DICCIONARIO MÉDICO
Laxitud
La laxitud es la cualidad de lo laxo: el grado de distensibilidad o elasticidad que presentan los tejidos conectivos del cuerpo, sobre todo los ligamentos, las cápsulas articulares, los tendones y la piel. En el lenguaje clínico suele referirse a la amplitud de movimiento que permite una articulación. Hablar de laxitud es medir cuánto ceden los tejidos de sostén cuando se los somete a tracción. Un ligamento con laxitud alta se estira con facilidad y devuelve una articulación más móvil; uno con laxitud baja mantiene los huesos más sujetos y limita el recorrido. La palabra viene del latín laxĭtas, el sustantivo abstracto que el idioma formó sobre el adjetivo laxus para nombrar precisamente esa cualidad, la de lo suelto o flojo. En el fondo, lo que se está describiendo es una propiedad del material biológico. El colágeno aporta resistencia a la tracción y la elastina confiere la capacidad de recuperar la forma tras el estiramiento. La proporción y la disposición de ambas proteínas en cada tejido marcan hasta qué punto ese tejido es rígido o distensible. La laxitud es, en última instancia, la traducción macroscópica de esa arquitectura microscópica. Aquí conviene un matiz que se pasa por alto con frecuencia. La laxitud no es en sí misma una patología. Es un rasgo físico que varía de una persona a otra según la genética, la edad, el sexo y el estado hormonal. Los niños son más laxos que los adultos, y esa laxitud disminuye con los años. Cierto margen resulta necesario: sin él, ninguna articulación podría desplegar su recorrido normal. El problema aparece solo cuando el grado es desproporcionado y se acompaña de molestias. Entonces se habla de hiperlaxitud, que este diccionario trata como entrada aparte. Muchas personas hiperlaxas viven sin queja alguna, porque una buena musculatura estabilizadora compensa lo que los ligamentos dejan suelto. La distinción tiene consecuencias prácticas. La laxitud es una propiedad del tejido: cuánto se estira el ligamento. La inestabilidad es una consecuencia funcional: la sensación de que la articulación falla o se sale de sitio. No siempre van juntas. Puede haber laxitud sin inestabilidad si los músculos compensan, y puede haber inestabilidad sin una laxitud aumentada cuando existe un déficit de control neuromuscular. Para cuantificar la laxitud articular, la exploración recurre a maniobras estandarizadas como el test de Beighton, que puntúa la movilidad de varias articulaciones. No. Un grado moderado es normal y hasta conveniente, porque permite el movimiento articular. Solo cuando es excesiva y produce síntomas como dolor o esguinces repetidos merece valoración médica. La laxitud es el concepto general, el grado de distensibilidad que todos tenemos en mayor o menor medida. La hiperlaxitud es su extremo: un grado marcadamente superior al habitual, que en ocasiones se asocia a dolor articular y lesiones. Toda hiperlaxitud es laxitud, pero no toda laxitud llega a ser hiperlaxitud. Porque la composición del tejido conectivo tiene una base en buena parte hereditaria. Las variantes en los genes que codifican el colágeno y otras proteínas de la matriz determinan cuánto ceden los ligamentos. A ello se suman la edad, que rigidiza los tejidos, y factores hormonales: el embarazo, por ejemplo, aumenta transitoriamente la laxitud ligamentosa para facilitar el parto.Qué es la laxitud
Una propiedad, no una enfermedad
Laxitud e inestabilidad no son lo mismo
Preguntas frecuentes
¿La laxitud es siempre un problema?
¿En qué se diferencia de la hiperlaxitud?
¿Por qué unas personas son más laxas que otras?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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