DICCIONARIO MÉDICO
Ortomixovirus
Los ortomixovirus forman la familia Orthomyxoviridae, un grupo de virus con envoltura cuyo material genético es ARN de cadena sencilla y polaridad negativa, repartido en varios fragmentos independientes en lugar de en una sola molécula. Esa peculiaridad, la de llevar el genoma troceado, explica buena parte de su comportamiento: permite que dos virus distintos que coinciden en una misma célula intercambien piezas y den lugar a una combinación nueva. A esta familia pertenecen los virus de la gripe humana. Orthomyxoviridae Ortomixovirus Tipo: virus Estructura: ARN monocatenario de polaridad negativa y segmentado, con envoltura, familia Orthomyxoviridae Transmisión: respiratoria, por gotas y aerosoles Reservorio: aves acuáticas silvestres (tipo A), humano (tipos B y C), ganado bovino y porcino (tipo D) Patogenicidad: primario Se trata de una familia de virus ARN que la taxonomía vírica reconoce hoy con nueve géneros. Cuatro de ellos agrupan a los virus gripales propiamente dichos: Alphainfluenzavirus, Betainfluenzavirus, Gammainfluenzavirus y Deltainfluenzavirus, que corresponden a los tipos A, B, C y D del virus influenza. Los cinco restantes reúnen virus de peces, de garrapatas y de aves que no infectan al ser humano o lo hacen de forma anecdótica. El nombre mezcla dos raíces griegas: ὀρθός (orthós), recto o correcto, y μύξα (mýxa), moco. La segunda alude a la afinidad de estos virus por las mucinas, las glucoproteínas del moco respiratorio a las que se adhieren gracias a los residuos de ácido siálico que estas contienen. El prefijo orto se añadió después, para separar a este grupo de otro que compartía la misma apetencia por el moco pero difería en su organización interna. Aquella separación tiene fecha de origen. En 1955, Christopher Andrewes, Frederik Bang y Frank Macfarlane Burnet publicaron una descripción del que llamaron grupo de los mixovirus, en el que cabían la gripe, la parotiditis, el sarampión y los virus parainfluenza. El conjunto resultó heterogéneo y acabó partiéndose en dos: los virus gripales quedaron como ortomixovirus y el resto pasó a formar los paramixovirus. La denominación antigua, mixovirus, sigue apareciendo en los textos previos a esa reordenación, que la nomenclatura vírica ratificó en 1975. El virión mide entre 80 y 120 nanómetros. Su forma no es constante: puede ser aproximadamente esférico o alargarse hasta convertirse en un filamento de varias micras, algo que se observa sobre todo en aislamientos recientes de muestras clínicas. Por fuera lo rodea una envoltura derivada de la membrana de la célula infectada, erizada de dos tipos de espículas. Dentro, cada segmento de ARN va envuelto en nucleoproteína formando una cápside helicoidal flexible. Las espículas son la hemaglutinina y la neuraminidasa, las dos proteínas que dan nombre a los subtipos H y N. La hemaglutinina se une al ácido siálico de la superficie celular y abre la puerta de entrada; recibe ese nombre porque en el laboratorio aglutina glóbulos rojos, una propiedad que durante décadas sirvió para detectar y titular estos virus. La neuraminidasa hace lo contrario: corta el ácido siálico y libera las partículas nuevas para que no queden pegadas a la célula de la que acaban de salir. Hay un rasgo que separa a los ortomixovirus de casi todos los demás virus ARN. Su multiplicación no ocurre en el citoplasma, sino en el núcleo de la célula, adonde viajan los segmentos genómicos. Allí la polimerasa viral roba el extremo protegido de los ARN mensajeros de la propia célula y lo emplea como cebador para fabricar los suyos, un mecanismo que la literatura describe con el nombre inglés de cap snatching. El depósito natural del tipo A son las aves acuáticas silvestres, sobre todo anátidas y limícolas, que albergan la práctica totalidad de las combinaciones conocidas de hemaglutinina y neuraminidasa sin enfermar de gravedad. Desde ahí el virus salta ocasionalmente a aves de corral, cerdos, caballos o mamíferos marinos, y en ese trasiego entre especies se producen los reordenamientos que dan lugar a variantes nuevas. Los tipos B y C circulan casi solo entre personas; el D se ha aislado sobre todo en ganado bovino. Entre humanos la vía es respiratoria: gotas expulsadas al toser, estornudar o hablar, y aerosoles de partículas más pequeñas que permanecen suspendidas. El contacto con superficies contaminadas y el posterior traslado a la nariz o los ojos supone una vía secundaria. La distribución de la epidemia es estacional en las zonas templadas y bastante más irregular en el trópico. En el ser humano, los ortomixovirus causan la gripe. Los tipos A y B sostienen las epidemias anuales, y solo el A ha llegado a originar pandemias: la más reciente, en 2009, la protagonizó una variante H1N1 de origen porcino que terminó popularizándose con el nombre de gripe A. Los saltos desde aves de corral suelen quedarse en casos aislados de gripe aviar, sin transmisión sostenida de persona a persona. El tipo C produce infecciones respiratorias leves, casi siempre en niños, y no se le atribuye la enfermedad gripal característica. Dos mecanismos distintos explican que la antigenicidad de estos virus cambie sin descanso. Uno es la deriva antigénica: la acumulación de mutaciones puntuales en la hemaglutinina y la neuraminidasa, que va modificando poco a poco esas proteínas hasta que los anticuerpos de años anteriores dejan de reconocerlas bien. El otro es el cambio antigénico, mucho más brusco y exclusivo del tipo A: cuando dos virus infectan la misma célula, sus segmentos se barajan y puede salir un virus con una hemaglutinina completamente nueva para la población humana. Se conocen 18 subtipos de hemaglutinina y 11 de neuraminidasa. Comparten la envoltura, la polaridad negativa del genoma y la vía respiratoria, y por eso durante años se les consideró parientes cercanos. La diferencia decisiva está en el genoma: el de los ortomixovirus viene troceado, el de los paramixovirus consiste en una sola molécula continua. Casi todo lo demás se sigue de ahí. Sin segmentos no hay reordenamiento posible, de modo que el sarampión o la parotiditis no experimentan cambios antigénicos bruscos y sus vacunas conservan la misma composición durante décadas. Los paramixovirus, además, se multiplican en el citoplasma y no en el núcleo. Por su afinidad por el moco. Mýxa es moco en griego, y estos virus se fijan al ácido siálico de las mucinas respiratorias. El prefijo orthós, recto o correcto, se incorporó al dividirse el antiguo grupo de los mixovirus, para distinguir a los virus gripales de los que se agruparon como paramixovirus. No exactamente. Todos los virus gripales son ortomixovirus, pero la familia incluye además géneros que infectan a salmones, a garrapatas o a aves silvestres y que no tienen relación con la gripe humana. En la práctica clínica, sin embargo, ambos términos se usan como equivalentes. Identifican el subtipo de las dos proteínas de la envoltura: H por hemaglutinina y N por neuraminidasa. Se han descrito 18 variantes de la primera y 11 de la segunda, aunque solo unas pocas combinaciones circulan de forma habitual entre personas. El número que acompaña a cada letra no indica gravedad ni antigüedad: es simplemente el orden en que se fueron describiendo. En 1933, en Londres, cuando Wilson Smith, Christopher Andrewes y Patrick Laidlaw consiguieron transmitir la gripe a hurones inoculados con lavados nasales de enfermos. El tipo B se aisló en 1936. Para situar a los ortomixovirus entre los demás grupos víricos, puede consultar:Qué son los ortomixovirus
Cómo son y cómo se identifican
Dónde viven y cómo se transmiten
Qué enfermedades producen
Ortomixovirus y paramixovirus
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llaman ortomixovirus?
¿Ortomixovirus y virus de la gripe son sinónimos?
¿Qué significan la H y la N de nombres como H1N1?
¿Cuándo se identificó el primero?
Referencias
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