DICCIONARIO MÉDICO
Parálisis
La parálisis es la pérdida de la capacidad de contraer voluntariamente uno o varios músculos, causada por una lesión en cualquier punto de la vía que lleva la orden motora desde la corteza cerebral hasta la fibra muscular. No es una enfermedad en sí misma, sino la expresión de un daño en el sistema nervioso central, el periférico o la propia musculatura. Se clasifica según la extensión corporal afectada, el tono muscular resultante y el nivel de la lesión, y se distingue de la paresia, en la que la fuerza disminuye pero no llega a desaparecer. El término procede del griego παράλυσις (parálysis), formado por el prefijo pará, junto a o al margen de, y el sustantivo lýsis, soltura o disolución, derivado del verbo lýein, aflojar o desatar. En origen no designaba ninguna enfermedad: expresaba sencillamente la acción de soltar o relajar. Fue Teofrasto, en el siglo IV antes de Cristo, quien lo empleó por primera vez con el sentido de una relajación patológica de los nervios que impide el movimiento, y Galeno consolidó después ese uso entre los médicos griegos. El latín tardío tomó el vocablo tal cual, paralysis, y de ahí pasó al castellano medieval con numerosas variantes, entre ellas paralisi, documentada ya en 1247. Perlesía, su doblete popular, convivió con la forma culta durante siglos: aparece registrada en 1348 y la Real Academia Española sigue recogiéndola hoy con idéntico significado, junto a un derivado curioso, perlático, quien la padece. El significado apenas ha cambiado. Desde el punto de vista médico, la parálisis no constituye una entidad nosológica propia, sino un signo compartido por decenas de trastornos distintos que tienen en común un mismo desenlace: la interrupción de la orden motora en algún tramo de su recorrido. La orden de mover un músculo nace en la corteza motora primaria, situada en la circunvolución precentral del lóbulo frontal. Desde allí parten los axones de la primera motoneurona, que forman la vía piramidal o corticoespinal, atraviesan la cápsula interna y el tronco del encéfalo, y se decusan (cruzan al lado opuesto) a la altura de las pirámides bulbares. Ya en la médula espinal establecen sinapsis con la segunda motoneurona, alojada en el asta anterior, cuyo axón sale por la raíz nerviosa correspondiente, recorre el plexo y el nervio periférico y termina en la placa motora, el punto de contacto con la fibra muscular. Cuando la lesión se sitúa en cualquier tramo de este circuito, la señal se interrumpe y aparece la parálisis, pero el punto exacto donde se rompe la cadena deja una huella clínica distinta según el caso. Cuando el daño afecta a la primera motoneurona, el músculo paralizado tiende, superada la fase aguda, a la rigidez: aparecen espasticidad, reflejos exaltados y el signo de Babinski. Si la lesión recae sobre la segunda motoneurona, el nervio periférico o la unión neuromuscular, el resultado es el contrario: flacidez, reflejos abolidos y, con el tiempo, atrofia del músculo por falta de estímulo. Esta distinción orienta al clínico hacia el nivel de la lesión antes incluso de solicitar cualquier prueba. La extensión de la parálisis da nombre a buena parte de los términos que maneja la neurología. Si afecta a un único miembro se habla de monoplejía; si compromete el brazo y la pierna de un mismo lado, de hemiplejía. Cuando son las dos piernas las paralizadas, el término es paraplejía, y si están afectadas las cuatro extremidades, tetraplejía. Cada patrón orienta hacia una causa distinta. El tono muscular resultante añade una segunda capa de clasificación, independiente de la primera. Una lesión de la vía piramidal por encima del asta anterior suele generar, pasada la fase aguda, una parálisis espástica, con los músculos rígidos y los reflejos exaltados; cuando el daño recae sobre la segunda motoneurona, el nervio periférico o el propio músculo, aparece en cambio una parálisis flácida, con tono disminuido y reflejos abolidos. Por el nivel de la lesión dentro del sistema nervioso, se distingue entre parálisis central, originada en el encéfalo o la médula espinal, y parálisis periférica, que nace en las raíces, los plexos o los nervios que salen de ella. Algunos cuadros llevan nombre propio dentro de esta clasificación: la parálisis de Bell, periférica y facial, o la parálisis de Erb, periférica y limitada al plexo braquial superior del recién nacido. El sufijo -plejía indica pérdida completa de la contracción muscular; el sufijo -paresia, una debilidad parcial en la que el músculo conserva algo de fuerza. La frontera entre ambos términos no siempre es nítida en la práctica, porque una misma lesión puede desplazarse de una categoría a otra según el paciente mejora o empeora. La distinción se desarrolla con más detalle en la entrada dedicada a la paresia. La magnitud del problema, sumando todas sus causas posibles, es considerable. Una encuesta de la Christopher & Dana Reeve Foundation en Estados Unidos, publicada en 2013, estimó que casi una de cada 50 personas vive con algún grado de parálisis, unos 5,4 millones de personas solo en ese país. El ictus, las lesiones traumáticas de la médula espinal y las enfermedades neuromusculares encabezan hoy las causas, muy por delante de la poliomielitis, que dominó las estadísticas hasta mediados del siglo XX y que la vacunación ha dejado prácticamente erradicada en la mayor parte del mundo. Del griego antiguo. Teofrasto, en el siglo IV antes de Cristo, fue el primero en usar parálysis para describir la pérdida de movimiento por afectación nerviosa, y el término llegó al latín médico hacia el siglo I después de Cristo casi sin cambios. Sí. Perlesía es la forma popular castellana del mismo término médico, documentada ya en 1348 y todavía recogida por la Real Academia Española junto a parálisis, con idéntico significado. La paresia es una parálisis incompleta: el músculo pierde fuerza pero conserva algo de movimiento voluntario, mientras que en la parálisis propiamente dicha la contracción resulta imposible. Ambos términos comparten origen semántico y con frecuencia describen fases distintas de un mismo proceso. Depende por completo de la naturaleza de la lesión subyacente. Cuando la interrupción de la señal nerviosa se debe a una compresión, una inflamación o una alteración metabólica reversible, el nervio puede recuperar su función en semanas o meses, como ocurre en algunos casos de parálisis periférica. Si, en cambio, el axón se ha seccionado o el cuerpo de la motoneurona ha muerto, la regeneración es limitada o inexistente, sobre todo en el sistema nervioso central, donde la capacidad de reparación es mucho menor que en los nervios periféricos. El tipo de lesión decide el desenlace, no la palabra que la nombra. El ictus encabeza las estadísticas en la población adulta, seguido de los traumatismos medulares y de las enfermedades neuromusculares. La poliomielitis, causa dominante hasta mediados del siglo XX, apenas se registra hoy en los países con cobertura vacunal amplia.Qué es la parálisis
El recorrido de la orden motora
Clasificación
Parálisis y paresia, una distinción de grado
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra parálisis?
¿Es lo mismo la parálisis que la perlesía?
¿En qué se diferencia la parálisis de la paresia?
¿Puede recuperarse el movimiento perdido?
¿Qué causas son más frecuentes?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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