casos. La alopecia es la pérdida anormal o la rarefacción del cabello en cualquier zona de la piel en la que normalmente exista pelo: el cuero cabelludo en primer lugar, pero también las cejas, las pestañas, la barba, las axilas, el vello corporal o la región genital. Desde el punto de vista médico, el término se reserva para las situaciones en las que la caída de pelo excede el recambio fisiológico normal —una persona pierde habitualmente entre 50 y 100 cabellos al día que son sustituidos por otros nuevos— o en las que el folículo piloso deja de producir pelo nuevo. El sinónimo de uso general es calvicie, aunque este término se emplea sobre todo para la forma más frecuente, la alopecia androgénica del cuero cabelludo. La etimología del término es una de las más pintorescas de la medicina. "Alopecia" procede del griego ἀλωπεκία (alōpekía), derivado a su vez de ἀλώπηξ (alṓpēx), que significa literalmente "zorro" o "zorra". La razón de este nombre se debe a que las zorras mudan el pelaje dos veces al año y con frecuencia presentan calvas parcheadas durante el proceso, un aspecto que recordó a los médicos griegos a las lesiones parcheadas de pérdida de pelo que observaban en sus pacientes. El término está documentado por primera vez en Dioscórides en el siglo I d.C. con este mismo valor clínico, pasó al latín tardío como alopecia y llegó al castellano medieval, donde está recogido ya en textos del siglo XIII (la documentación más antigua conocida en español es de 1250). Es, por tanto, una de las palabras médicas más antiguas que siguen en uso sin cambio semántico. Desde el punto de vista nosológico, la alopecia no es una enfermedad única sino un signo clínico —la ausencia o escasez de pelo— que puede ser la manifestación de trastornos muy distintos: hereditarios, hormonales, autoinmunes, infecciosos, traumáticos, nutricionales, yatrogénicos (por efecto de fármacos o radiación) o secundarios a enfermedades sistémicas. La tarea del dermatólogo ante un paciente con alopecia consiste, precisamente, en identificar cuál de todos estos mecanismos es responsable del cuadro, porque el pronóstico y el abordaje cambian por completo según el tipo. Para entender qué es una alopecia conviene conocer antes el ciclo normal del pelo. Cada cabello nace en una estructura llamada folículo piloso, una pequeña invaginación de la piel que contiene en su base el bulbo piloso, donde las células se dividen y forman la fibra del pelo. En un cuero cabelludo sano hay entre 100.000 y 150.000 folículos pilosos, cada uno con su propio ciclo de vida independiente de los vecinos. Este ciclo atraviesa tres fases sucesivas: Fase anágena o de crecimiento. El pelo crece activamente a razón de aproximadamente un centímetro al mes. Dura entre dos y seis años, y en ella se encuentra alrededor del 85 % de los cabellos del cuero cabelludo en un momento dado. La duración de esta fase determina la longitud máxima que puede alcanzar un cabello. Fase catágena o de transición. Dura solo dos o tres semanas. El folículo detiene su actividad y el bulbo se separa progresivamente de la papila dérmica. Apenas un 1-2 % de los folículos están en esta fase en un momento dado. Fase telógena o de reposo. Dura unos tres meses. El cabello permanece anclado en el folículo mientras este se prepara para iniciar un nuevo ciclo. Al cabo de ese tiempo, el cabello se desprende y es sustituido por uno nuevo. Alrededor del 13-14 % de los folículos se encuentran en esta fase de manera normal, lo que explica la pérdida cotidiana de 50 a 100 cabellos al día. La alopecia, en casi todas sus formas, refleja una alteración de este ciclo: acortamiento de la fase anágena, sincronización anómala del paso a la fase telógena (como en el efluvio telógeno), miniaturización progresiva del folículo (como en la alopecia androgénica) o destrucción completa del folículo con sustitución por tejido cicatricial (como en las alopecias cicatriciales). Conocer qué parte del ciclo está alterada es lo que permite al dermatólogo orientar el diagnóstico. La clasificación fundamental de las alopecias, por su valor pronóstico, es la que distingue entre alopecias no cicatriciales y cicatriciales. El criterio es anatomopatológico: si el folículo piloso permanece intacto o si ha sido destruido por algún mecanismo. En las alopecias no cicatriciales, que constituyen la inmensa mayoría de los casos, el folículo piloso sigue presente y vivo en la piel, aunque haya dejado de producir pelo o esté produciendo un pelo más corto y fino. Esto significa que la pérdida es potencialmente reversible: si se consigue resolver la causa subyacente (corregir un déficit nutricional, retirar un fármaco responsable, controlar un proceso autoinmune, modular el estímulo hormonal), el folículo puede volver a producir pelo normal. Dentro de este grupo están las formas más comunes: la alopecia androgénica o calvicie común, la alopecia areata, el efluvio telógeno y algunas tiñas del cuero cabelludo. En las alopecias cicatriciales, en cambio, el folículo piloso ha sido destruido por algún mecanismo —inflamatorio, infeccioso, traumático, tumoral o quirúrgico— y sustituido por tejido fibroso cicatricial. La pérdida de pelo en estas zonas es irreversible: el folículo ya no existe, y por muy eficaz que sea un tratamiento posterior, el pelo no volverá a crecer en esa zona. Las causas incluyen enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso discoide o el liquen plano pilar, la alopecia frontal fibrosante (cada vez más reconocida), infecciones graves como el querion de Celso, traumatismos severos, quemaduras, radioterapia o tumores. Una característica importante es que algunas enfermedades del cuero cabelludo empiezan como alopecia no cicatricial y, si no se tratan a tiempo, evolucionan hacia la forma cicatricial, lo que refuerza la importancia del diagnóstico precoz. Alopecia androgénica (calvicie común). Es la forma más frecuente con diferencia: responsable de alrededor del 95 % de todas las alopecias. Se estima que, a los 50 años, la presenta con mayor o menor intensidad el 55 % de los hombres y en torno al 10 % de las mujeres de raza blanca. Se debe a la acción de los andrógenos —las hormonas sexuales masculinas, presentes en ambos sexos— sobre folículos pilosos genéticamente predispuestos, que van miniaturizándose de forma progresiva hasta dejar de producir pelo visible. La herencia es poligénica y compleja. Presenta dos patrones clínicos distintos: el masculino, con retroceso de la línea de implantación frontal ("entradas") y afectación de la coronilla, y el femenino, con aclaramiento difuso del cuero cabelludo que respeta la línea de implantación anterior. Alopecia areata. Es un proceso autoinmune en el que el sistema inmunitario ataca a los propios folículos pilosos, sin destruirlos. Clínicamente se manifiesta por la aparición brusca de placas redondeadas y bien delimitadas de pérdida de pelo, habitualmente en el cuero cabelludo, aunque puede afectar también a la barba, las cejas, las pestañas u otras zonas. Los folículos no se destruyen, por lo que el pelo puede volver a crecer, aunque las recidivas son frecuentes. Afecta aproximadamente a entre el 1,5 % y el 2 % de la población a lo largo de la vida, sin diferencias apreciables entre sexos ni etnias, y constituye alrededor del 2 % de las consultas dermatológicas. Cuando la afectación se extiende a todo el cuero cabelludo se denomina alopecia totalis; si llega a afectar a todo el vello del cuerpo, alopecia universalis. Una variante característica con forma de banda occipito-temporal se denomina ofiasis. Efluvio telógeno. Es una caída difusa, aguda o crónica, de cabellos en fase de reposo. Se produce típicamente entre dos y cuatro meses después de un factor desencadenante sistémico: un parto, una enfermedad grave, una cirugía, un proceso febril prolongado, una pérdida brusca de peso, un fármaco o un estrés emocional intenso. El paciente observa una caída llamativa de cabellos con el peinado o en la ducha, pero la densidad capilar global se mantiene porque el folículo sigue intacto y reanuda su actividad. Es reversible y casi nunca requiere tratamiento específico: la identificación del factor desencadenante y su corrección son el abordaje principal. Alopecias cicatriciales. Grupo heterogéneo que incluye el lupus eritematoso discoide, el liquen plano pilar, la alopecia frontal fibrosante (una entidad cada vez más reconocida, especialmente en mujeres postmenopáusicas), la pseudopelada de Brocq, la alopecia cicatricial central centrífuga y las secundarias a infecciones, traumatismos, quemaduras o radioterapia. En todas ellas el folículo queda destruido y la pérdida es irreversible. La biopsia del cuero cabelludo suele ser necesaria para el diagnóstico. Otras formas. Incluyen las alopecias traumáticas (por tracción repetida, como en algunos peinados tensos, o por tricotilomanía, en la que el propio paciente se arranca el pelo de forma compulsiva), las alopecias por déficits nutricionales (ferropenia, proteínas, zinc, vitamina D), las asociadas a endocrinopatías (tiroides), las yatrogénicas (quimioterapia, radioterapia, fármacos como anticoagulantes, betabloqueantes, retinoides o litio) y las debidas a enfermedades sistémicas (lupus eritematoso sistémico, sífilis secundaria, hipotiroidismo). Conviene distinguir la alopecia de otros procesos que pueden producir cuadros parecidos o confundirse con ella. El envejecimiento capilar fisiológico produce un afinamiento global del cabello con el paso de los años (a veces denominado "alopecia involutiva") y no representa una enfermedad. La tricotilomanía es un trastorno de control de impulsos en el que la persona arranca su propio cabello de forma repetida; produce una alopecia característica por zonas irregulares y de bordes quebrados, pero el mecanismo es conductual, no biológico. El hirsutismo es el extremo opuesto: la presencia de vello con distribución masculina en mujeres, y aunque coexiste a veces con alopecia androgénica femenina, es un problema diferente. Y el efluvio anágeno, que se observa característicamente con la quimioterapia, es una pérdida brusca de pelos en fase de crecimiento por el bloqueo directo de la mitosis del folículo; a diferencia del efluvio telógeno, aparece en días en lugar de meses. Esta entrada del diccionario describe el concepto de alopecia desde el punto de vista definitorio y etimológico. Si busca información detallada sobre causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento de la alopecia, consulte la ficha clínica completa en el Departamento de Dermatología de la Clínica Universidad de Navarra: Si desea profundizar en conceptos asociados a la alopecia o consultar entradas dedicadas a subtipos y entidades relacionadas, puede acceder a las siguientes definiciones del Diccionario médico: Procede del griego ἀλώπηξ (alōpex), que significa "zorra". Los médicos griegos acuñaron el término porque las zorras mudan el pelo dos veces al año y suelen presentar calvas parcheadas durante el proceso, un aspecto que les recordaba a las lesiones de pérdida de pelo que observaban en sus pacientes. El uso clínico de la palabra está documentado ya en Dioscórides en el siglo I d.C., y en castellano se encuentra recogido desde el siglo XIII. Es una de las voces médicas más antiguas que siguen en uso con el mismo significado. Entre 50 y 100 cabellos al día se consideran dentro del rango normal. Esta cifra corresponde al porcentaje de folículos que, en un momento dado, están en fase telógena (de reposo) del ciclo del pelo, que después son sustituidos por pelos nuevos. Observar cabellos en el lavabo, en la almohada o en el peine no indica por sí solo una alopecia. Lo preocupante es notar una disminución progresiva de la densidad capilar, ver el cuero cabelludo a través del pelo o apreciar zonas concretas donde el pelo ha dejado de crecer. En el uso común se emplean como sinónimos, y en muchos contextos clínicos también. Sin embargo, "alopecia" es un término médico general que engloba cualquier pérdida anormal del pelo —del cuero cabelludo, de la barba, de las pestañas o de cualquier otra zona—, mientras que "calvicie" se usa sobre todo para referirse a la alopecia androgénica del cuero cabelludo, la forma más frecuente. Dicho de otra manera: toda calvicie común es una alopecia, pero no toda alopecia es calvicie. No. La distinción fundamental entre alopecias cicatriciales (irreversibles, porque el folículo piloso ha sido destruido) y alopecias no cicatriciales (potencialmente reversibles, porque el folículo sigue vivo) es precisamente uno de los criterios pronósticos más importantes. La inmensa mayoría de las alopecias son no cicatriciales. Formas como el efluvio telógeno, algunas alopecias areatas y buena parte de los cuadros asociados a déficits nutricionales o a fármacos pueden recuperarse completamente si se trata la causa subyacente. No. La alopecia androgénica es la forma más frecuente de pérdida de cabello en ambos sexos, aunque el patrón clínico es distinto. En el hombre produce el retroceso característico de la línea de implantación frontal y la afectación de la coronilla ("entradas" y "tonsura"). En la mujer, en cambio, se manifiesta como un aclaramiento difuso del cuero cabelludo que respeta la línea anterior y rara vez llega a producir zonas de calvicie total. © Clínica Universidad de Navarra 2026
Qué es la alopeciaEl ciclo del pelo: contexto fisiológico
Clasificación: alopecias cicatriciales y no cicatriciales
Tipos principales de alopecia
Diferenciación con entidades relacionadas
Información clínica relacionada en CUN
Entradas relacionadas en el diccionario
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el origen de la palabra "alopecia"?
¿Cuántos cabellos es normal perder al día?
¿Es lo mismo alopecia que calvicie?
¿Todas las alopecias son irreversibles?
¿La alopecia androgénica afecta solo a los hombres?
Referencias