DICCIONARIO MÉDICO
Parálisis flácida
La parálisis flácida es el patrón de pérdida del control motor voluntario en el que el músculo pierde su tono en lugar de exagerarlo. El miembro cuelga, no ofrece resistencia al movimiento pasivo y los reflejos tendinosos están debilitados o ausentes. Es el segundo de los dos grandes patrones en que la neurología clásica divide la parálisis, opuesto al espástico, y su presencia obliga a pensar en una lesión de la motoneurona inferior, del nervio periférico, de la unión neuromuscular o del propio músculo, aunque también puede ser la fase inicial de una lesión mucho más alta. Flácido llega al castellano desde el latín flaccidus, derivado del adjetivo flaccus, blando, colgante, de poca consistencia. El Diccionario panhispánico de dudas prefiere hoy la forma simplificada flácido a la etimológica fláccido, aunque ambas se consideran válidas. La raíz tuvo cierta popularidad como apodo en el latín clásico: el poeta Horacio, autor de las Odas, se llamaba en realidad Quintus Horatius Flaccus, y algunos autores relacionan el cognomen con una constitución física poco robusta. Clínicamente, la parálisis flácida se define por lo que falta: tono muscular, reflejos y, con el tiempo, masa muscular. Es la contrapartida exacta de la espasticidad, y de hecho ambos patrones se explican observando el mismo circuito, el arco reflejo miotático, desde dos extremos opuestos. En la espástica ese arco queda hiperactivo por falta de freno. En la flácida, sencillamente deja de responder. La motoneurona inferior, situada en el asta anterior de la médula o en los núcleos motores del tronco encefálico, constituye la vía final común: el último eslabón entre el sistema nervioso y el músculo. Cuando se lesiona, ya sea en el propio cuerpo neuronal, en la raíz, en el nervio periférico o en la unión neuromuscular, el músculo pierde la señal que lo mantiene mínimamente activo incluso en reposo. Sin esa señal, el tono desaparece. Mientras la lesión de la primera motoneurona quita el freno y deja el circuito hiperactivo, la de la segunda apaga directamente el motor. Por eso los signos son de pérdida pura: hipotonía, arreflexia, y con las semanas, atrofia muscular por denervación. Pueden aparecer también fasciculaciones, contracciones visibles e involuntarias de pequeños grupos de fibras, que reflejan la actividad espontánea y desordenada de una motoneurona que agoniza antes de dejar de funcionar del todo. El signo de Babinski, tan característico de la lesión piramidal, está aquí ausente. No toda parálisis flácida nace de una lesión de motoneurona inferior. Tras una lesión medular completa y grave, por muy alta y central que sea, el segmento situado por debajo queda inicialmente flácido y arrefléxico, en lo que se conoce como choque espinal. Durante esa fase nada garantiza que la función no vaya a recuperarse: el pronóstico queda en suspenso hasta que el cuadro evoluciona. Si la lesión es incompleta, la actividad refleja regresa y suele instaurarse la espasticidad. Si la lesión afecta al cono medular o a la cola de caballo, en cambio, la parálisis flácida se mantiene de forma permanente, porque ahí ya no hay primera motoneurona que recuperar: la lesión es, desde el principio, de motoneurona inferior. La aparición súbita de una parálisis flácida en un niño tiene, además de su interés clínico, un valor de alarma sanitaria: es el signo guía de la poliomielitis, aunque hoy la mayoría de los casos se deban a otras causas, como el síndrome de Guillain-Barré o infecciones por enterovirus. Por eso España mantiene, desde 1998, un sistema de vigilancia de la parálisis flácida aguda en menores de 15 años, que le permitió obtener en 2002 el certificado de interrupción de la transmisión de poliovirus en la región europea. La Organización Mundial de la Salud estima que este síndrome afecta cada año a uno de cada 100.000 niños menores de 15 años en el mundo, con independencia de su causa concreta. Conviene no confundir la vigilancia de un síndrome con el diagnóstico de una enfermedad. La parálisis flácida aguda es una definición operativa que agrupa entidades muy distintas entre sí (víricas, autoinmunes, tóxicas) precisamente para no dejar escapar ningún caso de polio mientras dure la vigilancia mundial. Con la parálisis espástica, la diferencia está en el tono y en los reflejos: elevados en un caso, abolidos en el otro. Con la parálisis central, la relación es más matizada, porque una lesión central puede manifestarse como flácida durante su fase aguda y volverse espástica después. Lo flácido no equivale, por tanto, a periférico, del mismo modo que lo espástico no equivale siempre a central: son ejes clínicos distintos que, en la práctica, suelen cruzarse. Por sencillez gráfica y de pronunciación. El Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española recoge ambas formas como válidas, ya que fláccido conserva la doble c etimológica del latín flaccidus, pero recomienda flácido por resultar más simple de escribir y de articular. Lo mismo ocurre con flacidez y flaccidez. No. La paresia es la pérdida parcial de fuerza, con el tono conservado o solo levemente reducido. La parálisis flácida implica, además, la caída del tono y, casi siempre, de los reflejos. Un paciente puede tener paresia sin ningún grado de flacidez, sobre todo en fases muy iniciales de una enfermedad neuromuscular. Porque es el grupo de edad en el que la poliomielitis paralítica es más frecuente cuando circula el virus, y porque así lo estableció la Organización Mundial de la Salud en 1988, al aprobar la iniciativa mundial para la erradicación de la polio. Vigilar la parálisis flácida aguda en ese grupo, sea cual sea su causa final, funciona como un centinela: cualquier repunte inesperado obliga a descartar primero el poliovirus. Depende de si la motoneurona ha muerto o solo ha dejado de transmitir la señal de forma temporal. En un choque espinal o en muchas neuropatías desmielinizantes, la función puede recuperarse por completo. Cuando el propio cuerpo de la motoneurona degenera, como en la poliomielitis paralítica grave, la pérdida suele ser definitiva.Qué es la parálisis flácida
El mecanismo: qué falla en el arco reflejo
El choque espinal: cuándo lo flácido no significa lesión periférica
La vigilancia epidemiológica de la parálisis flácida aguda
Diferenciación con la parálisis espástica y con la parálisis central
Preguntas frecuentes
¿Por qué se prefiere escribir flácida y no fláccida?
¿Es lo mismo la parálisis flácida que la debilidad muscular?
¿Por qué la vigilancia de la parálisis flácida aguda se centra en los menores de 15 años?
¿La parálisis flácida siempre es reversible?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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